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Miércoles 19 de Junio 2013

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De la guerra y la paz

Mayo 3 de 2012 - 10:23 pm



La humanidad tuvo que esperar hasta el siglo XX, un periodo marcado por la guerra –cuyas secuelas permanecen incrustadas en el ser de varias naciones e individuos– para que hubiese un reconocimiento formal de que la paz es un derecho humano.

Uso el concepto formal, porque el paso que se dio con la resolución 39/11 del 12 de noviembre de 1984, donde la Asamblea General de las Naciones Unidas “proclama solemnemente que los pueblos de nuestro planeta tienen el derecho sagrado a la paz”, es un avance en papel y en el discurso que no se ha traducido en una existencia sustantiva.

Esta afirmación no niega la importancia del reconocimiento internacional de este derecho; finalmente, fue el producto de la conciencia sobre la realidad de la guerra, y tanto en el presente como para el futuro, algunas acciones se evitaran invocando el derecho a la paz.

En vista del desarrollo humano, para saber dónde estamos y qué debemos hacer, es esencial tener en cuenta la premisa de que la paz, más que un derecho, es la posibilidad de la existencia del ejercicio efectivo de los demás derechos.

En la ausencia de la paz, en la guerra, los individuos están sometidos a tres ataques contra sus derechos: falta de garantías, violaciones y la angustia moral por futuras violaciones.

También, hay que contar con lo que dicen las estadísticas: en el Informe sobre el Desarrollo Humano 2011, del Banco Mundial, se ha mostrado que: “miles de personas viven en países afectados por los ciclos repetidos de violencia política y criminal, que causan miseria humana y obstaculizan el desarrollo”. Un apunte interesante es que “por cada tres años de grandes episodios de violencia –caídos en combate o sobremortalidad por homicidios equivalente a una gran guerra– en un país, la reducción de la pobreza se retrasa un 2,7%”, también, “en los países que experimentan prolongada violencia, las tasas de pobreza son, en promedio, 20 puntos porcentuales más altas”.

Por el contrario, se han encontrado casos en los que hay una relación entre seguridad y desarrollo.

“Etiopía cuadruplicó el acceso a servicios mejorados de abastecimiento de agua: del 13% de la población en 1990 pasó al 66% en 2009-10; Mozambique multiplicó por más de tres su tasa de terminación de estudios primarios en solo ocho años, del 14% en 1999 al 46% en el 2007; Ruanda redujo la prevalencia de la desnutrición del 56% en 1997 al 40% en el 2005; entre 1995 y el 2007 Bosnia-Herzegovina elevó la cobertura de inmunización contra el sarampión del 53% al 96% de los niños de 12 a 23 meses de edad”.

Es una verdad que la guerra y la paz integran un binomio de oposición plena, donde existe una no se encuentra la otra, pero es evidente también que los gobiernos y organismos internacionales, no pueden aspirar al progreso sostenido y a los Objetivos del Milenio sin una honesta y objetiva política pacifista.

Ricardo Rojas Parra

Economista - Profesor universitario

riropa@gmail.com

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