El 77% de compras en efectivo del país se paga con billetes de $1.000, $2.000 y $5.000

El billete de $5.000 se usa en el 30% de los pagos que hacen los colombianos rutinariamente, de acuerdo con una investigación de Raddar, firma especializada en el consumo y sus tendencias.

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julio 18 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-18

La investigación demostró que el billete de 2.000 pesos está cinco puntos por debajo de la utilización del de 5.000 en las compras del día a día.

Los billetes de 1.000 pesos, los de la denominación más baja que existe en Colombia, responden por el 22 por ciento de las transacciones. Relativamente lejos de los de 5.000.

El restante 23 por ciento de las compras se reparten en las demás denominaciones.

Según el trabajo de Raddar, el 11 por ciento de las compras en efectivo se hace con billetes de 10.000 pesos, seguidos por los de 20.000 pesos, con 7 por ciento; los de 50.000 pesos contribuyen con un escaso 5 por ciento.

Además, a medida que la inflación avanza en un país, entre la población aumenta el uso de unidades monetarias de mayor cilindraje por la pérdida de capacidad de compra de las más pequeñas, que con el paso del tiempo y el incremento de los precios van saliendo de circulación.

Ahora bien, ¿por qué los colombianos hacen uso de esos billetes y de otras formas de pago, como el dinero plástico?

En otras palabras, ¿Cuál es la razón de compra de las personas? La mayoría, el 58 por ciento, lo hace por necesidad, no tiene escapatoria; son productos o servicios que satisfacen necesidades 'primarias': alimentos, servicios públicos, vestuario, vivienda.

Apenas una cuarta parte de la población, exactamente un 24 por ciento, se da el lujo de comprar por gusto, porque quiere y, en general, porque está en capacidad de pagar bienes y servicios que no son de primera necesidad.

Un escaso 2 por ciento de las personas decide adquirir un bien por el precio, lo que lleva a concluir que este debe ser lo suficientemente bajo como para impulsar la compra.

Por último, con apenas 1 por ciento, están los colombianos cuya compra está determinada por la marca del producto; el precio no importa sino el estatus, la garantía de calidad y/o la seguridad que les reporta hacerse a un artículo o servicio de gran reconocimiento en el mercado.

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