América Latina regresa a ‘la hora del crecimiento’

Aún así, las proyecciones indican que el PIB de la región solo podría volver a las tasas promedio ‘mediocres’ alcanzadas en los últimos 50 años.

Crecimiento

Fuente: FMI (2018).

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Portafolio
marzo 25 de 2018 - 09:12 p.m.
2018-03-25

“Si América Latina y el Caribe espera crecer más rápidamente y ser más próspera, debe priorizar la inversión y aumentar su eficiencia en este tema para asegurarse que el esfuerzo rinde”. Así lo señala el documento ‘La hora del crecimiento’, coordinado por Eduardo Cavallo y Andrew Powell, el cual fue presentado ayer en la 59 Asamblea anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Mendoza, Argentina.

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El estudio señala que “es la hora del crecimiento, pero cumplir ese objetivo con éxito no es una tarea fácil”. Los autores advierten que, si bien la volatilidad del mercado y las tasas de interés más altas pueden limitar el espacio de maniobra, los fundamentales globales –actualmente favorables– pueden brindar una oportunidad para diseñar e implementar las políticas adecuadas.

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De acuerdo con lo planteado por Cavallo y Powell, el nuevo ritmo de crecimiento “no es suficiente para mantener el porcentaje de la región en el PIB global, para no mencionar la igualdad con los países en vías de desarrollo de mayor crecimiento en el este de Asia”.

Agrega que la esperanza es que, actualmente, la región está creciendo por debajo del potencial. Sin embargo, las tasas de crecimiento proyectadas para los próximos años solo permitirán regresar a la “mediocridad histórica”. “Es probable que el crecimiento proyectado sea insuficiente para satisfacer las aspiraciones de la población y que otros países del mundo puedan distanciarse todavía más en términos de ingreso per cápita”, dice.

El documento señala que ingredientes del crecimiento regional como el “bono demográfico” ahora tienden a la baja, en la medida en que la población se envejezca, en tanto que la positiva participación de las mujeres en el mercado laboral también irá camino a desacelerarse en el mediano plazo, una vez logren equipararse con los hombres. Igual sucederá con la oferta laboral respaldada por una mejor educación.

En consecuencia, “la región tiene que centrarse en los factores de crecimiento de los que carece, a saber, el capital físico y la eficiencia de esa inversión”.

Las tasas de inversión son más bajas que en otras economías emergentes de rápido crecimiento y en algunas categorías como la infraestructura, por ejemplo, se encuentran por debajo de los niveles requeridos para mejorar los niveles de capital con el fin de igualar a los de países comparables. “Las alternativas son reducir los riesgos del ahorro externo y movilizar un mayor ahorro local”.

El informe sugiere que es importante centrarse en la calidad de la inversión. Si bien las simulaciones muestran que el potencial de crecimiento de más cantidad y mejor calidad de la inversión es similar cuando se mide en relación con la experiencia de Asia emergente, los aumentos del PIB producidos por más inversión requieren pedir recursos prestados, lo que incrementa la deuda. En cambio, el aumento del PIB producido por inversión más eficiente no requiere esos esfuerzos o riesgos.

El documento añade que “las inversiones financiadas con recursos públicos deberían escogerse cuidadosamente y el marco general de políticas debería favorecer el aumento de las inversiones del sector privado con alto valor privado y social. Las políticas inteligentes de desarrollo productivo pueden estimular la inversión y sobre todo aquellas inversiones con externalidades positivas, lo que aumenta su valor social. Existen numerosas oportunidades en las políticas públicas para favorecer la inversión y el crecimiento que no necesitan recursos fiscales considerables”.

De acuerdo con el estudio, en las categorías de inversión pública, la infraestructura es a la vez particularmente importante como insumo productivo y especialmente escasa en la región. Según algunas estimaciones, América Latina precisa de una inversión adicional del orden de 2% a 2,5% del PIB al año, o aproximadamente US$150.000 millones para cerrar la brecha de infraestructura existente.

“Aumentar la inversión en infraestructura en esa medida requerirá un aumento de la inversión pública y privada”, dice.

Por el lado de la inversión pública, los gobiernos pueden contemplar dos reformas claves: mejorar los procesos de gestión de la inversión pública para hacerlos eficientes, y diseñar reglas y metas fiscales que orienten un porcentaje mayor del total del gasto a la inversión pública.

Una vía para expandir el financiamiento privado consiste en desarrollar a la infraestructura como una clase de activos, permitiendo la ampliación de los vehículos de inversión existentes y creando otros para atraer a los inversores más adecuados en cada etapa del ciclo del proyecto.

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