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El estímulo fiscal asociado a la reforma tributaria será menor que el propuesto, al igual que su impacto en el crecimiento económico.

Congreso Estados Unidos

El Congreso no logró llegar a un acuerdo a tiempo y tuvo que aprobar una extensión temporal del presupuesto de 2017.

AFP

POR:
andrés pardo amézquita
octubre 10 de 2017 - 10:19 p.m.
2017-10-10

En días recientes los líderes republicanos publicaron los lineamentos de una propuesta de reforma tributaria integral en EE. UU. y los mercados han reaccionado positivamente a estos anuncios. Sin embargo, esta propuesta es muy similar al borrador que se publicó en abril, todavía carece de detalles relevantes y apenas es el punto de partida de unas negociaciones que pueden ser complejas. En nuestra opinión, la propuesta actual tiene una probabilidad minúscula de ser aprobada como se presentó, además de que el tiempo juega en su contra. Si su discusión se extiende más allá de los primeros meses de 2018, podría fracasar.

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Primero, un requisito para que se pueda tramitar la reforma tributaria, es la aprobación de un presupuesto para el año fiscal 2018, el cual debe incluir una autorización para que el recaudo impositivo disminuya en los próximos 10 años. Sin embargo, el año fiscal 2018 comenzó el 1 de octubre y se extiende hasta el 30 de septiembre de 2018. Esto significa que el Congreso no logró llegar a un acuerdo a tiempo y tuvo que aprobar una extensión temporal del presupuesto de 2017 hasta el 8 de diciembre, lo que se conoce como una “resolución continua”.

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Hace unos días, los líderes republicanos de la Comisión del Presupuesto del Senado presentaron y aprobaron una propuesta de presupuesto que incluye una autorización para que el recaudo disminuya en 1,5 billones de dólares en los próximos 10 años. Sin embargo, distintas estimaciones sobre el impacto del proyecto de reforma tributaria, muestran una reducción muy superior. El Tax Policy Center (TPC), un centro de pensamiento independiente, estima que los ingresos federales caerían en 2,4 billones de dólares en los próximos 10 años, mientras que el Committee for a Responsible Federal Budget, una organización no gubernamental, estima una caída de 2,2 billones.

De aprobarse esta versión del presupuesto, el plan de reforma tributaria deberá modificarse para que la reducción de ingresos no supere ese límite de 1,5 billones de dólares en 10 años. El presupuesto aún podría tardar varias semanas para convertirse en ley, posiblemente hacia noviembre o comienzos de diciembre. Falta su aprobación en el Senado y una difícil conciliación con la versión aprobada en la Cámara la semana pasada, además de que los cronogramas de ambas cámaras no están alineados los siguientes dos meses.

En el evento de que no haya acuerdo sobre el presupuesto antes del 8 de diciembre, escenario que no se puede descartar, el Congreso tendría que aprobar otra “resolución continua” para extender el presupuesto de 2017 a todo el año fiscal 2018. Bajo este escenario, el proyecto de reforma tributaria quedaría prácticamente enterrado.

Segundo, también hay preocupación por las dificultades que habrá para negociar un recorte de impuestos menos ambicioso, especialmente teniendo en cuenta que la propuesta que más reduciría el recaudo es la que está en el centro del proyecto republicano: recortar la tarifa del impuesto de renta corporativo de 35% a 20%, que restaría 2 billones de dólares en los siguientes 10 años.

Lo anterior se complica aún más al verificar que la propuesta que está provocando mayor resistencia de varios congresistas republicanos, es la eliminación de deducciones estatales y locales. Esta es una de las medidas que más contribuiría a compensar los recortes de los impuestos de renta, pues recaudaría 1,3 billones de dólares adicionales en 10 años. Teniendo en cuenta que los republicanos tienen una estrecha mayoría en el Senado (52 de los 100 senadores), es muy factible que éste sea un obstáculo para llegar a una nueva propuesta que disminuya los impuestos en una menor magnitud, consistente con lo permitido por el presupuesto de 2018.

Tercero, la autorización del presupuesto de 2018 para que el recaudo disminuya en los próximos 10 años, seguramente también permitirá que la reforma tributaria se tramite por un proceso legislativo denominado reconciliación. Este proceso tiene la ventaja de que solamente exige una mayoría simple en el Senado para que se apruebe la reforma tributaria, a diferencia del proceso regular, que exige una supermayoría de 60%. Sin embargo, también se debe cumplir la regla Byrd, la cual prohibiría que la reforma afecte el déficit fiscal a partir del décimo año. Según el TPC, la propuesta actual no cumple con este requisito pues aumentaría el déficit fiscal en 3,2 billones de dólares de 2028 a 2037.

Además, hay 4 senadores republicanos que han manifestado su desacuerdo con los planes de Trump y podrían no apoyar la propuesta de reforma tributaria. En este escenario, no se alcanzaría el 50% de votos necesarios para su aprobación. Bob Corker anunció que votará en contra de una reforma que aumente el déficit fiscal. Rand Paul criticó la propuesta por razones similares a las de Corker, aunque ha sido menos radical.
Susan Collins no se ha pronunciado, pero ha votado en contra de los cambios a la ley de salud y de otras propuestas legislativas relevantes en los últimos meses, lo que genera incomodidad entre los republicanos.

Finalmente, John McCain también fue de los pocos que votó en contra de los cambios a la ley de salud, se opuso a los recortes de impuestos que propuso Bush en 2001 y 2003, cuando también era senador, y ha manifestado su deseo de que las reformas sigan el conducto regular, el cual incluye a la participación de los demócratas.

Lo anterior implica que el estímulo fiscal asociado a la reforma tributaria será menor que el propuesto actualmente, al igual que su impacto en el crecimiento económico. Además, vemos una elevada probabilidad de que la discusión de la reforma tributaria se extienda a los primeros meses de 2018, en cuyo caso corre el riesgo de fracasar pues se ahogaría en la campaña electoral legislativa de próximo año. Por esta razón, seguimos siendo escépticos sobre la capacidad que tendrá la Reserva Federal para incrementar tres veces su tasa objetivo en 2018. Mantenemos nuestra expectativa de máximo dos incrementos el próximo año, con un sesgo a que sean menos.

Andrés Pardo Amézquita
Director Ejecutivo de Investigaciones
Económicas de Corficolombiana.

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