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La educación pública en Colombia está en paro desde hace años. Para agravar las cosas, Fecode convoca, por la prensa, a un paro nacional educativo el próximo 30 de mayo.
Una huelga más no cambiará la realidad de un sector que ha demostrado, una y otra vez, su resistencia al cambio.
El estado de la educación en Colombia no es bueno. La privada es de fuertes contrastes. Hay colegios y universidades que se esfuerzan por ofrecer profesores y programas de calidad, pero existen también en esta una gran cantidad de instituciones que no reúne los mínimos niveles. En la pública los niveles son desiguales, pero menos pronunciados.
Los colegios oficiales pueden ser megacolegios, como existen en algunas localidades de Bogotá, bien dotados y con alguna exigencia académica; sin embargo, muchos son instituciones pobres, con niveles pedagógicos obsoletos que se confirman en los muy deficientes resultados escolares.
La universidad pública es el reflejo de los males que afectan a la educación en nuestro país.
Al lado de Universidad Nacional, que mantiene una parte de su bien ganado prestigio, la mayoría de las universidades públicas es el símbolo del desgreño administrativo, la baja calidad de sus programas e, incluso, los graves modelos de corrupción. Casos como los sucedidos en el Tolima, Magdalena o Córdoba son buenos ejemplos de la magnitud de la crisis.
La Universidad de Antioquia, en una época modelo de alma máter pública, es hoy en día un foco de violencia y otros tráficos que desdicen del carácter de centro de formación superior.
En la preocupación por aumentar la cobertura, se ha descuidado la pertinencia y modernidad que exige la formación actual.
El nivel de bilingüismo es bajísimo, los resultados en las pruebas de matemáticas demuestran que no estamos atendiendo las exigencias de la demanda de trabajo. Mientras tanto, los estudiantes de la MANE (Mesa Amplia Nacional Estudiantil) exigen que la educación sea gratis sin entender que ese es, de todos los desafíos, el más fácil de cumplir, pero el que aporta menos a su futuro.
Lo más importante es mejorar la calidad de los maestros. El Sistema Nacional de Pruebas posee una información valiosa que podría utilizarse para remunerar, con mejores salarios, a los buenos profesores. Mejores docentes llevan a mejores alumnos. Pero estimular a los buenos educadores es algo que Fecode, con su obsoleta mentalidad sindical, nunca aceptará.
Evaluar las competencias de los maestros es algo que tampoco ha sido posible desarrollar. Con actitud de funcionarios públicos, los profesores se oponen a que los evalúen, pues saben que muchos de ellos no pasarían las pruebas.
Sus métodos de enseñanza son anticuados para estimular a niños y jóvenes ávidos de tecnología y ajenos a los libros. Los profesores siguen en sus mitos pedagógicos sin entender que los de la generación Steve Jobs ven el mundo con ojos muy diferentes.
Triste que este gobierno haya aplazado la reforma educativa que es la llave de la prosperidad. Fecode seguirá haciendo huelgas, y la MANE marchando y pintando las paredes mientras el país se queda irremediablemente rezagado.
Miguel Gómez M.
Profesor del Cesa
representante@miguelgomezmartínez.com
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1 comentarios
¿Y el Ministerio de Educación? Bien, gracias.