Las 10 cosas más aburridoras de viajar en avión

A proposito de esta epoca de vacaciones, Portafolio.com.co recuerda cuales son esas cosas que no hac

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Viajeros

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diciembre 31 de 2010 - 03:06 p.m.
2010-12-31

Del glamour de viajar por avión de hace dos décadas ya no queda nada. Anteriormente, montarse en un avión era motivo para 'chicanear' ante familiares, amigos, conocidos y desconocidos. Bastaba con subirse a un avión, así fuera en el último asiento, pegado a la turbina y al baño (según el modelo de aeronave), para que las azafatas tuvieran una deferencia especial con el viajero y lo hicieran sentir que era único.

Hoy en día el asunto es a otro precio: el viajero es sometido a largas colas -tres horas antes del vuelo internacional desde Colombia-, debe comulgar con el trancón por la 26 o con el lío de venir de otra ciudad a Bogotá a iniciar su vuelo internacional, se debe someter a requisas y miradas acusadoras de agentes de inmigración, debe soportar hambre en algunos vuelos (por ejemplo, los domésticos en EE. UU., que pueden ser de seis horas o más) y soportar todo tipo de imprevistos, entre muchas otras cosas.

El siguiente listado -de menos horrible a más horrible- reúne algunas de las penurias a las cuales noblemente se somete el viajero, según la experiencia de los viajeros de Portafolio.com.co. Sobra recordarles a los lectores que este es un listado subjetivo, que bien podría no estar de acuerdo con lo que otros viajeros piensan; pero si usted tiene otros elementos que se le puedan agregar a esta nota, por favor coméntenos.

 10. Estrés, incluso un día antes de viajar

Cuando el viajero toma los primeros vuelos del día comienza a sufrir desde la noche anterior, por lo general pasa una noche incómoda y falta de sueño, se le altera el sistema digestivo o somatiza el estrés que produce la posibilidad de perder el avión, o cuando sabe la larga jornada que le espera.

9. Despelote en el aeropuerto

Es ideal llegar con tres horas de antelación, para que no haya una fila tan larga para hacer el 'check in'. Sin embargo, cuando eso no se logra, hay que ubicar el remedo de fila después de preguntarles a los demás pasajeros sobre cuál es el vuelo para el cual se van a 'chequear'. La fila está llena de maletas y no falta el que pretende iniciar una cola alterna a la que ya está.

8. Nunca falta la 'raqueteada'

Por cuenta del narcotráfico y el terrorismo, la situación de chequeos de seguridad en los aeropuertos ha llegado a niveles insoportables (sobre todo desde el 11 de septiembre del 2001). Al pobre viajero lo llegan a requisar incluso después de bajarse de un vuelo para hacer su conexión, cuando ya ha pasado por varios puntos de control antes de subirse al primer avión.

La empelotada comienza 10 metros antes del punto de control: "Quítese chaqueta y cinturón y póngalos sobre una bandeja", gritan los agentes de seguridad. "Si trae portátil, sáquelo de la maleta y póngalo solo en una bandeja. Los zapatos van directamente sobre la banda de la máquina de rayos x", dice otra parte del memorizado discurso. Y si al pobre viajero se le olvidó que líquidos, talcos, geles y demás productos no se pueden llevar en envases de más de 100 mililitros, se puede ir despidiendo de su espuma de afeitar o el desodorante. Eso sin contar los cortaúñas, las navajas de bolsillo y demás, por pequeños que sean. Queda eso sí como consuelo que los colombianos no somos los únicos que pasamos por tales controles, sino que a todos los viajeros les toca. Y ni qué hablar de máquinas de control como el 'sniffer' de algunos aeropuertos de EE. UU. (cuyo objetivo es detectar si usted tuvo contacto previo con explosivos o pólvora), o el aún más impopular escáner que mira a todos los pasajeros literalmente sin ropa.

7. Horas y horas con el coro en el oído

En época de medio año es común que los aviones lleven a pequeños pasajeros. Muchos somos papás y lo entendemos, pero cuando comienza el coro de niños de menos de dos años a llorar al unísono durante el viaje, el pobre viajero de negocios, que a veces solo lleva equipaje de mano para hacer más prácticas las cosas, debe respirar profundo y contar hasta un millón para no desesperarse con el llanto de los pequeños quienes, a su vez, no tienen la culpa, pues viajar durante más de dos horas en la misma posición y casi sin poderse mover alteran a cualquiera, sin contar que los oídos de los más chiquitos son más sensibles a los cambios de presión.

6. 'Me reclino a mis anchas'

Algunos pasajeros parecen no reconocer que existe un concepto llamado espacio vital, y que en una cabina de avión en la tarifa económica el espacio no es lo que más sobra. No hay nada de malo con reclinarse un poco, pues las sillas completamente erguidas no son nada cómodas, pero no se justifica que el pobre pasajero de la silla de atrás quede con el espaldar de su vecino de enfrente pegado de la nariz. Incluso, hay unos que parece que no supieran, o no les importara, que no deben reclinar sus sillas sino hasta mucho después del despegue, lo que conlleva a que los auxiliares de vuelo les esté recordando estas pequeñas normas de protocolo.

5. No se puede tapar con la cobija

Las cobijas de los aviones, nos dimos cuenta hace poco, no se deben usar antes del despegue. Es más, durante el decolaje y el aterrizaje estos elementos se deben guardar debajo de la silla al frente suyo o entre su espalda y la silla. No se sabe por qué esto aplica para las cobijas pero no para las chaquetas, con las cuales uno también se puede tapar. Que alguien nos diga en qué medida afecta la seguridad del vuelo taparse las piernas. Se entiende que el gancho para colgar el saco (para los modelos de avión y de silla que los incorporan) se pueda convertir en un elemento punzante en caso de una frenada brusca o algo así, ¿pero la cobija?

4. Usar el baño

Cada vez más difícil El 'timing' de cuándo debe levantarse al baño es una labor que ahora se convirtió en tarea de alta precisión. Primero, si está en el puesto del medio o de la ventanilla, resulta incómodo hacer levantar de su silla a los compañeros de puesto, quienes suelen quedarse dormidos durante la fase de carreteo de la nave antes de despegar. Segundo, es necesario estar pendientes de que se apague la señal de ajustarse el cinturón de seguridad para no hacerse a un regaño del jefe de auxiliares vuelo; tercero, hay que calcular que los carritos de la comida no estén pasando o estén próximos a pasar, para no quedar atrapado en el corredor, sin poder ir al baño o volver a su silla, de lo cual no se salva de una mirada de reprobación de las azafatas. Y cuarto, según las últimas regulaciones en países como Estados Unidos, de pronto para minimizar la ocurrencia de actos terroristas durante el vuelo, se prohíbe hacer fila para esperar a que haya un baño vacante. Téngalo en cuenta la próxima vez que viaje.

3. Pase por inmigración

Incluso para los viajeros frecuentes es normal sentir algo de aprehensión cuando se debe enfrentar a las autoridades de inmigración de otros países, pues a veces el trato que recibe el viajero depende del día que tenga el funcionario de turno. Pero más allá de eso, está la cola interminable de ciudadanos de todo el mundo tratando de ingresar a un país. Y si el tema es de hacer trasbordo, el estrés es aún más intenso, pues a veces los tiempos entre un vuelo y el de conexión son demasiado justos. Ayuda, eso sí, tener muchos sellos de entrada de varios países en el pasaporte y, más aún, del país de destino, para que no lo bombardeen a preguntas.

2. Conexiones demasiado ajustadas

Uno de los aspectos que más genera estrés en los viajeros frecuentes es el de las conexiones con otros vuelos, domésticos o internacionales. Por tal razón, no se preocupe si le dicen que tiene que esperar dos o más horas en un aeropuerto antes de continuar su viaje, preocúpese cuando le digan que tiene menos de dos horas. Recuerde la fila de inmigración y que, adicionalmente, podría tener que recoger su equipaje y 'chequearlo' nuevamente hacia su destino final.

 1. Aeropuertos deprimentes

Las obras civiles y de remodelación en los aeropuertos, como Eldorado, pueden llegar a ser incómodas y molestas para el viajero, pero molesta aún más cuando un aeropuerto de una ciudad tan respetable como Nueva York (hablamos del JFK) cuanta con algunos terminales que se caen a pedazos: goteras en inmigración, corredores y recovecos oscuros y tenebrosos, y algunas caras demasiado serias para recibir a un viajero cansado y de afán.

Otros puntos a tener en cuenta

La silla del 'bobo'

No se sabe por qué la mayoría de aeronaves de hoy y de siempre diseñaron filas con tres asientos. Y pobre del que le toque en el de la mitad, en medio de dos extraños pasaditos de kilos. No se pueden usar los descansabrazos, cruzar la pierna es imposible y conciliar el sueño es una odisea, pues no hay para dónde descolgar la cabeza. Al parecer no todos los viajeros frecuentes están dispuestos a cargar con una voluminosa almohada en forma de pandeyuca para hacer su viaje más 'dormible'. Y si a esto se agrega que el pasajero de la silla de adelante le gusta reclinarse a sus anchas...

La envidia, la cobarde envidia

 Uno de los sentimientos humanos más comunes a todos nosotros, sin importar el daño que haga a quien lo siente, es la envidia. Se trata de la envidia de ver sentados en clase ejecutiva a un puñado de pasajeros que se sube y se baja primero del avión, con cara de satisfacción por despertar ese sentimiento en los pasajeros que van en el 'platón', mientras degustan una copa de champaña o mimosa (champaña con jugo de naranja), las azafatas les llaman por el nombre, tienen espacio para las piernas, cuentan con pantallas LCD individuales más grandes -mucho más grandes-, lámparas individuales para leer, baño para ellos solitos, comida especial, cubertería de metal y bebidas de todo tipo durante el viaje, entre otras amenidades que dependen de cada aerolínea. Ahora, el desquite viene cuando el viajero frecuente de clase económica logra un 'upgrade' y viaja en clase ejecutiva. Como decía el comercial de TV: "Es mejor despertarla que sentirla".

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