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Aborto: a medio camino

La importancia del reciente fallo de la Corte Constitucional sobre despenalización del aborto para ciertos casos -peligro de muerte de la madre, violación o malformación del feto- es que pone el asunto donde debe estar: en el terreno de las políticas de salud pública y no en el de la fe.

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mayo 26 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-26

Cualquier persona por asuntos religiosos o de fe tiene todo el derecho de no estar de acuerdo con el aborto y no practicarlo. Eso es respetable. Pero igual derecho deben tener aquellas mujeres o parejas que lo consideren como una opción. Y hacia el futuro, el tema debe llegar a ese punto: a que sea una opción de la mujer sin más condiciones, como ocurre en países desarrollados y subdesarrollados como Alemania, Bélgica, China, Canadá, Estados Unidos, Cuba, Francia, Grecia o Mongolia, entre otros. En 49 naciones, en las que vive el 42 por ciento de la población mundial, el aborto es permitido sin ninguna restricción, distinta a un tope de días de embarazo. Puesto en vigencia el fallo de la Corte Constitucional, el desafío para el Gobierno y la sociedad es enorme. ¿Qué es lo que ocurre? El aborto es la consecuencia indeseable y dramática de problemas mayores. Problemas de educación, violencia, marginalidad, abuso, discriminación. ¿O alguien cree que una mujer llega a la decisión de abortar de forma tranquila o reposada? La verdad es otra. Esta sociedad abandona, relega, discrimina y en no pocas ocasiones, rechaza a la mujer embarazada. Las historias están ahí, en la calle, a la vista de todos, en las oficinas, en las fábricas. Mujeres desplazadas con tres hijos en brazos en todas las esquinas de Bogotá pidiendo limosna. ¿Fueron esos embarazos deseados? Seguramente que no. Algunos debieron ser producto de la borrachera de cualquier hombre, marido, novio o simple conocido. Quizás una violación. O mujeres que son despedidas de su trabajo porque están en la edad peligrosa, porque se casan, porque cuentan que tienen novio. Un jefe nunca quiere a una mujer embarazada, eso es muy costoso, baja la productividad, da mal ejemplo a las otras. Y los padres energúmenos que sin piedad echan de la casa a sus hijas embarazadas que no se han casado. Hace un par de meses hablé con dos mujeres desplazadas por la violencia que habían llegado con sus hijos a San Vicente del Caguán. Una tenía 22 años, dos hijos y estaba esperando el tercero. La otra 27 y cuatro hijos. Estaban sin esposo ni compañero. Les pregunté si alguien alguna vez les había hablado de los anticonceptivos. Ni idea, me dijeron. Nunca habían visto un condón. Esa es la verdad de esta sociedad. Esa es la verdad anterior al aborto. Tanta y tanta mujer que acumula rabia, dolor y sentimiento de culpa en el drama en que se convierte su embarazo o peor, en la soledad de su aborto. Por eso si el asunto está en el terreno de la salud pública, la despenalización del aborto es, ante todo, un reto de políticas públicas. Políticas públicas que tengan como prioridad la prevención, la pedagogía y la educación para que mujeres y parejas no tengan que llegar a la dramática decisión del aborto que, repito, es una situación indeseable. Por eso, con el fallo de la Corte Constitucional, apenas estamos a medio camino. Falta el liderazgo del Gobierno, del Presidente y del Ministro de Protección Social. Despabílense. Ya no es un asunto de fe, pueden seguir rezando los domingos en la Iglesia, pero tienen un deber de salud pública que cumplir. La Corte hizo su trabajo, los ciudadanos esperamos que ustedes hagan el suyo. Politólogo, periodista "Puesto en vigencia el fallo de la Corte Constitucional, el desafío para el Gobierno y la sociedad es enorme”.

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