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Con los pies sobre la tierra
febrero 21 de 2012 - 1:09 am
No es el Emisor quien debe dar la línea sobre el modelo económico del futuro, pues sus responsabilidades son otras.
Los datos que circulan por estos días sobre la economía colombiana son reiterativos de que el futuro estará ligado a la explotación de recursos no renovables, minerales como el carbón, el oro y el petróleo. En forma paralela, se concluye, que la consiguiente llegada de inversiones extranjeras masivas debilitarán aún más la tasa de cambio.
Creo que el tema debe tomarse más en serio, arrancando por las mismas cifras de la minería y el petróleo para despejar dudas acerca de si ¿Colombia es realmente un país minero o petrolero?; lo que estamos viviendo es una coyuntura que se aprovecha de unos altos precios internacionales de materias primas?, o esta mal llamada bonanza tiene características estructurales y un largo aliento para que enfilemos nuestras energías como país a esa locomotora?
Lo primero que se debe afirmar es que al revisar las cifras de producción de minerales en el mundo, debemos poner los pies sobre la tierra. Colombia produce hoy unos 80 millones de toneladas de carbón que representan sólo el 1,1% de la producción mundial. Lo que se saca en oro –unas 56 toneladas– nos sitúa en el puesto 20, el 2,2 del total del mundo. En níquel, respondemos por el 4,5% de lo producido. En petróleo, como un gran acontecimiento se está llegando a un millón de barriles, cifra simbólica para nosotros, pero que no es nada significativo en el mundo.
No hay que caer en la idea de que las cifras de la minería son despreciables, ni más faltaba. Por el contrario, su aporte es creciente. Las regalías que se generaron en el 2011 ascendieron a $9,8 billones, con un crecimiento de 3% en el periodo. Las compras a proveedores nacionales llegaron a $2,6 billones y las inversiones en infraestructura pasaron de $650.000 millones.
Aunque no es responsable de la totalidad, la revaluación del peso ha alcanzado límites que preocupan y lo más inquietante es que hay una actitud, si no pasiva, muchos menos contundente que en el pasado. La junta del Banco de la República es cada día más indiferente y sigue utilizando con cierta desidia el mecanismo de compra de divisas como único camino, el Ministro de Hacienda habla de que todavía no estamos en el “umbral del dolor” y los gremios privados parecen haber sido convencidos de que no hay nada que hacer. La academia ha dejado de lado el tema en sus investigaciones y los medios de comunicación han entrado en la misma tónica, incluyendo a los articulistas.
Hay que resistirse a esa tendencia y no perder la esperanza: las exportaciones tradicionales (petróleo, minerales y café) alcanzan el 70 por ciento del total, cuando hace 20 años no llegaban al 50 por ciento.
No hay que enredarse. Las empresas exportadoras de materias primas deben ser reemplazadas por productoras con valor agregado nacional, y simultáneamente desarrollar otros sectores como el turismo, así sea un proceso lento y sobre el que se debe tener mucha claridad, como lo han hecho Brasil y Perú, casos a los que debemos ponerle más atención. Esto requiere reconversión de empresas, una gran capacitación del recurso humano y desarrollo de infraestructura.
No es el Emisor quien debe dar la línea sobre el modelo económico del futuro, pues sus responsabilidades son otras. Es tarea del Gobierno, los empresarios y la sociedad.
MARIO HERNÁNDEZ ZAMBRANO
EMPRESARIO EXPORTADOR
presidencia@mariohernandez.com
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1 comentarios
¿Qué tipo de empresarios "competitivos" el País tiene que aguantarse cuando, por ejemplo, si el dólar se deprecia apenas 20% como para que sus márgenes de ganancia se vean afectados terriblemente? Las ineficiencias de tipo microeconómico se camuflan con aspectos macroeconómicos.