La felicidad laboral no depende del trabajo ideal

El mejor trabajo no garantiza ninguna felicidad sino que depende de uno mismo, advierte el experto en emprendimiento y liderazgo Pablo Claver.

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La actitud hacia el trabajo también dice mucho de la calidad del profesional.

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mayo 12 de 2017 - 08:07 p.m.
2017-05-12

“La felicidad laboral depende de uno. El trabajo ideal casi nunca se consigue y cuando lo puedas tener al final das con un jefe con el que no tienes química o suceden cosas que no te esperabas”, sentencia Pablo Claver, conferencista y escritor experto en emprendimiento, felicidad laboral, liderazgo e innovación.

La filosofía es disfrutar del trabajo que tenemos actualmente, agrega Claver. Disfrutarlo “aquí y ahora, y eso lo podemos conseguir teniendo buenos hábitos que nos hagan ser conscientes del momento y disfrutemos todo lo que podamos. Para ser feliz en el trabajo y en la vida, nos tenemos que conocer muy bien para cambiar algunas cosas en nosotros mismos”.

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Con algunas actitudes es posible cambiar el clima laboral que uno percibe día a día en el trabajo. Hay que dejar de quejarse por todo, mostrar gratitud y tratar de ser empáticos.

Cuando se tiene un mal jefe o pésimas condiciones laborales el ánimo se afecta. “Sin duda que cambian las cosas. Pero no nos podemos conformar. Tenemos que aprender a llevarnos con jefes con los que no tengamos muy buena química. Muchas veces, si nos ponemos en los zapatos de nuestros jefes y les proponemos soluciones en vez de esperar que nos solucionen todo y cumplimos lo que prometemos, la relación suele mejorar”.

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Aunque parezca difícil, la mejor opción es tratar de rescatar las buenas cosas en situaciones adversas. Se estima que una persona trabaja más o menos 10.200 días a lo largo de la vida. “Si por lo que sea el trabajo no nos satisface, pero tenemos buenos hábitos adquiridos, llegado el momento podremos cambiar de trabajo y nos llevaremos nuestra felicidad a otro lado. Tenemos que disfrutar, incluso los más de 2.200 lunes que vamos a trabajar. Solo se vive una vez y la vida merece la pena disfrutarla”, finaliza Claver.