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Ocurren tantas cosas en Europa, tan rápido, que no es fácil seguir su significado.
Por lo pronto, tambalea el eje Franco-Alemán; Grecia se encuentra a punto de incumplir los nuevos y draconianos compromisos que le fueron impuestos; España no levanta cabeza y Rajoy se debilita ante un pueblo español, que altivo se opone a sus reformas; y en Italia siguen sin brújula, todavía adormecidos por el efecto Berlusconi, aunque en las elecciones de este lunes se produjo un importante avance de los partidos de la izquierda.
Y es que lo que se encuentra en cuestión es precisamente la orientación de la política económica con la que Europa debería enfrentar la crisis.
Aunque se hicieron pactos entre la señora Merkel y Sarkozy para la reducción del gasto y el ajuste estructural, no necesariamente se honrarán esos compromisos por el gobierno Hollande, y el descontento por la orientación posterior a la crisis que aún continua es evidente.
Los países pequeños de Europa ya no se sienten solos. Por ello, aunque parezca increíble, el domingo, en Facebook aparecían multitud de manifestaciones por parte de ciudadanos belgas con el lema: “Vive la France”.
Por el contrario, en Estados Unidos continúan los déficits gemelos fiscales y de cuenta corriente, y se continúan financiando con el superávit de la cuenta de capitales.
En la Unión Europea, como un todo, no ocurre lo mismo pues las tres cuentas son superavitarias. Entonces, ¿por qué tanto desempleo y dificultades en algunos países de esa misma Europa?
Los franceses dicen, amorosos y políticos (la balada de Strauss-Kahn): “cherchez la femme” para buscar una explicación a ciertos aspectos policiacos (Maigret), y en este caso la encuentran bien representada en la señora Merkel, en Alemania.
Los superávits son de la nación germana, solo de ellos.
En dicho país, donde ni siquiera existe salario mínimo y la flexibilidad laboral ha llegado al extremo, han logrado mantener altos niveles de productividad con crecimientos menores en los salarios reales, lo que les ha permitido mantener costos laborales unitarios inferiores a otras naciones.
Eso los convirtió en los ganadores en la Unión Europea y, hasta ahora, los ha llenado de soberbia: imponen, no dialogan.
No obstante, la situación cambia y la dialéctica de la historia nos enseña que, a veces, solo en ocasiones, es necesario ser humilde. Si Alemania no entiende que como líder, sin crisis deberá tender la mano a los que se encuentran en una difícil situación, paradójicamente podría convertirse en el gran perdedor si la Unión Europea se desmorona y hace agua la zona euro.
¿Será tan miope el pueblo alemán?
¿En los próximos meses también asistiremos a una estrepitosa caída del gobierno actual? Tiembla el consenso que se parecía al de Washington. Ya no hay un pensamiento único. “Never more”.
Germán Umaña
Profesor universitario
dgumanam@unal.edu.co
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1 comentarios
El consenso es por la disciplina. Alemania la cumple, hasta Hollande entenderá que sin ello, no hay salvación. Las corporaciones y el sistema financiero, pasan agachados mientras todos le pasan el sombrero a Alemania. Entre ajustes, dignidad o quemar las naves.