análisis

Las agridulces cifras del empleo en Colombia

La no ampliación del mercado interno deja de lado una fuerza motora de demanda efectiva que puede potenciar mucho del desempeño de empresas.

Pedro Miguel Vargas
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Pedro Miguel Vargas
abril 03 de 2017
2017-04-03 11:49 a.m.

A fines de marzo de 2017 se dieron a conocer por parte del Dane cifras actualizadas acerca del comportamiento del empleo en el país. El énfasis, como es normal en este tipo de informes, se hace en los centros urbanos, en las principales ciudades colombianas.

El resultado no deja de ser agridulce. De manera global el desempleo abierto subió y se ubicó en 10,5 por ciento de la población económicamente activa –la población que entre 15 y 65 años de edad busca trabajo-, es decir no se incluye en ese total fundamentalmente, a estudiantes y amas de casa.

Existen ciudades que demuestran un desempeño alentador. Entre ellas destaca Santa Marta (desempleo de 8%), Barranquilla (8,2%) y Cartagena (9,5%). También en Bucaramanga se reporta una generación importante de oportunidades laborales. El mayor dinamismo de la costa atlántica es atribuido al comercio y al desenvolvimiento del sector turismo.

Por otra parte -y esto es preocupante y estaría detrás del aumento global del desempleo en Colombia- se ubican grandes centros poblados como la misma Bogotá (11,5%), Cali (12,1%), Medellín (11,8%) y Manizales (12.4%). En particular las tres primeras ciudades mencionadas contribuyen con el desempleo abierto a generar mayores problemas para los ingresos municipales, la demanda y carencia de servicios públicos y a acrecentar, en las áreas marginales, los problemas de hacinamiento.

La mayor preocupación en todo caso, como ocurre en la generalidad de países latinoamericanos, no es el desempleo abierto, sino el subempleo. En efecto, en el país se ha estimado que las economías informales o subterráneas llegan a contener a un 52 por ciento de la población económicamente activa. Esto influye decisivamente en el mantenimiento y aumento de la población en condición de pobreza tanto extrema como no extrema.

Como ocurre en muchos países en desarrollo, la no ampliación del mercado interno deja de lado una fuerza motora de demanda efectiva que puede potenciar mucho del desempeño de empresas. En este sentido se pierde un componente que es más gestionable desde los países, y expone las economías de los mismos a los embates externos que pueden adquirir gran significado, como fue el desplome, hace poco, de los precios de petróleo.

Esto último afectó los ingresos no tributarios del gobierno de Colombia, con lo cual se tuvo que llevar a cabo una reforma tributaria, que, entre otros componentes aumentó el IVA de 16 a 19 por ciento. Con ello, de nuevo, se contrae la demanda interna y se pierde la oportunidad de generar un dinamismo más basado en fuerzas sub-sistémicas que externas. Esto es algo que contrasta con las economías más grandes o desarrolladas. En estas últimas, las condiciones tienden a ser menos vulnerables y hasta cierto punto, menos volátiles.

Por Giovanni E. Reyes, director de la Maestría en Dirección de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario.
Especial para Portafolio


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