David Bardey
columnista

Premios nobel de economía 2016 y las carencias en Colombia

El número de investigadores activos en temas de teoría de contratos y organización
industrial se cuentan en los dedos de una mano.

David Bardey
Economía
POR:
David Bardey
noviembre 01 de 2016
2016-11-01 08:10 p.m.
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La asignación este año del Premio Nobel de Economía a Oliver Hart y Bengt Holmstrom confirma la supremacía de la economía de la información de la teoría de los contratos y de los incentivos sobre la microeconomía contemporánea.

En efecto, este galardón se puede ver como la continuación de premios anteriores: los de Hurwicz, Myerson y Maskin (2007), pero también los de Mirrlees y Vickrey (1996) y Akerlof, Spence y Stiglitz (2001). Además, si bien el nobel otorgado a Jean Tirole (2014) fue principalmente por sus trabajos sobre la organización industrial de los mercados, el enfoque con el cual Tirole aborda estas preguntas contiene muchas de las herramientas de teoría de contratos, a la cual ha contribuido también de manera significativa.

Muchas veces escuchamos a los economistas promover y alardear sobre el mercado y la competencia. Pues, bajo algunas condiciones, es efectivamente un medio poderoso para llegar a asignaciones eficientes (las cuales pueden resultar injustas, pero eso es otra pregunta). No obstante, lo que han mostrado estos economistas es que muchos mercados no satisfacen estas condiciones, especialmente cuando se presentan asimetrías de información.

Por ejemplo, cuando el comprador no puede observar la calidad del producto objeto del intercambio, Akerlof muestra que, frente a este problema de selección adversa, los mercados, aun cuando son competitivos, presentan fallas muy graves. Lo mismo pasa en los mercados de los servicios cuando la calidad del servicio ofrecido depende del esfuerzo realizado por los vendedores y que el contratante no lo puede observar.

En estos casos, se deben diseñar contratos para estimular estos esfuerzos, con acuerdos que contengan una remuneración variable que dependa de los resultados obtenidos. Mejor dicho, los contratos deben, entonces, complementar los mercados para que funcionen mejor.

Este último fenómeno es conocido bajo el nombre de riesgo moral, al cual Bengt Holmstrom ha dedicado una gran parte de sus investigaciones. Resumir todos sus trabajos en algunas líneas sería muy ambicioso, pero en pocas palabras diría que ha estudiado el arte de ‘alinear los incentivos’ entre las dos partes de un contrato, más precisamente cuando un contratante delega una tarea a un contratista.

Dar una remuneración fija a un agente de finca raíz no le genera incentivos para buscar un comprador o para aumentar el valor de la transacción. En el caso opuesto, tener un contrato en el cual el agente de finca raíz tiene una remuneración totalmente variable implica que el agente tiene que asumir un riesgo alto, pues alinear los incentivos conlleva, generalmente, transferir el riesgo al agente.

Una de las grandes contribuciones de Holmstrom es mostrar cómo dosificar bien esta transferencia de riesgo. Obviamente, este análisis no se limita al tema del corredor de finca raíz y tiene una multitud de aplicaciones, tales como la remuneración de los managers en las empresas, los contratos laborales, los contratos financieros, etc.
De su lado, la contribución de Hart en la teoría de los contratos se ubica más en el enfoque que los microeconomistas llaman ‘los contratos incompletos’.

Es decir, hablamos de contratos incompletos cuando no se puede predecir todas las contigencias y, por ende, no se pueden escribir contratos que las contengan todas.

Este enfoque es muy útil en el sentido de que si los convenios fueran completos, sería muy complicado para los economistas entender la diferencia entre el sector público o privado, o comprender la diferencia entre una relación contractual que une dos empresas y un esquema de integración vertical puro. Hart muestra en sus trabajos que, en un mundo de contratos incompletos, los derechos de propiedad juegan un papel fundamental porque en alguna medida ya son emisores de incentivos. Con este enfoque, los trabajos de Hart analizan la teoría de la firma, el tamaño apropriado del sector público, los contratos financieros, etc.

Terminaré esta columna con un llamado de atención. Como lo resalté al principio, recordando diferentes ganadores del premio nobel, podemos hablar de la supremacía de la teoría de los contratos y de sus incentivos, y de la organización industrial en la microeconomía contemporánea.

Por eso, uno podría creer que la composición de los departamentos de economía en las universidades debería reflejar esta supremacía con gran cantidad de investigadores trabajando en desarrollar estos temas. Si bien es cierto en muchos departamentos en el mundo, infortunadamente no lo es en un país como Colombia.

El número de investigadores activos en estos temas de teoría de contratos y de organización industrial en las facultades de economía del país, se cuentan en los dedos de una mano, lo que tiene efectos que van más allá de la posición de nuestros áreas en las clasificaciones que miden las publicaciones académicas y sus impactos en la comunidad científica.

Hay muchos sectores de la economía colombiana, como el de la salud y la educación, en los cuales los incentivos parecen claramente mal diseñados. En los ramos objeto de regulación como el energético, las asimetrías de información que caracterizan la relación entre el regulador y las firmas de estos sectores no son suficientemente tenidas en cuenta. Estas fallas estructurales saltan a la vista cuando se analiza bajo el prisma de las teorías mencionadas.

Pero, dado el número restringido de investigadores especializados en estas áreas, es un eufemismo afirmar que estas fallas no tienen sus días contados y que va a tomar un tiempo solucionarlas.

David Bardey
Universidad de los Andes, Facultad de Economía - Cede

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