Casanare necesita administración transparente de las regalías

En el posconflicto el desarrollo de las vocaciones agrícolas, ganaderas y turísticas obligan a la construcción de los bienes públicos. 

Siete ríos se desbordaron en el departamento del Casanare.

El departamento no debe obstruir la actividad de hidrocarburos, sino poner orden finalmente a la manera de realizarla y de administrar sus dividendos.

Economía
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septiembre 05 de 2016 - 10:13 p.m.
2016-09-05

El petróleo brotó en Casanare en el mismo momento en el que Colombia inauguraba la Constitución Política de 1991 y, con ella, una descentralización que otorgaba mayores atribuciones y control sobre los recursos a los entes territoriales.

En ese nuevo contexto institucional este departamento creyó adquirir la autonomía que habían reclamado históricamente sus líderes, muchos de ellos en pie de lucha contra el centralismo y varios con viejas heridas abiertas de las guerras del Llano. Incluso las autodefensas de la región nacieron para resistir a los poderes centrales y no para luchar contra las guerrillas.

La bonanza petrolera de Casanare no contribuyó a la autodeterminación del departamento, sino a la captura de buena parte de sus instituciones por los poderes ilegales y, con esta, al control sobre la destinación de las rentas petroleras durante cerca de tres décadas. También, al esfuerzo continuo de las guerrillas por hacerse a ese control, irradiando su influencia armada desde Arauca, el Meta y el piedemonte de Cundinamarca.

En años más recientes, a estas confrontaciones se sumaron grupos de autodefensa que incursionaron para disputarles el poder a los originarios. Se calculan en cientos los muertos de las batallas que libraron estos grupos, entre principios y mediados de la década del 2000, paradójicamente en el contexto del proceso de desmovilización de esas estructuras.

El traumático crecimiento de Casanare transformó el paisaje, la población, las costumbres y trajo consigo la intranquilidad. El eslabonamiento en la cadena petrolera conllevó en gran parte de la población a renunciar a sus vocaciones productivas tradicionales. El exceso de liquidez, derivada de los salarios y el mercado de bienes y servicios encareció la economía regional, favoreciendo a pocos y perjudicando a muchos.
Pero no todo ha sido negativo. Los casanareños han venido construyendo un capital profesional calificado. También comunidades organizadas alrededor de objetivos compartidos. Después de un difícil tránsito, con más errores que aciertos, su sociedad política y civil finalmente se reconoce capaz de gestionar autónomamente su futuro.
Tienen con qué hacerlo. Además de petróleo, Casanare es una despensa agrícola y ganadera y uno de los más promisorios destinos turísticos del país. A diferencia de su vecino Arauca, el departamento ha venido desarrollando una activa economía de mercado.

Se dice con razón que en Casanare se adelantó el posconflicto. La sensible reducción de la violencia durante los últimos años ha dado paso a un fuerte activismo ciudadano y al incremento de la movilización social. En este ámbito el departamento tiene el desafío de asegurar que estas expresiones colectivas se encaucen por las vías del estado de derecho y no por las vías de hecho.

Las comunidades del Casanare, y especialmente su clase política, han resentido la reforma al régimen de regalías y la pérdida de su control por los entes territoriales. Una forma de expresarlo es a través de recurrentes paros y obstrucciones a la actividad petrolera. No habiendo costo de oportunidad esto resulta más fácil para los activistas. En esta materia se han sembrado lluvias y es probable que se cosechen tempestades. Esto dependerá en mucho de evitar que los competidores políticos que emergerán del proceso de reincorporación abusen de las garantías de movilización social para polarizar y pescar adeptos en nombre de causas ambientales y sociales.

Con menos recursos en las arcas, el camino para seguir en Casanare no es obstruir la actividad de hidrocarburos, sino poner orden finalmente a la manera de realizarla y de administrar sus dividendos.

Además de asegurar las buenas prácticas de la industria, especialmente en materia ambiental, es clave construir en forma técnica, y legitimar con las comunidades, proyectos estratégicos de desarrollo con capacidad de capturar recursos de regalías bajo los parámetros de su nuevo régimen.

Es bueno señalar que los recursos están disponibles, pero que, a diferencia del pasado, para acceder a ellos se necesitan primero los argumentos. Conforme a los criterios establecidos para el posconflicto, Casanare no sería priorizado para la destinación de los escasos recursos de su financiamiento. Así que los recursos no caerán del cielo ni estarán a disposición de la creatividad de los corruptos.

El desarrollo del potencial rural de Casanare obliga a resolver el difícil asunto del acceso y uso de las tierras. Será crítico reconstruir la tradición y asegurar la legitimidad de los procesos de restitución.

También poner a marchar proyectos que inviertan los fenómenos de concentración de tierras ociosas e improductivas. En este asunto cobra toda importancia la asociatividad campesina y su convergencia con las inversiones del sector privado.

En el mismo sentido, el desarrollo de las vocaciones agrícolas, ganaderas y turísticas del departamento obliga a la construcción de los bienes públicos rurales. El acceso a servicios públicos, la construcción de los distritos de riego y el mejoramiento de la infraestructura vial son tareas inaplazables.

En ese contexto, adicionalmente, la definición de un sistema de gobernanza del agua y en general de los recursos ambientales, que obliga a una planificación pensada para el crecimiento de la población y de la actividad rural en el escenario de posconflicto. En otras palabras, Casanare es un terreno fértil para la aplicación del acuerdo sobre desarrollo rural suscrito con las Farc.

Una buena gestión para el acceso y la administración transparente de los recursos de regalías por parte del sector público, junto con los estímulos a la inversión privada, son los ingredientes esenciales del futuro de este rico departamento.