Rodolfo Segovia S.
COLUMNISTA

Debate fútil

Rodolfo Segovia S.
Opinión
POR:
Rodolfo Segovia S.
marzo 31 de 2016
2016-03-31 10:31 p.m.
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Debate fútil el de Isagen. O quizá no, porque le da al ministro Cárdenas la oportunidad de rebatir con la lógica de la microeconomía y lo pragmático. Puede comenzar por explicar la diferencia entre empresas del Estado y bienes públicos. Confundirlos ofusca.
Las primeras son fungibles, como todo negocio, bueno o malo, si el producto de su enajenación se dedica a actividades más rentables. Los segundos son para acrecentarlos como conductos de bienestar –escuelas, carreteras–. Bajo el prisma del ideologismo, los dos conceptos se ‘osterizan’.

Isagen sufre por desconfianza en el Estado ¿Quién garantiza que activos medianamente productivos no se trasformen en espuma al monetizarse? Inquietud válida. Cosas se han visto. En el papel, nadie sensato duda que el impacto de vías nuevas sobre la productividad nacional es varias veces superior al de turbinas que nadie se va a llevar.
Pero vaya usted y convenza a los colombianos de que la institucionalidad vial está blindada contra la rapacidad de los concesionarios. No deja, sin embargo, de ser sospechosamente contradictorio que se tenga confianza en la administración pública de Isagen, pero no en la de ANI o la FND.

Se ha afirmado que Isagen es necesaria en manos del Estado para controlar el precio de la energía eléctrica. No es cierto. Si de amenazas a las tarifas se trata, mejor fortalecer la institucionalidad para vigilar a la EEB o a EPM, entes de regiones ricas, cuyos intereses divergen de los del resto del país. Isagen no tiene nada de sacrosanta, como no la tenía la difunta Planta Colombiana de Soda –orgullo de la patria–, cooptada por sindicatos y burocracia. Sugerir otra cosa es ignorar cómo funciona la laboriosamente edificada institucionalidad eléctrica, aún si por estos días anda un tanto maltrecha. Isagen no es tampoco, como se oyó decir por ahí, un don inalienable de aguas trascendentes que descienden de los páramos patrios.

Argumentos estrambóticos hasta lo grotesco llovieron sobre Isagen, como el granizo que se derrite al caer en tierra. ¡Otra vez los indignados sin oficio! Algunos recurrieron –con hipócrita irresponsabilidad mediática– a la desconfianza del mercado que la corrupción alimenta. Curioso, en Colombia casi todo el mundo ama el mercado siempre y cuando sea monopolio propio. La ignorancia crédula tragó cuento sin darle mucha oportunidad a la pedagogía para disipar fábulas. Asunto cerrado. Otra barbaridad de Santos. Punto.

El del detrimento patrimonial es el más nefario de los argumentos. Debería abolirse, salvo en casos de dolo. Es la invitación a que los funcionarios se abstengan de decidir sopesando de buena fe pros y contras, en favor del interés nacional. Isagen se vendió por 14,4 veces ebitda, después de haber sufrido, ese sí, un detrimento en su valor por el sainete jurídico que puso en duda la seriedad del país y redujo el elenco de proponentes. Ni las cementeras se venderían en Colombia por ese múltiplo. Las cosas, además, se enajenan por lo que dan por ellas y si esa valoración coincide con la del probado método del flujo de caja descontado, tanto mejor.

Siga erguido Ministro, como don Sancho Jimeno defendiendo Bocachica en 1697. Se la están sirviendo en bandeja. Déle a la discusión la altura de que hasta ahora ha carecido y recuérdele a los críticos que, además, los dos mil millones de dólares de la venta caen muy bien para apuntalar la debilidad de la cuenta corriente, mientras llegan mejores días.

Rodolfo Segovia
Exministro – Historiador
rsegovia@sillar.com.co

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