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Tomas Uribe, In Memoriam
febrero 20 de 2012 - 8:59 am
Los lectores de Portafolio no volveremos a encontrar las columnas lúcidas y brillantes de Tomás Uribe Mosquera.
Los lectores de Portafolio no volveremos a encontrar las columnas lúcidas y brillantes de Tomás Uribe Mosquera, quien acaba de dejarnos.
A pesar de padecer una penosa enfermedad, Tomás se mantuvo activo y escribió hasta en las últimas semanas, dedicando una de sus columnas a un recorrido por la historia del dolor, que tenía la dimensión de esa intensa y profunda vivencia personal. Sus artículos mostraban siempre su profundo conocimiento de los temas económicos y jurídicos internacionales, su seguimiento de los procesos en los que el país estaba comprometido; y nunca abandonó su espíritu independiente y crítico.
Tomás Uribe era uno de los pocos colombianos graduados en MIT y en Harvard, de modo que su formación académica era de la más alta calidad, pero por la sencillez de tu trato, lo cálido de su personalidad y la cercanía con la que trataba a las personas, no presumía de su vasto conocimiento.
Diplomático por muchos años en cargos de alta responsabilidad a nombre del país en Washington, en Bruselas ante la Comunidad Europea y como director de la Secretaría General de la Comunidad Andina, tuvo mucho que ver en negociaciones sensitivas para el país, como el tema del banano, la consolidación del proceso andino de integración y como analista permanente de las difíciles negociaciones económicas internacionales. Como expresión de su compromiso personal representó al Partido Liberal en el ‘cuarto de al lado’ durante las negociaciones del TLC con Estados Unidos.
En medio de su intensa vida diplomática, Tomás expresaba una profunda sensibilidad social. Creó organizaciones de apoyo a la educación de afrodescendientes e indígenas, acudió siempre a los foros y debates en los que se debatían los temas álgidos de las negociaciones económicas, y con una gentileza y caballerosidad inusual en nuestros tiempos, exponía sus puntos de vista con firmeza, pero con respeto.
Tuve la ocasión de tratarlo en los últimos años, y siempre me impresionó su sentido de la amistad, su cercanía en el trato y su dominio de los más amplios temas de la agenda internacional. En meses pasados cuando tuve que pasar un doloroso proceso judicial, Tomás estuvo siempre pendiente, convocó a los amigos para brindarme apoyo y tuvo siempre tiempo para dedicar a quienes por esos días necesitábamos del calor de la amistad.
Pude visitarlo en varias ocasiones cuando ya afrontaba los rigores del tratamiento para la enfermedad que lo aquejaba y su estoicismo para soportarlo, me conmovió hondamente. Ahora que ha partido, al país le queda el ejemplo de un ciudadano ejemplar que dedicó su vida a la defensa del interés nacional.
Y a sus colegas nos queda el legado de quien tuvo, ante todo, un inquebrantable sentido de la amistad. Al amigo Tomás, paz en su tumba.
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