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Las elecciones efectuadas el pasado domingo en Grecia confirman que la población helena se encuentra dividida y radicalizada.
De acuerdo con las cifras del Ministerio del Interior, los conservadores de la Nueva Democracia obtuvieron el 29,7 por ciento de los votos y 129 de 300 curules, seguidos de cerca por el partido de izquierda Syriza con el 26,9 por ciento de los votos y 71 escaños. Pasok, partido socialista de centro izquierda, apoyado por el 12,3 por ciento de los votantes griegos, obtuvo 33 curules.
El partido fascista Amanecer de Oro recibió el 6,9 por ciento de lo votos y se hizo al control de 18 escaños.
Como el sistema electoral griego le otorga un bono de 50 curules al partido ganador, Nueva Democracia y Pasok podrían incluso formar un nuevo gobierno de coalición con una mayoría compuesta por 162 parlamentarios.
Por ahora, la reacción de los mercados ha sido destemplada, pues estos mueven del moderado optimismo observado en Grecia y del alivio registrado en algunos países europeos al alza de la prima de riesgo española.
Sin embargo, no todo es color de rosa en la cuna de la civilización occidental.
La precaria mayoría alcanzada por razones del sistema electoral no refleja la realidad política de Grecia, país polarizado por extremistas de variado pelambre a lo largo y ancho de su espectro político.
La izquierda radical, representada por Syriza, aumentó en 22 por ciento su participación electoral respecto de las elecciones de octubre del 2009 y en 10 por ciento con relación a las elecciones del mes pasado. Estos resultados consolidan a Syriza –principal opositor a la permanencia de Grecia en la Eurozona– como la segunda fuerza electoral griega.
No es menos preocupante lo que ocurre con Nuevo Amanecer, partido de origen neonazi acusado de violentos ataques contra inmigrantes en Atenas, que se opone, como Syriza, al paquete de medidas de rescate exigido por los organismos internacionales multilaterales y europeos.
La polarización política que está moliendo a palos a los partidos tradicionales griegos no es un fenómeno exclusivamente heleno.
En Francia, un tercio de los votantes dividió recientemente sus preferencias entre la extrema izquierda y la extrema derecha; en Holanda sucede algo similar, donde las tendencias de extrema derecha e izquierda explican el primero y el segundo lugar de las encuestas.
Las elecciones parlamentarias en Grecia le dieron un respiro a la Eurozona, al Viejo Continente y al mundo entero, que entre nerviosos y expectantes se mantuvieron atentos a sus resultados.
Ahora todos esperan que estas votaciones no sean consideradas una victoria pírrica, para no decir, como lo haría Pirro de Epiro, “otra victoria así y estamos perdidos”.
Andrés Espinosa Fenwarth
CEO de Inverdies
andresespinosa@inver10.co
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