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Por primera vez, la elección del próximo presidente del Banco Mundial (BM) debería ser un proceso de meritocracia en el que se seleccione al mejor de varios candidatos y no automáticamente al propuesto por Estados Unidos, país que por más de 60 años se repartió con los europeos el control de las dos principales entidades financieras internacionales: el Fondo Monetario para los europeos y el BM para los gringos.
Ese pacto ya no está vigente y hoy, cualquier país puede aspirar a dirigir esas instituciones.
Si se respetaran las reglas establecidas para esta elección, el nuevo dirigente del BM sería un colombiano, el exministro Jose Antonio Ocampo, quien sin lugar a dudas es el mejor de los tres candidatos, aunque el gobierno colombiano haya sido tan mezquino y miope para no apoyar la nominación que hizo un grupo de 11 países emergentes.
Pero en la realidad, la selección no será por meritocracia pues hay muchos intereses políticos e ideológicos en juego.
El trasfondo ideológico de la elección se ha planteado sobretodo entre los dos candidatos de los países emergentes, el colombiano Ocampo y la nigeriana Ngozi Okonjo-Iweala. Hay varias similitudes en sus trayectorias profesionales, pues los dos tienen doctorados en economía, han sido ministros de Hacienda y funcionarios de entidades internacionales: Ocampo como director de la CEPAL y Subsecretario de la ONU para asuntos económicos y sociales, y Ngozi como vicepresidenta del BM.
Donde se diferencian los dos currículos es en la experiencia académica y la producción intelectual. Ocampo es profesor de la Universidad de Columbia y ha publicado multitud de artículos y libros, algunos con afamados economistas como el nobel Stiglitz, por lo que es considerado una autoridad en temas de desarrollo económico; mientras tanto en las reseñas biográficas de Ngozi solo aparece una publicación sobre la deuda externa de Nigeria.
Contra esta abrumadora evidencia, la revista The Economist apoya la candidatura de Ngozi a quien califica como una “formidable economista pública” y descalifica a Ocampo como un “burócrata internacional”.
La verdadera razón de este apoyo es que Ngozi ha tenido una postura neoliberal en materia de programas de ajuste, muy en la línea del Consenso de Washington, mientras que Ocampo está en sintonía con su colega Stiglitz, al tener una visión crítica de la globalización y del papel del BM.
Sin embargo, el determinante para esta elección va a ser la geopolítica. Estados Unidos no está dispuesto a dejarse quitar ese puesto, así el candidato que hayan propuesto sea el menos preparado para el cargo.
En efecto, Obama postuló a Jim Yong Kim, un brillante médico especialista en salud pública y actual rector de la universidad de Dartmouth, pero sin experiencia en financiación del desarrollo, ni en dirigir organizaciones del tamaño y la complejidad del BM, lo que ha generado fuertes críticas a esta nominación.
A pesar de estos ‘dardos’ el gobierno estadounidense está haciendo diplomacia de alto nivel y moviendo sus fichas para ganar la elección. Ya consiguieron el apoyo de Japón y Corea, y seguro van a contar con el de Inglaterra y Francia -este último está en deuda por el apoyo gringo al nombramiento de la exministra francesa a la dirección del FMI-, con lo cual ya tienen más del 35 por ciento de los votos y no van a tener dificultades en asegurar la mayoría necesaria.
Aunque sea casi imposible derrotar al candidato norteamericano, es importante y necesario apoyar la candidatura de Ocampo, no solo porque es un verdadero honor para el país, sino porque hay que demostrar que en los países emergentes hay personas tanto o más capacitadas que los gringos para dirigir el BM.
Mauricio Cabrera Galvis
Consultor Privado
macabrera99@hotmail.com
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