¿2050?

Alguien me preguntó cómo me imaginaba el mapa geopolítico del mundo en el año 2050, y qué papel jugaría Latinoamérica bajo ese nuevo panorama. La pregunta resulta oportuna en un momento en el que el poder hegemónico de Estados Unidos muestra signos de estar entrando en crisis, y cuando se habla del inminente protagonismo de China. ¿Qué pasará con los llamados ‘Tigres Asiáticos’? ¿Cuál será el papel de India ahora que también muestra señales de creciente vitalidad? ¿Qué será de Europa, Rusia, Oceanía, Japón, Canadá y otros tantos actores que han jugado a estar en las primeras ligas en el concierto del desarrollo económico y social?

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noviembre 06 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-06

Repliqué a mi interlocutor con otra pregunta. ¿Qué de lo que hoy hacemos será lo más determinante para ese futurible que tenemos ya rondando la esquina en los años de vejez de muchos de nosotros? Ya sabemos que no es necesariamente un asunto de recursos naturales, ni de tamaños de países o de poblaciones. Los pobres en recursos y pequeños en tamaño también juegan en los grandes escenarios. Mi hipótesis es, que el mapa geopolítico del 2050 y el papel que en ello juguemos, dependerán esencialmente de lo que cada sociedad esté haciendo hoy por su sistema educativo. La infancia nacida entre finales del siglo pasado y la primera década de este siglo XXI tendrá bajo sus riendas el protagonismo de sus naciones a mitad del camino de esta centuria, en medio del maremágnum de un mundo cada vez más interrelacionado y en el que los recursos naturales serán cada vez más escasos. Esta teoría, aventurando lo que necesitamos para llegar a ser grandes hacia el 2050, me hace recordar un bello libro de Robert Fulghum titulado All I Really Need to Know I Learned in Kindergarten. Dice el autor que lo más fundamental que necesitamos saber de grandes lo aprendemos en la primera infancia: a compartir los juguetes, a ser justos en los juegos, a no pegarle a la gente, a organizar nuestro propio desorden, a no coger las cosas que no son nuestras, y, entre otras muchas, a tomar una siesta todas las tardes. Remata con el argumento de que lo esencial para vivir en sociedad lo aprende el ser humano interactuando en los areneros de los jardines escolares. Naturalmente que el resto del sistema educativo es más que necesario. No se trata de simplificar la tarea. Sin embargo, hay que avanzar en lo esencial. La formación de esa infancia que hoy juega a aprender en todas las guarderías del país. En los próximos cuarenta años, siguiendo los razonamientos de Robert Fulghum, los hoy niños estarán extrapolando sus aprendizajes, aplicándolos a la familia, al trabajo, en el gobierno, y a la construcción de ese mapa geopolítico del 2050. flondono@eafit.edu.co '' La infancia nacida entre finales del siglo pasado y la primera década de este siglo XXI tendrá bajo sus riendas el protagonismo de sus naciones.WILABR

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