Académicos, políticos, pragmáticos

Todavía hay medios de comunicación que le preguntan a Carlos Gaviria Díaz cómo diablos va a domar un pedagogo y académico como él, al monstruo de siete cabezas que es el Estado colombiano en este momento crítico. El interrogante es flor envenenada de una raíz despectiva: que los humanistas están bien confinados en el limbo metafísico de las aulas y que el gobierno de una nación es misión y destino de gente ‘dura’, política y pragmática.

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mayo 12 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-12

El artificio que refiere la distancia y la incompatibilidad entre las ideas y la acción, entre el humanismo y el carácter, entre el pensamiento y la vida pública, es un invento relativamente reciente. Se recuesta en la interpretación acomodada de las teorías de Platón, que ha dado hasta para definir una forma cada vez más vapuleada de amor. Para aclarar ese malentendido sigue siendo válido y actual El mito del rey filósofo, el clásico libro del maestro Danilo Cruz Vélez. “Los filósofos -dice Cruz que dijo Platón-, ni siquiera conocen los caminos hacia el ágora, centro de la vida griega y corazón de la polis”. Viven despistados de las leyes y las decisiones del pueblo, y se anonadan en los puestos públicos. Cruz Vélez se muere de la pena con Aristóteles y Platón y cita a sus lectores una comunicación leída por Werner Jaeger en la Academia de Ciencias de Berlín, en referencia al trabajo de Dicearco de Medina. Este discípulo de Aristóteles se caminó Grecia y descubrió que el trabajo de los filósofos no se centraba en las nubes sino en la práctica de la vida activa. “De suerte que en su opinión -dice Cruz que escribió Dicearco sobre los filósofos-, no fueron pensadores solitarios, sino hombres de acción, políticos, ingenieros, técnicos, fundadores de estados, legisladores, hombres vueltos hacia la vida pública y puestos al servicio de la comunidad y de la polis…”. Para transmutar a los filósofos, incluido Platón, de la vida contemplativa a la vida activa, Cruz recuerda que Atenas no era propiamente la meca de la filosofía. “La politización de la vida entera había traído consigo una reducción considerable de la vida privada y la total absorción del individuo por el Estado y la comunidad”. Un filósofo zurumbático era tomado como mosco en leche. La resurrección del argumento para descalificar a Carlos Gaviria Díaz es traída de los cabellos. Sobre todo después de la experiencia de Antanas Mockus, cuyo ejemplo como gobernante exitoso es citado en una reciente publicación de la Universidad de Harvard, mencionada en editorial de PORTAFOLIO, y en donde se lee: “El éxito de Mockus no sólo prueba que las estrategias innovadoras pueden producir un buen gobierno. Es también un testimonio del poder del arte y las humanidades para efectuar un positivo cambio social” (Ideas=action: when the rubber hits the road, por Ken Gewertz, Harvard News Office). Colombia, como sociedad, debe sentirse orgullosa de tener como candidatos presidenciales a dos humanistas y pedagogos, y no a un populista atrabiliario, como en otros lugares del continente. Ambos convergen en una nueva noción de lo político, que sirve para renovar ese terreno pantanoso y desacreditado. Y se alejan del pragmatismo monotemático, tan de moda, cuyo proceder tiene como guía una premisa: el fin justifica los medios (y aprovecha los miedos). Por el contrario, Mockus y Gaviria le aportan al cotejo presidencial la perspectiva de una noción ética, que nos permita enriquecer el diálogo moral del país. Periodista " Colombia, como sociedad, debe sentirse orgullosa de tener como candidatos presidenciales a dos humanistas y pedagogos”.

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