¿Cómo volver a crecer?

A una economía como la nuestra solo le queda un camino, elevar la productividad. 

Crecer economía

Parte de la respuesta está en la mejora del entorno de los negocios, con una fórmula conocida: aumentar la inversión, expandir la infraestructura y mejorar la calidad de la educación.

Archivo Particular

Economía
POR:
Mauricio reina
julio 21 de 2017 - 03:00 p.m.
2017-07-21

Después de haber crecido a tasas superiores a 4,5 por ciento anual durante más de una década, en el 2014 la economía entró en una trampa de bajo dinamismo y no ha podido salir de ella. Tras conocer el decepcionante desarrollo del PIB del primer trimestre, de apenas 1,1 por ciento anual, cada vez más gente se pregunta: ¿cómo volver a progresar?

En primera instancia, las miradas se dirigen al Banco de la República, al que algunos señalan de estar siendo muy cauto a la hora de reducir sus tasas de interés. Como es sabido, la reducción del costo del dinero estimula el consumo y la inversión, y potencia la actividad económica.

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Por eso, en los últimos seis meses el Banco ha reducido su tasa en 1,5 puntos porcentuales. Si no lo hizo antes fue porque estaba conjurando la amenaza inflacionaria: hay que recordar que hace apenas un año esta rondaba el 9 por ciento.

Mientras que el país tuvo la lotería del auge
del sector minero-energético y la abundante liquidez internacional,
nos dedicamos a comprar carros de lujo sin invertir en mejorar el capital físico y humano.

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Pero si de verdad alguien cree que podemos volver a crecer por encima del 4 por ciento anual a punta de reducciones de la tasa de interés, es por- que no ha entendido el problema que enfrentamos. Una economía como la nuestra solo puede crecer de dos maneras. La primera es impulsada por una gran bonanza externa, como la que tuvimos durante más de diez años.

El auge del sector mineroenergético y la abundante liquidez internacional representaron cuantiosos recursos que alimentaron una gran expansión del gasto público, la inversión y el consumo privado. Conviene resaltar que un fenómeno como este es impredecible y ajeno al control de las autoridades, por lo que dista de ser una estrategia de crecimiento.

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En ausencia de una lotería externa como esa, otro camino para crecer es elevar el rendimiento de los factores. Con un mayor nivel de producto por unidad de capital o de trabajo, se aumenta la remuneración de esos factores, el ingreso per cápita y el crecimiento.

Lamentablemente, en ese frente las noticias son pésimas: como lo ha mostrado el Consejo Privado de Competitividad, la productividad de un trabajador colombiano es, en promedio, apenas la mitad de uno chileno y menos de la cuarta parte de uno estadounidense. Lo peor de todo es que la utilidad laboral relativa lleva una década estancada, lo que significa que mientras tuvimos la lotería nos dedicamos a comprar carros de lujo sin invertir en mejorar el capital físico y humano.

economía crece

El auge del sector minero-energético y la abundante liquidez internacional representaron cuantiosos recursos que alimentaron una gran expansión del gasto público, la inversión y el consumo privado.

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Ahora que se nos acabó la bonanza internacional, estamos enfrenta- dos a lo que somos: una economía ineficiente. En ausencia de impulsos externos, la economía crecerá al ritmo que crezca nuestra productividad, es decir, muy poco.

¿Y cómo se logra avanzar en ese frente? Parte de la respuesta está en la mejora del entorno de los negocios, con una fórmula que ya es bastante conocida: aumentar la inversión, expandir la infraestructura y mejorar la calidad de la educación, a la vez que hay que reducir los costos de la energía, los tributos empresariales y los excesivos trámites.

Estas medidas mejorarían el entorno que enfrentan las empresas, pero de puertas para adentro también hay mucho por hacer. En este siglo han sido mínimos los aumentos de la productividad física, los avances tecnológicos y las innovaciones de negocio que se han registrado en las firmas colombianas. Una parte significativa del sector privado nacional se acostumbró a tener crecimientos de ventas aceptables en el marco de un mercado interno en expansión y bastante protegido, sin ocuparse de elevar su productividad.

Si alguno piensa que esta es una descripción errada y que en Colombia no se puede subir de puertas para adentro, conviene señalar las excepciones. Mientras que la mayoría de las empresas nacionales crecían al ritmo que les permitía la economía doméstica, unas cuantas optaron por expandirse más allá de las fronteras y encarar una competencia más exigente con innovación y competitividad. Hablo de las llamadas multilatinas colombianas, que en los últimos 15 años multiplicaron sus ventas, incrementando su rendimiento varias veces más que el promedio de la economía.

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Las tareas pendientes son claras, pero no será fácil desarrollarlas. Las autoridades deberían avanzar en la agenda de competitividad ya enunciada, pero para hacerlo tendrían que pisar varios callos: hacer política sin feriar los recursos públicos, luchar eficazmente contra la corrupción, erradicar la captura del Estado por parte de actores privados e introducir la productividad en las discusiones salariales con los poderosos sindicatos estatales. 

Por su parte, los empresarios que claman por protección y ayuda del Estado deberían empezar por elevar la productividad física y explorar los mercados internacionales, siguiendo el camino que han trazado las multilatinas nacionales durante los últimos quince años.

O unos y otros pueden sentarse a esperar a que llegue una nueva bonanza externa, pero, eso sí, que esperen sentados. 

Mauricio Reina 
Investigador Asociado de Fedesarrollo