‘La tecnología no reduce el empleo, lo transforma’

En el futuro, los robots sustituirán a muchas personas, pero se requerirá de expertos que se dediquen a fabricar estas máquinas inteligentes.

Pau

Pau Garcia-Milà, empresario español.

Archivo particular

POR:
Portafolio
octubre 03 de 2017 - 08:43 p.m.
2017-10-03

Una gran revolución tecnológica ha comenzado y no hay forma de detenerla. Pau Garcia-Milà, emprendedor español que en 2011 fue premiado como innovador del año por MIT, y quien estará el próximo 19 de octubre en Bogotá, en Foro de Líderes Empresariales 2017, tiene claro que la revolución digital no es responsable de la eliminación de los empleos, sino que los transforma.

(Lea: Las profesiones digitales toman la delantera)

En efecto, su opinión en este tema es contundente: el cambio tecnológico lo que hace es elevar la exigencia de empleo calificado. Por eso, las oportunidades laborales son para quienes se eduquen y preparen para lo que viene. Garcia-Milà habló con Portafolio sobre este tema.

(Lea: “Fintech acelerarán la transformación de los bancos tradicionales”)

¿Cuáles pueden ser los peligros para los futuros profesionales y cómo deberán prepararse?

Creo que habrá una generación de transición que es la nuestra, pero los propios robots son los que van a hacer trabajos y esto genera un paradigma interesante, y es que las personas que estudiaron para acceder a esos empleos o para construir robots, verán que sus servicios o talentos ya no son necesarios porque ahora esos oficios son realizados por seres con inteligencia artificial.

Un ejemplo claro de esto es el conductor de un taxi. Su función dejará de tener sentido porque la única razón que tenemos para montarnos en un taxi conducido por un humano es por una experiencia de simpatía con esa persona, pero no por nuestra seguridad; tal vez el carro autodirigido podría ser más seguro.

Otro ejemplo que puede no gustarle a algunos es el del periodismo. Ya hay periodistas robots. Parece escalofriante y nadie lo había pensado antes, pero por ahí hay artículos de Bloomberg que están escritos por un robot. Entonces, en este asunto estamos hablando de que, incluso, las profesiones más creativas son susceptibles a ser reemplazadas por una máquina. Todo esto está cambiando tan rápido que es imposible saber qué profesiones podrá desempeñar un robot, pero si nos ponemos a pensar, al final, puede haber robots abogados que nos defiendan mejor, que conozcan todas las leyes, una inteligencia artificial que lo conozca todo y que sepa la mejor forma de ganar un juicio.

Y si hay jueces que son robots o seres de inteligencia artificial ¿por qué no un presidente? ¿Qué tan cerca estamos de que eso ocurra?

Depende del caso. Si se trata de un presidente o un abogado, tal vez pasen años o quizás décadas y quizás lo verán nuestros nietos. Pero en temas que han generado un impacto muy grande pero que no son tan esenciales para el funcionamiento de un país estamos muy cerca.

Otro sector en donde es eminente la transformación es la fabricación. Hace 50 años que se usan robots para construir carros, pero uno entra a una planta de construcción y está llena de personas ¿qué pasará cuando se puedan construir edificios donde no haya personas? Cuando los robots sean perfectos y no tengan problemas, esas personas se tendrán que ir. Es curioso cómo muchas veces trabajamos para una empresa sabiendo que su principal objetivo es sustituirnos. La gente que trabaja en Uber sabe que el objetivo de la compañía es quitar los conductores y nadie se pregunta ¿por qué estoy haciendo esto?

¿Qué asegura que los robots y la inteligencia artificial no les van a quitar opciones a las personas?

Yo creo que eso no va a pasar del todo. Pero también creo necesario un proceso de transformación. La Revolución Industrial generó muchísimos más empleos de los que destruyó, pero dentro de esos empleos que fueron eliminados, las personas tuvieron que decidir si migrar hacia un empleo distinto, más relacionado con las nuevas necesidades, o quedarse allí como protesta. Hoy nos parece absurdo, pero había miles de protestas contra los robots y parece súper futurista, pero hace 100 años pasó; manifestaciones contra robots, contra los carros y en favor de los caballos.

Todo gran avance genera siempre dos grupos. El de quienes quieren evolucionar y el grupo de las personas que quieren deshacer este avance y depende del momento, a veces, ganan unos u otros. ¿Cuánta gente que antes tenía un taxi ahora maneja un Uber? Seguramente miles o cientos, y Uber no es ni siquiera del todo legal, pero al final lo que ocurre es que gente que antes tenía un empleo legal decidió dejarlo e irse a un empleo ilegal con todos los riesgos y problemas de seguridad que eso conlleva.

¿Qué va a ser mejor para las empresas, tener un robot o una persona?

De eso se trata. ¿De qué depende que sea bueno que haya pilotos humanos en los aviones? Es sencillo: si el robot que pilotea el avión tiene una probabilidad mucho menor de accidentar el avión en comparación con el piloto humano, pues es evidente que tener al robot es mejor para la sociedad. Entonces, la sociedad va a querer que no haya pilotos, y estos a su vez se opondrán porque es lo que hacen para vivir.

La pregunta al final no debe ser cuánto pagas, sino cuánto mejora el servicio para mí y para la sociedad. Ese debería ser el criterio para tomar esa decisión de reemplazar a un humano por una máquina. Por ejemplo, qué pasaría si la próxima cerveza fabricada sea producida por un robot y que, además, sea la mejor cerveza porque el robot ha analizado con Big Data millones de sabores y gustos preferidos y es un éxito. Eso es mejor para la sociedad, pero seguro habrá alguien que se quede sin empleo porque se dedicaba a hacer cervezas. Es imposible que una evolución de este tipo tenga a todo el mundo contento y las innovaciones que van a tener realmente un impacto son aquellas que sean beneficiosas para la sociedad no para unos pocos.

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