Más de lo mismo

Relegada a un segundo plano por cuenta del empeoramiento de las relaciones entre Colombia y sus vecinos, quedó la noticia sobre la presentación del proyecto de Presupuesto General de la Nación para el 2010. La propuesta, que ya fue radicada por el Ministro de Hacienda en el Capitolio, empezará a ser estudiada en los próximos días antes de ser aprobada obligatoriamente antes del 20 de octubre, pues así lo exige la ley. No obstante, es previsible que el resultado sea muy similar a lo que dice el Gobierno. Sin desconocer que en el transcurso de la discusión algunas partidas cambiarán de tamaño, la experiencia sugiere que buena parte de lo que plantea el Ejecutivo acaba saliendo adelante.

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julio 31 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-31

Esa especie de determinismo en el desenlace no excluye que el asunto merezca una mirada detenida. La razón es que el programa anual de gastos gubernamentales constituye la hoja de ruta más detallada que existe y de su buen diseño y ejecución puede depender la suerte de la economía. Esa afirmación es válida en todas las circunstancias, pero sobre todo en la actual cuando el sector productivo colombiano ha sentido los embates de la crisis mundial. Como consecuencia del menor ritmo de crecimiento, los recaudos fiscales se han resentido y otra vez el saldo en rojo en las cuentas públicas ha vuelto a los niveles de hace un lustro, como proporción del Producto Interno Bruto. El problema de fondo es que si bien el incremento previsto en los giros estatales es moderado frente a lo visto en épocas recientes, es mayor que la mejora calculada en los ingresos corrientes de la nación. En números concretos, mientras que los gastos crecerían 7 por ciento hasta llegar a 148,3 billones de pesos, lo recibido por concepto de impuestos y dividendos de Ecopetrol subiría apenas 3 por ciento. Ante ese desfase, los recursos de capital, provenientes de colocaciones de deuda, tendrán un salto de 15 por ciento. Esa no es una buena dinámica, pero en los actuales tiempos de recesión global en los que la ortodoxia en estas materias da la impresión de haber pasado a segundo plano, el descuadre de Colombia parece moderado. Ayer un informe del Fondo Monetario Internacional mostró cómo el saldo de la deuda pública se ha disparado en los países que componen el Grupo de los 20 y supera ya el valor de su PIB conjunto, entretanto que en el caso nacional dicho indicador es cercano al 34 por ciento. Si bien esa comparación es favorable, no puede interpretarse como una garantía de tranquilidad. Todo indica que a menos que las ‘vacas flacas’ vuelvan con prontitud, será necesario mantener el cinturón apretado en los años por venir. Bajo ese contexto, algunos analistas han expresado su preocupación porque los gastos de funcionamiento tendrían un alza del 15 por ciento en el 2010, llegando a 83,1 billones de pesos, 10,8 billones más que en el 2009. En respuesta, el Gobierno dice que aunque los salarios de los empleados públicos crecerían apenas 4 por ciento, 5 billones de ese aumento corresponden a mayores giros para pensiones, mientras que el incremento en el pie de fuerza y en el número de guardianes del Inpec también tendrá un impacto. Por su parte, la inversión también tendría un comportamiento positivo, excluyendo en la comparación los subsidios de combustibles y la política de seguridad democrática. De tal manera esta llegaría a 23,4 billones de pesos, gracias al impulso que reciben programas como Familias en Acción y la ampliación en la cobertura de salud a las poblaciones más jóvenes y desfavorecidas. También habrá algo más para el sector transporte, pero la ampliación prevista del 8 por ciento es relativamente menor frente a las mayores erogaciones en otras áreas. En términos generales hay más de lo mismo, pues no hay cambios dramáticos frente a lo que venía de antes. Tampoco, podrán alegar los críticos, hay muchas evidencias de austeridad, sobre todo en una administración que formalmente termina su mandato dentro de un año. Por ese motivo, no estaría de más que esta vez el presupuesto sea sometido a un examen ojalá más concienzudo que de costumbre, remplazando el conocido pupitrazo por el análisis meticuloso. Sin embargo, eso es poco probable a la luz de las realidades políticas y de la relativa cercanía de las elecciones, en las cuales se busca impresionar más a los votantes con anuncios de programas, que con promesas de austeridad. '' Con un aumento en gastos superior al de los ingresos, el proyec- to de presupuesto nacional del 2009 fue construido en circuns- tancias de mayor estrechez, pero sin ser precisamente un mo- delo de austeridad.WILABR

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