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Viernes 24 de Mayo 2013

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Política clara y mensaje claro

Junio 19 de 2012 - 9:14 pm



La aprobación del Marco para la Paz, sobre cuyo texto hay tantas objeciones, ha puesto en el primer lugar de la agenda pública las discusiones acerca de un posible nuevo proceso con las Farc.

Este tipo de controversias se han dado muchas veces en nuestro país.

Desafortunadamente, una de las características de esos debates ha sido la de enfrentar a los amigos de la mano dura con quienes abogan por una solución negociada.

Digo que desafortunadamente, porque la opinión pública ha fluctuado entre los extremos de un falso dilema.

Lo cierto es que combatir el terrorismo con la fuerza legítima del Estado es una obligación constitucional, no una opción.

El camino complementario al cumplimiento de los deberes legales del jefe del Estado puede ser la búsqueda de una salida negociada. Pero la conveniencia de optar por dicha vía depende de si se dan o no las condiciones.

Durante largos años, la confusión que predominó dio lugar a que muchos colombianos se inclinaran por uno u otro camino, como si se tratara de verdaderas alternativas.

Por ello, los gobiernos recibieron respaldos entusiastas, pero coyunturales y pasajeros debido a la falta de resultados.

Ese patrón de comportamiento de la opinión cambió en el Gobierno del presidente Uribe Vélez, quien logró un apoyo sin precedentes a la seguridad democrática gracias a que los resultados demostraron el éxito de la política y a la claridad del mensaje.

Nunca dejó dudas acerca de que la lucha contra todas las formas de violencia es un deber consagrado en la Constitución.

Al mismo tiempo, jamás cerró la puerta a una solución negociada. Y en este punto tampoco le abrió espacio a la ambigüedad. Condicionó la puesta en marcha de un proceso creíble a que las Farc abandonaran primero el terrorismo.

Además del rechazo que ha tenido en muchos sectores la aprobación del Marco para la Paz, otra de las consecuencias negativas que se advierten es que ha generado una gran confusión.

La claridad que se tuvo en el Gobierno anterior, de la cual el presidente Santos fue ejecutor destacado y beneficiario político, nada hoy en un mar de mensajes que pueden poner nuevamente el debate público en el escenario perjudicial del falso dilema.

En alguna ocasión, siendo Secretario General del Partido Liberal, le pregunté al expresidente López Michelsen a qué atribuía su última derrota en las elecciones presidenciales. Brillante y agudo como era, me dijo: “a que me daba vergüenza con la comitiva”. Ya que no entendí bien la respuesta, le pedí que me aclarara, y continuó diciendo... “vea Carlos, como me daba vergüenza con la comitiva, cambiaba de discurso en cada plaza. Esa es una enseñanza que no olvidaré nunca.

Y tengo la esperanza de que el presidente Santos tampoco la olvide, porque a nadie le cabe duda de que fue elegido gracias a la política que ayudó a ejecutar, como destacado ministro del presidente Uribe, y al mensaje con el que se le explicó siempre a los colombianos.

Política clara y mensaje claro, esa es la lección.

Carlos Holmes Trujillo

Exministro y exembajador

carlosholmestrujillog@gmail.com

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