El odio hacia Soros es señal de un problema global | Economía | Portafolio

El odio hacia Soros es señal de un problema global

Para una nueva generación de nacionalistas, el inversionista se ha convertido en el villano perfecto. 

George Soros

En la década de 1990, Soros estaba en sintonía con el espíritu de la época, utilizando los miles de millones que había ganado para apoyar la transición a la democracia en la Europa postcomunista.

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septiembre 22 de 2017 - 07:30 p.m.
2017-09-22

George Soros, el multimillonario inversionista y filántropo, ha tenido un año muy ocupado: desde principios de 2017, ha fingido un ataque químico en Siria, financiado marchas anti-Trump en Washington, elaborado el ‘plan de Soros’ para inundar a Hungría con refugiados, forzado un cambio de gobierno en Macedonia, socavado al primer ministro israelí y consiguió que varios ayudantes clave de la Casa Blanca fueran despedidos. No está mal para un hombre de 87 años.

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Todas éstas son, por supuesto, teorías conspirativas. Pero el hecho de que hayan surgido este año — y todas ellas lleven el nombre de Soros — no es sólo una curiosidad. Refleja algo importante y preocupante acerca de la política global.

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En la década de 1990, Soros estaba en sintonía con el espíritu de la época, utilizando los miles de millones que había ganado en finanzas para apoyar la transición a la democracia en la Europa postcomunista y en otros lugares. Pero ahora el clima político cambió y las ideas liberales están en retirada.

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Para una nueva generación de nacionalistas — desde EE. UU. hasta Rusia y Hungría — Soros se ha convertido en el villano perfecto. Es un internacionalista en una época de nacionalismo. Es partidario de los derechos individuales, no de los grupos. Es el 29º hombre más rico del mundo, según la lista de Forbes. Y también es judío, por lo que fácilmente puede desempeñar el papel del financiero internacional sombrío y manipulador, una vez reservado para los Rothschild.

Una de las narraciones más desagradables de la propaganda anti-Soros de este año lo vinculó explícitamente a los viejos insultos contra los Rothschild. Cuando los nacionalistas apoyando el ‘EE. UU. Primero’ se preocuparon de que HR McMaster, asesor de seguridad nacional del presidente Donald Trump, purgaría a sus aliados de la Casa Blanca, crearon un sitio web llamado ‘McMaster leaks’, que contenía una caricatura del consejero siendo manipulado por titiriteros, Soros y los Rothschild.

En 1989, uno de los beneficiarios de una beca Soros para estudiar en Oxford fue un joven activista húngaro llamado Viktor Orban. Hoy, es primer ministro de Hungría y demoniza a su benefactor. El líder húngaro ha denunciado un supuesto ‘plan de Soros’ para inundar a Hungría con musulmanes en el centro de su campaña de reelección.

No existe tal plan. Lo que sí es cierto es que Soros ha respaldado generosamente a las organizaciones benéficas de refugiados y también ha apoyado el plan de la Unión Europea para reasentar a los refugiados sirios dentro de todo el bloque, incluyendo a Hungría.

Eso fue excusa suficiente para que Orban empapelara el país con carteles con una imagen del sonriente personaje, con el mensaje: “No dejes que Soros tenga la última palabra”.

La demonización de Soros en Hungría, donde nació, no es un caso aislado. En el último año, ha sido denunciado por líderes políticos en Macedonia, Polonia, Rumania y Turquía, todos los cuales sostienen que está conspirando en contra de ellos.

La paranoica derecha en EE. UU. también produce material anti-Soros. Comenzando en 2007, fue denunciado en Fox News como el “Doctor Maligno del mundo en las fundaciones de izquierda”. Los origen del odio en el país se remontan a su oposición a la guerra de Irak. Su apoyo a las causas liberales, así como a las instituciones internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU), ha mantenido a la olla de la extrema derecha hirviendo.

Claramente existe un elemento de cámara de eco en las campañas anti-Soros en todo el mundo, dado que los grupos de extrema derecha acogen las mismas teorías de conspiración. No obstante, algunos líderes tienen razones más concretas para temer a la Open Society Foundation, o la Fundación para una Sociedad Abierta, de Soros, que financia a organizaciones de la sociedad civil que promueven la educación, libertad de prensa, a las minorías e iniciativas anticorrupción.

En 2015, el Gobierno de Vladimir Putin expulsó a la Fundación para una Sociedad Abierta de Rusia ya que no estaba dispuesto a tolerar su apoyo de organizaciones como Memorial, que apoyaba investigaciones sobre el terror soviético.

Las actividades de Soros lo han convertido en un blanco en Israel. El obvio antisemitismo en muchas de las campañas anti-Soros en todo el mundo evidentemente le importa menos al Gobierno de Netanyahu que el apoyo del empresario a los derechos de los palestinos y otras causas impopulares para la derecha israelí.

Yair Netanyahu, hijo del primer ministro Benjamín Netanyahu, reeditó recientemente una caricatura suya mostrándole el mundo a una criatura reptiliana, el tipo de imagen que su padre denunciaría rutinariamente como antisemita si hubiera sido publicada por otra fuente.

Los teóricos de la conspiración tienen una explicación para todo. Por lo tanto, el hecho de que el Financial Times publique una columna defendiendo a Soros simplemente será considerado como una prueba más de su infausta influencia.

Hay que hacer constar que he tenido precisamente dos conversaciones con Soros. En ambas ocasiones, estuvimos en el mismo panel público en seminarios organizados por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, un laboratorio de ideas que él financia parcialmente.

Nunca hemos tenido una conversación privada y ciertamente no lo llamaría un amigo. Pero no dudo en aplaudir su filantropía. El hecho de que incluso necesite ser defendida dice algo triste acerca de los tiempos en que vivimos. 

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