100 millones de personas caerán en la pobreza, aseguró presidente del Banco Mundial

El encarecimiento de los alimentos ha provocado motines mortales en democracias jóvenes como Haití y predicciones como las del dirigente de ese organismo, Robert Zoellick.

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mayo 02 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-02

Una de las víctimas de la crisis de los alimentos será la enseñanza de millones de los niños más pobres del mundo. El vínculo es tan sencillo como un almuerzo escolar. Garantizar que los niños reciban una comida gratis en la escuela es no solo una poderosa herramienta para combatir la desnutrición de 350 millones de chicos hambrientos, sino también una de las mejores estrategias educativas.

En varios estudios se ha demostrado que los niños alimentados en la escuela tienen un mayor grado de concentración mental, una memoria más fiel, mayor fluidez verbal y mejor entendimiento.

El Instituto Internacional de Estudios sobre Política Alimentaria determinó, en una evaluación en Bangladesh en el 2003, que en las escuelas donde se alimentaba a los alumnos las calificaciones en general mejoraron un 15,7 por ciento, y un 28 por ciento las de matemáticas.

Además de mejorar el aprendizaje, la alimentación en las escuelas puede ser un incentivo para que los padres más pobres matriculen a muchos de los 72 millones de niños y 226 millones de adolescentes que no asisten a la escuela en los países en vías de desarrollo. Cada año de estudio puede significar un aumento salarial de un 10 por ciento o más cuando la persona entra en la fuerza trabajadora. Pero los padres que viven en la miseria suelen hallar muy onerosos los costos inmediatos de enviar sus hijos a la escuela, incluyendo un menor ingreso familiar por perder un trabajador.

A menudo son las niñas las que no se envía a la escuela porque la familia depende de ellas para hacer las tareas domésticas o cuidar familiares, y porque en ciertas culturas los padres invierten menos en la preparación de las hijas ya que se espera que se casen y entren en las familias de sus esposos.

La mejor forma de aliviar la carga de tales padres es eliminando el pago de matrículas, abaratando los uniformes escolares y reduciendo el tiempo de viaje del hogar a la escuela.

Un pequeño incentivo -como un almuerzo escolar gratis o llevar un saco de arroz a casa- puede también persuadir a dichos padres a matricular sus hijos e hijas en la escuela.

El Programa Mundial de Alimentos dice que durante el primer año de un programa de alimentación en la escuela, la matriculación suele aumentar un 28 por ciento entre las niñas y un 22 por ciento entre los varones.

El PMA trata de recaudar 3.000 millones de dólares más anualmente para alimentar en la escuela a todos los niños pobres, y la vicepresidenta del organismo, Nancy Roman, dijo hace poco que se necesitaban 750 millones tan solo para evitar que los programas de alimentación escolar se reduzcan de manera significativa, debido al aumento de 55 por ciento en el precio del arroz, el trigo, los cereales y las legumbres el año pasado.

Al no haberse recaudado el dinero necesario, las reducciones han comenzado.

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