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Hace unos años, se impuso la idea de que las empresas y los países eran buenos para todo.
Y luego, se comprobó que esto era un error.
Los ejemplos pululan, e incluso, en el caso colombiano, se conocieron experiencias fallidas que rápidamente fueron corregidas, así las pérdidas hubieran sido grandes: una cervecera se metió al mercado de los jugos y la que producía bebidas gaseosas se entró a la cerveza.
Después, debieron volver a su centro de negocio porque no les fue bien, lo cual no quiere decir que no se puedan dar sinergias. Lo mismo pasó con quienes entraron de primeros en el mercado de la telefonía celular.
Situación similar ocurre con los países y las regiones.
Alguien les dijo un día que bastaba con tener una ventaja natural para producir de forma competitiva, lo que es válido, pero parcialmente, pues el escenario de hoy es global y se necesita más que el clima o unas condiciones que brinda la naturaleza.
Hoy, son las regiones las que compiten en los mercados internos y externos, más que los mismos países, en un concepto de extraterritorialidad.
Y los ejemplos son muchos: las regiones de Francia, Italia, Japón, EE. UU. y China se enfrentan a ese mercado mundial como si fueran países. Ha quedado atrás el concepto de Estado-nación para abrirle paso al de Estado-región.
Hay casos en los cuales Colombia se mantiene, en que los gobiernos centrales se resisten a perder el control de la toma de decisiones, causando mucho daño y acabando con la iniciativa regional y local.
Ahora que se han firmado varios TLC, es una discusión muy válida para Bogotá, y sobre la que no hay claridad: ¿cuál es la vocación productiva de la ciudad para enfrentar ese reto?
Creo que están equivocados quienes consideran que puede haber ventaja competitiva en un camión que sale hacia Buenaventura o Barranquilla, llevando mercancías para exportarlas por mar.
Puede que haya casos excepcionales, pero el costo del flete y la revaluación de la moneda limitan las posibilidades, a no ser que se reciban subsidios o gabelas producto del capricho o la ‘bondad’ del gobierno de turno.
En el caso de Bogotá, solo tienen posibilidad de competir los productos que viajan por avión, como las flores y manufacturas muy puntuales.
Esto no quiere decir que no haya grandes oportunidades para Bogotá en este escenario global, pero debe haber claridad sobre su vocación productiva, y todos –Gobierno, sector privado, universidades y centros de investigación–, actuar en concordancia.
Las áreas privilegiadas deben ser las que agreguen valor a esa línea. Los servicios de tecnología, el turismo de negocios y de salud, y la educación, son áreas que se deben estimular, ya que en estas como en otras las oportunidades parecen grandes.
Además, están en la línea de proteger el medio ambiente, para que no pase lo que en ciudades como Santiago de Chile, donde es casi imposible respirar en algunas épocas del año. Y Lima no está lejos.
Estamos en el momento oportuno para promover esa idea. Se requiere audacia y gran capacidad de convocatoria.
El alcalde Petro parece tenerlas, pero solo no lo puede lograr. Incluso, el Concejo de Bogotá podría ser un escenario para adelantar este ejercicio, y, contrario a lo que muchos creen hay, con quién. Pero es urgente.
Mario Hernández
Empresario exportador
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