Cúcuta no aprovechó el cierre de la frontera para ser autosuficiente

La dirigencia local prometió aprovechar el cierre de la frontera con Venezuela para impulsar medidas que independizaran económicamente a la región.

Frontera con Venezuela

Los colombianos se volcaron en solidaridad con esos compatriotas, la frontera se cerraba y todos los estamentos sociales.

EFE

Economía
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Portafolio
agosto 25 de 2016 - 10:19 p.m.
2016-08-25

Hace exactamente un año, los colombianos que vivían en una invasión en San Antonio del Táchira (Venezuela) estaban trasteando sus pertenencias a través del río limítrofe expulsados por orden del presidente de ese país, Nicolás Maduro.

Los colombianos se volcaron en solidaridad con esos compatriotas, la frontera se cerraba y todos los estamentos sociales, económicos y políticos de Cúcuta y Norte de Santander exclamaban a los cuatro vientos indignados que esa era la oportunidad para que la región dejará de depender económicamente de Venezuela y que se hacían necesarias acciones estructurales para cambiarle el perfil a la ciudad y volverla, por fin, un polo de desarrollo industrial. (Lea: Llantas y repuestos podrán movilizarse por la frontera colombo-venezolana)

Sin embargo, ya pasaron 365 días, 357 de ellos con la frontera cerrada y todos los estamentos de la ciudad comenzaron a pedir al unísono la apertura de la frontera, como una medida para paliar la crisis económica de la ciudad.

Durante ese año aumentaron los ya altos índices de desempleo e informalidad, el número de locales comerciales cerrados en pleno centro de la ciudad, bajó la construcción, las aerolíneas disminuyeron sus itinerarios, se desplomó la importante actividad carbonífera, los hoteles, casas de cambio de divisas y las agencias de viaje cerraron o tuvieron que despedir empleados, mientras que sectores como las estaciones de servicio, el comercio de víveres y abarrotes, los arroceros y, en menor medida, los frigoríficos vieron mejoras en sus negocios. (Lea: Ahora, el Gobierno venezolano la emprende contra las panaderías)

De esos cambios estructurales: facilidades para atraer industria, interconexión vial con el resto del país y el acceso universal a gas, no quedó nada.

El Gobierno Nacional creó una serie de medidas para paliar la crisis en los primeros meses, como recursos para empleos temporales, reconversión para los pimpineros, exención del IVA y 7.000 millones de pesos para la ampliación y mejoramiento de la zona franca, pero la ayuda para crear condiciones para volver a Cúcuta una zona industrial mediante un plan de emergencia, “no lo hicieron argumentando que tendrían que hacerlo a lo largo de toda la frontera, y eso era imposible”, dice un dirigente de la ciudad que estuvo al frente de la situación en esos momentos.

La vital interconexión con el resto del país, necesaria para sacar los supuestos productos de la región, tampoco está asegurada. “La vía Cúcuta - Ocaña sigue sin financiación, la vía Pamplona - Cúcuta espera aún la reestructuración del modelo financiero y nada que se puede desarrollar, el gasoducto o la explotación del gas de esta cuenca aún siguen siendo solo anhelos”, asegura Jaime Rodríguez, presidente ejecutivo de Asocarbón.

Ante este panorama se esperaba la acción de las autoridades locales. Martín Martínez, secretario de Hacienda de Norte de Santander, afirma que la administración, en una región con vocación agrícola, está determinando de cuáles productos agrícolas incentivar su cultivo. “Lo de atraer industria y fábrica le compete a cada municipio, dar las garantías tributarias para atraer inversión”, aclara. (Lea: La frontera colombo-venezolana volvería a la época del 'trueque')

Un dirigente gremial, que pidió no ser identificado, afirma que acuerdos y ordenanzas para incentivar nuevas inversiones no se han dado, como tampoco beneficios en la parte tributaria.

Otro comenta que “se perdió una año para lograr esa nueva frontera que todos anhelábamos. En las soluciones estructurales y la búsqueda para industrializar a la región no se hizo nada”.

Una dirigente gremial que tampoco quiso ser identificada añade que “como una persona del común veo que estamos igual que hace un año porque falta gente de empuje. Perdimos el año. Que el Gobierno departamental y local digan en qué se aprovechó el tiempo”.

Gladys Navarro, presidenta de Fenalco, admite que hay temas estructurales que todavía no se han dado, “todo es incierto. Seguimos dependiendo de los venezolanos”.
Fue un año perdido, no solo porque no se hizo la tarea respecto
a medidas estructurales para cambiar la vocación de desarrollo de la ciudad, sino que tampoco se trabajó en las condiciones que motivaron el cierre de la frontera: el contrabando y la inseguridad continuaron.

Como se puede comprobar en los cerca de cuatro millones de galones de gasolina de contrabando que todavía entran a la región y las cerca de 50 toneladas de carne, de las 80 que consume la ciudad diariamente.

En cuanto a inseguridad son continuos los enfrentamientos a bala de las bandas criminales del contrabando con las autoridades colombianas.

En cambio, la clase dirigente destaca como positivo que la ciudad no haya vivido la hecatombe que se presentía sin el comercio con Venezuela. “Cúcuta sobrevivió, no hubo un desastre económico y social como la gente lo advertía, sino que desarrolló una economía propia”, explica Andrés Hoyos, presidente del Comité Departamental de Ganaderos de Norte de Santander.

María Eugenia Martínez, representante del gremio de estaciones de servicio del departamento, manifiesta que la ciudad no se quebró como todo mundo pensaba “no nos morimos de hambre ni nos echamos a morir”.

Sostienen también que el cierre de la frontera fue positivo para crear una cultura de no comprar productos de contrabando, cuando antes se compraban desde los alimentos hasta los productos de aseo.

De la misma manera, están de acuerdo con las medidas que se están adoptando para abrir la frontera hace dos semanas, como el control migratorio, la seguridad y el combate al contrabando.

Jaime Rodríguez opina que los cambios estructurales están llegando por otra vía “que es la de fortalecer la condición de frontera, mejorando el control migratorio y aduanero, invirtiendo en los pasos fronterizos, siempre pensando en lograr que la frontera al reabrirse sea más segura y ordenada.

LOS MALOS ÍNDICES DE LA REGIÓN

La región tiene algunos de los peores índices del país en cuanto a desempleo e informalidad, carencia de industria, exportaciones, crecimiento económico por debajo de la media nacional, niveles de inversión, actividad científica, tecnológica y de innovación, competitividad empresarial, aumento de la pobreza, falta de un transporte público masivo, abastecimiento de agua y es una de las más inseguras del país y del mundo.

Pedro Vargas Núñez
Subeditor Portafolio
Cúcuta