Crecimiento económico regional: perspectivas y retos

Lograr que las economías departamentales sea más armónico y que se diversifiquen permitirá que se materialice el potencial del mercado interno.

Hasta ahora, el Dane ha llegado a 158.000 predios campesinos.

La señal más esperanzadora corre por cuenta de la agricultura, que con crecimientos de dos dígitos fue la actividad con el mejor desempeño.

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junio 05 de 2017 - 10:06 p.m.
2017-06-05

Si hay algo que define a Colombia es que es un país de regiones. Sin embargo, cuando se analiza la coyuntura económica, este rasgo suele pasarse por alto.

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Tomemos el caso de la actividad productiva. Últimamente ha corrido mucha tinta acerca de los pobres resultados del PIB en el comienzo de 2017 y de las alternativas para generar una rápida recuperación. Sin embargo, poco se ha dicho sobre el desempeño económico esperado para los departamentos en 2017.

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Una razón para no analizar el desempeño económico regional es poca disponibilidad de información. Por ejemplo, al momento de redactar esta columna el Dane apenas se aprestaba a publicar los datos de PIB departamental correspondientes a 2016.

Para compensar esta limitación, en Bancolombia realizamos un pronóstico del crecimiento para los departamentos y el Distrito Capital. Para lograrlo, cruzamos los últimos datos de composición del PIB departamental desde el lado de la oferta con nuestras proyecciones de crecimiento sectorial.

Los hallazgos de dicho ejercicio revelan dos perspectivas complejas. La primera es que en 2017 solo cuatro regiones (Bogotá, Valle, Antioquia y Atlántico) van a crecer por encima del 2%. Esto quiere decir que el 88% de los departamentos experimentarán una expansión productiva inferior al promedio nacional. En lo que va de este siglo el único año en el que se había visto un porcentaje similar fue en 2010, cuando se registró un 73%. Es decir, la actividad no solo se va a expandir este año a una tasa inferior a su potencial, sino que este magro crecimiento estará concentrado en los principales centros productivos.

La segunda es que, de los departamentos que estarán en el fondo del listado de crecimiento, hay cinco (Putumayo, Casanare, Meta, Vichada y Guajira) en los que por tercer año consecutivo la actividad productiva tendrá una variación menor al crecimiento de su población. Lo anterior implica que estas zonas están sufriendo un proceso persistente de caída en el ingreso por habitante.

A esto se suma que el ciclo económico de estos departamentos es mucho más volátil que el del resto del país. La consecuencia de todo ello es un deterioro de las condiciones sociales en dichas regiones, que golpea con especial dureza a la Guajira, en donde más de la mitad de la población se encuentra por debajo de la línea de pobreza.

Una de las explicaciones para los resultados divergentes entre departamentos está en la composición sectorial. Las zonas que están creciendo más que la media son aquellas en donde está focalizada la dinámica de los establecimientos financieros y las actividades inmobiliarias, sectores de mayor expansión en los últimos años. Por su parte, los departamentos con los menores registros recientes dependen de la minería, que todavía acusa los efectos causados por la caída de los precios de las materias primas.

Como si lo anterior no fuera suficiente, varios de los sectores cuya presencia está más diseminada a lo largo del país (y que por lo tanto podrían contribuir a promover un crecimiento más balanceado), entre los que se incluyen el comercio, la construcción y el transporte, viven un presente complejo debido a la debilidad de la demanda interna.

En este retador panorama la señal más esperanzadora corre por cuenta de la agricultura, que con crecimientos de dos dígitos fue la actividad con el mejor desempeño en el primer trimestre y tiene una participación relevante en la estructura productiva de muchos departamentos. Si a esto se agrega el hecho de que el posconflicto abrirá posibilidades de inversión agrícola que hasta hace un tiempo no eran factibles, concluimos que el agro puede ser una de las actividades llamadas a cerrar las brechas económicas entre departamentos.

Este tipo de consideraciones son necesarias porque una cosa es clara: Colombia requiere repensar la forma en la que se maneja el ciclo económico y en la que se busca impulsar el crecimiento potencial. Por supuesto que el choque petrolero nos condujo a una fase de baja expansión productiva que a nadie satisface, y que para superarla y no arriesgar los avances sociales alcanzados en la última década es importante incrementar la tasa absoluta de crecimiento.

No obstante, el crecimiento armónico entre las diferentes regiones también debe ser una prioridad para la política económica y un frente de trabajo de interés para el sector privado. Es así como aquellos departamentos que centraron sus apuestas productivas en sectores proclives a los vaivenes de los mercados mundiales tienen que potenciar actividades complementarias que suavicen sus ciclos.

Además, hoy en día se dice con insistencia que la reducción de tasas de interés no puede ser la única opción sobre la que descanse el despegue de nuestra economía. Pues bien: los proyectos de desarrollo a nivel local, incluyendo aquellos que implican procesos ambiciosos de modernización y transformaciones sustanciales de la dotación urbana son excelentes alternativas para apoyar regiones y sectores que están atravesando por dificultades.

Como vemos, poner de relieve la dimensión regional del crecimiento es una tarea inaplazable. Lograr que el desempeño de las economías departamentales sea más armónico, que se diversifiquen sus estructuras productivas y que se abran paso iniciativas que aceleren el crecimiento de actividades con impacto en toda la geografía colombiana no solo va a hacer que se pueda materializar el potencial de nuestro mercado interno, uno de los más relevantes de América Latina. Se trata, sobre todo, de una deuda pendiente con los colombianos que habitan en las regiones económicamente más rezagadas del país.

Juan Pablo Espinosa
Gerente de Investigaciones Económicas Bancolombia

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