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Sábado 25 de Mayo 2013

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Inmigrantes

5 de Septiembre de 2006

Una gran paradoja es la nostalgia por el país lejano mezclada con la decisión de quedarse donde están. Los emigrantes latinoamericanos envían remesas de dinero a padres e hijos, que tienen un gran impacto económico en sus países; un paso adelante ha sido canalizar el envío de esos ahorros para la compra de vivienda o bienes durables. Los emigrantes llevan en la cabeza la semilla de su cultura de origen, que germina en otro medio donde sus hijos echan raíces nuevas. Aunque los recién llegados agradecen las oportunidades de trabajo, libertad o seguridad, sus hijos y nietos esperan más: asimilan la cultura que los hospeda, y esperan tener derechos como todos... Si se les bloquean sus oportunidades, la bomba social estallará como lo hizo en Francia, país que ha sido históricamente precursor de la mayoría de las grandes revoluciones sociales. Una gran injusticia es el poco agradecimiento del país recipiente por las contribuciones que les hacen los inmigrantes. Realizan todo el trabajo duro, repetitivo, peligroso o desprestigiado que ya nadie quiere hacer: construcción, peones de agricultura y ganadería, trabajo doméstico... y se les paga muy poco. En épocas de guerra o persecución política y religiosa los emigrantes también suelen incluir a científicos, intelectuales, artistas, profesionales y empresarios. “Haré todo lo necesario para que los colombianos puedan regresar a casa”, promete el presidente Uribe, entre aclamaciones, durante sus visitas al extranjero. Estados Unidos debe a sucesivas oleadas de inmigrantes gran parte de su progreso científico, artístico y económico; su política (melting pot) no quiere preservar las culturas de origen sino fundirlas a la propia. Como contraste, Canadá ha optado por mantener la diversidad cultural, enriquecerse por las diferencias y aprender continuamente de ellas. La peor cara de las inmigraciones es la xenofobia, ese temor y odio al extranjero y a todo lo que es diferente. La xenofobia es parte de una mentalidad simple, que divide el mundo entre buenos y malos (los malos son los otros), producto de sentimientos de inferioridad por la competencia de los extranjeros, de paranoia, de echarle la culpa a los demás por todo lo malo que nos ocurre, de darle salida a frustraciones y rencores con odio al chivo expiatorio: el extranjero. En situaciones de agudos cambios sociales (como en la Alemania de Hitler o en países que mezclan grandes riquezas con extremas pobrezas) aparecen esas fuerzas extremas, que favorecen la discriminación y un extremo moralismo hipócrita. La xenofobia suele apoyar a caudillos populistas y moralistas, generalmente incapaces de entender problemas complejos y de ofrecer soluciones eficaces. En Costa Rica los xenófobos achacan a sus inmigrantes nicaragüenses (aproximadamente 12 por ciento de la población) el incremento del crimen y la inseguridad, a pesar de estudios que muestran que éstos causan sólo el 5,8 por ciento del crimen. La integración de los inmigrantes a una sociedad abierta empieza por igualdad de oportunidades en salud, educación y ascenso social. También es necesario educar a la mayoría sobre la apreciación de la diversidad y de las contribuciones foráneas y establecer programas estatales para la integración. Tal como se ha hecho con las mujeres y otros grupos minoritarios, se pueden establecer cuotas o acciones que garanticen oportunidades visibles. Es imposible limitar la búsqueda de mejores oportunidades por parte de los seres humanos. De alguna manera las migraciones equilibran al mundo, ese mismo mundo que todos compartimos. Ph. D. Profesor universitario "De alguna manera las migraciones equilibran al mundo, ese mismo mundo que todos compartimos”.

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