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Sábado 25 de Mayo 2013

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Los que viven del salario mínimo en Colombia

19 de Diciembre de 2006

Trabajan duro, sin tregua, en todos los sectores de la economía, y son especialistas en hacer rendir el dinero, como si los billetes y las monedas tuvieran en don de la compasión: son los que ganan el mínimo. ¿Cómo viven? Con la dignidad propia de las limitaciones y la escasez, afirma Rosmery Perdomo, una opita que ha vivido del mínimo desde hace cinco años como auxiliar administrativa en una empresa de mensajería, en la que cada mes recibe sin falta los 408.000 pesos, que es la asignación acordada para este año. Con el reajuste salarial establecido para el 2007, Rosmery no aspira a mejorar su calidad de vida porque tiene la sospecha de que todo subirá: el arriendo que le cuesta hoy $150.000, el Transmilenio en el que gasta $72.000 cada mes, los servicios públicos que no bajan de $60.000, el colegio de sus dos hijos, el mercado y los descuentos tanto de salud como pensión. Un verdadero milagro, pero se vive, dice. Ella tiene la convicción de que lo que devenga le alcanza porque es mujer y ellas hacen rendir la plata. Sin embargo, Rosmery aspira a más. Como siempre, la gente desea ganar por lo menos el doble de su salario, pero aprendió a ser realista. “Con el reajuste del mínimo pasaremos el 2007, porque gracias a Dios tengo empleo”, señala. Historia del aumento La verdad es que las negociaciones de la remuneración básica no fueron fáciles, aunque nunca lo han sido. Las centrales obreras fueron por un 10%, que hubiera llevado el mínimo a 448.800 pesos, más un pliego de 20 puntos que asustó al Gobierno. Pero además, el Banco de la República, que tiene la misión constitucional de ‘velar por la moneda sana’, se anticipó con una meta esperada para el 2007 del 4%. De ahí se pegó la contraparte, incluido el ejecutivo y los gremios, para peluquear la aspiración de los representantes de los trabajadores. El Emisor defiende una teoría, ajena a la creencia popular: si se suben mucho los sueldos, el costo de vida lo hace por lo menos en la misma proporción. Es decir que en la práctica lo que entra por un lado se evapora por el otro. Y para hacer más claro y contundente el ejemplo, el grupo de los siete –que son los miembros de la junta directiva del Bancoseñalan que la inflación es “el peor impuesto que se le puede poner a una sociedad”. Algo más: “los salarios son inflacionarios”, se les ha escuchado afirmar desde siempre. Así, el mínimo es el karma de diciembre para todos: gobierno, empresarios y trabajadores. Las tres partes se reúnen, discuten y finalmente se llega a dos posibilidades: concertar el salario o sacarlo por decreto. La primera opción es la más conveniente para todos, así las centrales obreras queden inconformes con el reajuste. La segunda es más dictatorial y el gobierno queda como enemigo de los trabajadores más pobres. Sin embargo, de esta manera lo establecen la Constitución y la ley. ¿Cuánto debería ser el mínimo para satisfacer las necesidades básicas sin mayores apremios? Julio Roberto Gómez, secretario de la Confederación General de Trabajadores, afirma que por lo menos 850.000 pesos. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) sugiere que debe ser de $800.000, teniendo en cuenta el costo de la canasta familiar que abarca los siguientes rubros: alimentación, vivienda, vestuario, salud, educación, transporte y misceláneos como cigarrillos, licores y cosméticos, entre otros. La lógica de los empresarios Los representantes de los industriales, que son finalmente los que pagan los salarios, también tienen sus argumentos y los hicieron sentir durante la presente negociación. Comparten la teoría del Banco de la República, pero agregan dos elementos claves: el sobrecosto laboral que originan los parafiscales –aportes a Sena, Bienestar Familiar y cajas de compensación- y el aumento en el auxilio de transporte. Y hablan del dilema: si el incremento es muy alto, no queda otra alternativa que recortar la nómina. ¿Qué es mejor: tener empleo o no tenerlo? La discusión se vuelve de nunca terminar y aparecen los extremos. Habrá quienes proponen acabar con la mítica remuneración básica y dejar el ingreso en manos de las leyes del mercado. Para los defensores de un salario mínimo, entre ellos el Presidente de la República, eliminarlo sería un retroceso. En Colombia, por ejemplo, hay 10 millones de autoempleados, y el 60% de ellos tiene un ingreso mensual por debajo del mínimo, con algo peor: sin beneficios sociales. Pero además hay otra suma importante de subempleados, niños trabajadores y empleadas del servicio doméstico que se encuentran en la misma situación. No obstante, quienes viven del mínimo, generalmente, tienen arandelas: en cada familia hay por lo menos un integrante más que trabaja. HERMÓGENES ARDILA CONTENIDO@ELEMPLEO.COM

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