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“El mejor camino a la mediocridad es la falta de constancia”.
Con esta frase, el célebre escritor de temas gerenciales Jim Collins introdujo su presentación ante la conferencia nacional de gobernadores de Estados Unidos.
Utilizando como ejemplo la conquista del Polo Sur por el noruego Roald Amundsen, Collins hizo una muy clara defensa de la importancia de contar con equipos disciplinados.
Amundsen se trazó la meta de recorrer cada día 20 kilómetros para llegar al Polo Sur y logró derrotar a su contrincante, el estadounidense Robert Byrd, que sucumbió con todo su equipo en el intento al no lograr recorrer los 15 kilómetros que lo separaban de su último puesto logístico.
Al revisar las estadísticas sobre el desempeño de las empresas en el largo plazo, Collins encontró que las más exitosas eran aquellas que se trazaban metas realizables y mantenían el rumbo sin perder el ritmo fijado.
De todas la compañías analizadas en su estudio, la más exitosa habría sido la firma aérea South West, uno de los íconos de la cultura empresarial estadounidense.
Esta organización pertenece a uno de los sectores más inestables y complejos de la economía mundial, que ha sido afectado por múltiples crisis como la volatilidad de los precios de la energía, las huelgas promovidas por los múltiples sindicatos, la competencia de las low cost, los mercados regulados e imperfectos, y el caos tarifario.
A pesar de tantos obstáculos, la empresa se ha fijado como objetivo no perder dinero en ningún trimestre y ha mantenido una consistencia superior que las que pertenecen a sectores más estables de la economía.
La cultura colombiana es muy poco constante.
Ello se refleja en la inestabilidad de nuestros resultados y la falta de una verdadera cultura de la calidad.
En ocasiones, vamos a un restaurante y la comida es excelente. Una semana después, es un desastre.
Lo mismo sucede con nuestros deportistas, capaces de los mejores y los peores resultados, o con el servicio de nuestras empresas aéreas, que es tan estable como la meterología.
Lo que explica esta falta de constancia es, según Collins, la sumatoria de fijarse objetivos que no pueden ser cumplidos y la ausencia de disciplina en los equipos de trabajo.
Nos falta realismo y soporte estadístico en los procesos de planeación y ello explica que las metas se incumplan de forma sistemática. Y luego, carecemos de la dedicación que hace realidad los resultados.
Los sistemas de evaluación y remuneración no siempre valoran y premian la estabilidad en los resultados.
Esto explica que el desempeño de las compañías se parezca más al recorrido de una montaña rusa con grandes variaciones en lapsos cortos de tiempo.
Las escuelas gerenciales modernas han ensalzado valores como flexibilidad, adaptabilidad e innovación.
Pero han olvidado otros igualmente importantes, como tesón, empeño e insistencia.
Miguel Gómez Martínez
Profesor del Cesa
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1 comentarios
Profesor Gomez: Valdría la pena hacer precisión sobre el contrincante de Amundsen en su carrera por llegar primero al polo sur fue el británico Robert Falcon Scott.