‘Colombia debería ser más rica de lo que es ahora’

El premio Nobel de economía Angus Deaton afirma que la paz debe impulsar el desarrollo del país.

Angus Deaton

Lo que está mal con la ayuda extranjera es que la gente del país que recibe no tiene posibilidades de decir lo que quiere.

Economía
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Portafolio
septiembre 02 de 2016 - 07:13 a.m.
2016-09-02

Angus Stewart Deaton, premio Nobel de Economía el año pasado, habló sobre la importancia del acuerdo de paz para Colombia, el desarrollo de las sociedades a pesar de un panorama poco positivo, y la complejidad en la búsqueda de soluciones para los problemas económicos actuales.

Ha habido una mejora en la lucha contra la pobreza en el mundo y América Latina, pero estos tiempos son duros, ¿ve algún peligro de que se retroceda?

Creo que siempre hay un peligro de ir hacia atrás porque la historia te enseña que nada es seguro. Dije algo en la conferencia acerca de cómo la gente realmente no quiere retroceder.

La realidad es que el hecho de que el crecimiento económico se está desacelerando en todo el mundo, más el aumento de la desigualdad, está incrementando la inestabilidad política a nivel global. La inestabilidad política es la peor de todas, estos tipos tienen ejércitos, pueden empezar guerras y pueden suceder cosas horribles. Los peores hechos que sucedieron en el siglo XX fueron por roces políticos.

Se puede construir un escenario en el que pasan cosas muy malas y se puede ver como un retroceso. Pero aún así, la humanidad no olvida que ha tenido grandes logros, que sabe que ya estuvo en un buen periodo y que fue posible.

En el medio a largo plazo soy muy optimista y no pienso que estemos retrocediendo.

¿Cuál es su percepción de Colombia?

Pienso que soy un privilegiado de estar aquí en este momento en que todo está cambiando. Me impresiona su literatura y ustedes deberían ser más ricos de lo que son ahora.

Tal vez este proceso de paz haga que esto pase.

¿Cuáles problemas ve en América Latina?

Mucha desigualdad en Argentina y que el racismo no es un problema simple en Brasil. El problema es que no hay una receta para detener esto. Los grandes economistas saben muy poco del crecimiento económico, que es lo más importante de la economía.
Venezuela, por ejemplo, no se puede predecir, pienso que el comunismo es malo al final de cuentas, porque, por ejemplo, aleja la inversión y ellos no saben cómo estimular el crecimiento.

A quien le diga que puede estimular el crecimiento, usted no le querría creer.

Usted dice que las instituciones son claves para un país, ¿por qué?

Las instituciones incluyen la política, que trata con conflictos aún en tiempos de paz. Es una mala idea que la gente piense que puede seguir adelante sin instituciones, cuando estas la pueden hacer rica, por ejemplo.

Me preocupa el desmoronamiento de las instituciones. Yo fui un niño pobre que creció en una ciudad muy lúgubre y sucia, pero que tenía buenas instituciones.

Las instituciones, librerías y museos eran accesible a todos. Fui a un muy buen colegio cuando niño. Nadie me empujó a usar estas instituciones pero estaban allí. Las hay muy buenas en el mundo actualmente, ¿pero están abiertas a todo el mundo?

¿Cuál es el rol de los impuestos en la desigualdad?


He estado luchando con eso. No estoy muy seguro de lo que pienso. Alguien obtuvo el premio Nobel porque escribió sobre la función del bienestar social en el que los márgenes de los ricos no eran diferentes a los de la gente pobre.

A uno le gustaría un mundo en completa igualdad, pero si se hace eso, no habría nada para dividir, por lo que hay limitaciones.

Hay que tener impuestos y usted tiene que pagar por la educación. ¿Pero cuánto debe ser local, central? No tengo una idea clara en mi cabeza.

Ahora, hay una gran cantidad de personas pobres, ¿Va a renunciar a la distribución del todo? Ahí lo que me preocupa es que los niños pobres no puedan educarse.

Necesitamos un nuevo trabajo teórico sobre cómo ‘negociar’ los impuestos con la
eficiencia.

No creo que la mayoría de nosotros pensemos que el capitalismo es inevitable, lo que creo es que la mayoría de nosotros estamos convencidos de que no sería un buen mundo para vivir.

¿Cuáles son sus preocupaciones en el corto plazo?


Si me hubiera preguntado en el 2008, habría dicho que estaríamos mucho mejor después de la recesión, pero no hubiera pensado que aún en el 2016 estaríamos sufriendo tanto.

Los políticos en todas partes parecen estar paralizados por la austeridad. Parece una locura. Yo pensé que habíamos aprendido para no hacerlo más, pero parece que no.
Es algo autoinflingido. Todo ellos se pueden sentar en el G20 y ponerse de acuerdo en estimular las economías, al mismo tiempo que no lo harían porque no creen en ello. Los bancos centrales están tratando de hacerlo todo por sí mismos. Sin las suficientes herramientas.

¿Cuál es su consejo entonces?

Una parte muy importante es reunir todos los datos, muchas personas han sido acusadas de falsear datos en Grecia o Argentina. No se me ocurre cómo usted mismo sabría si lo está haciendo bien si no tiene esos números.

La industria no ha sido muy fuerte en eso tampoco. No sabemos mucho -no estamos recaudando los préstamos en muchos de los países- aunque Latinoamérica lo está haciendo muy bien.

Es difícil. Es una cuestión política, hay que dejar que los políticos persuadan a la gente.
Usted parece escéptico a pesar de los avances de las últimas décadas, ¿por qué?
La reducción de la pobreza comenzó en 1980.

La mejora de la esperanza de vida a nivel mundial comenzó en 1800 y lentamente se ha expandido por todo el mundo, impulsada por las innovaciones que han ocurrido.

Creo que es absurdo pensar que la innovación se está acabando y que el mundo no va a crecer más.

Desde el siglo de las luces la gente ha pensado que puede utilizar el poder de la razón para mejorar ellos mismos, ese proceso no es predecible a lo largo de 4 o 5 años, o incluso durante décadas. Las teorías toman mucho tiempo para entrar en vigor.

Por ejemplo, el ‘Evangelio de los gérmenes’ -cómo la teoría de la propagación de los gérmenes se expandió por América- tomó 30 o 40 años. Hasta 1920 no cambiaban las sábanas entre cada huésped.

La gente está buscando para invertir en todo el tiempo. Quiere ser rica y tener un mejor nivel de vida. Soy un escéptico, como el típico escocés, un escéptico empirista.

Ricardo Ávila Pinto
Director Portafolio