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Insensibilizados ante el alud de acontecimientos que ocurren en Colombia, a veces no percibimos los cambios que experimenta el país.
Acostumbrados a vivir en un conflicto permanente y con una violencia consuetudinaria, nos contentamos con que se moderen los niveles de intensidad de la pesadilla.
Diversos elementos han venido apareciendo en el panorama que, de pronto, pensando con el deseo, llevan a creer que se están dando condiciones para avanzar de manera definitiva en la finalización de ese absurdo enfrentamiento entre colombianos.
Rivalidad que quizás tuvo un origen ideológico y, en muchos casos, justificado por las atrocidades que se habían cometido durante el periodo que todavía se conoce como el de “la violencia”.
Hoy, la mayor parte de esas condiciones dejaron de existir y si bien subsisten las inequidades e infinidad de problemas sociales, es claro que hay mil formas de afrontarlos, diferentes de la violencia y de absurdas pretensiones de la toma del poder.
No se debe confundir, de otra parte, la conclusión del conflicto con la solución de los problemas de seguridad, pues, como se ha visto en otras latitudes, de llegarse a una resolución, la inseguridad urbana puede incrementarse inicialmente, pero eso tendrá que ser objeto de acciones convencionales de policía, prevención, educación y apertura de oportunidades.
Lograr, sin embargo, el cese de hostilidades de grupos organizados como han sido las Farc y el ELN sería un gran paso en el desarrollo colombiano.
Las liberaciones recientes, como ha dicho el Presidente, no son suficientes, pero son un gran avance y también lo son tantas señales de la insurgencia de querer conversar.
Hoy, no obstante, son víctimas de sus errores por la pérdida total de credibilidad, aunque algo es algo. En paralelo, sin embargo, se mueven muchas cosas. Las acciones del Estado en pro de los desplazados, los despojados y los gigantescos problemas existentes en el campo de la tenencia de la tierra, son pasos en la dirección correcta para eliminar, de una vez por todas, muchos de los argumentos que habían dado soporte a la simpatía que la guerrilla despertaba en algunos sectores tanto en Colombia como el exterior.
Empero, además, el liderazgo que Colombia ha ido ganando en el campo internacional le ha abierto espacios y neutralizado acciones de países que claramente estaban haciéndole el juego a la subversión.
Por el otro lado, poner sobre el tapete el tema de la droga en la Cumbre de las Américas, permite ir avanzando en la solución del problema que está asociado a la mayor parte de las dificultades del país y, en la última etapa, ha explicado mucho de la supervivencia de la guerrilla por tratarse de un grupo con acceso a grandes recursos por cuenta de la droga. Debilitar ese frente es vital y eso solo se logra por medio de la acción internacional.
Avances en lo militar, en lo político, en lo internacional, en lo legislativo y frente a la opinión, muestra una estrategia integral que puede llevar a este gobierno a un logro verdaderamente histórico. Hagamos votos para que así sea.
Ricardo Villaveces P.
Consultor privado
ricavip@gmail.com
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