Acelerar las obras

Tal como ha ocurrido en otros años, uno de los lunares notorios del semestre que acaba de terminar fue la falta de dinámica en los programas destinados a acelerar el gasto en infraestructura. Aunque el Dane reportó que el sector de obras civiles tuvo un importante crecimiento entre enero y marzo, una mirada más detenida a las cifras revela que lo sucedido estuvo atado al desarrollo de proyectos mineros y petroleros y no a la construcción de vías que, de hecho, registró una contracción cercana al 15 por ciento. De manera complementaria, un informe de Planeación Nacional comprobó que el ritmo de ejecución de los recursos en este campo es muy similar al promedio histórico con lo cual, hasta mayo, tan sólo se habían girado 15 centavos de cada peso programado.

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julio 10 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-10

Esa no es una buena noticia en general, pero es particularmente mala si se tiene en cuenta que la economía colombiana sigue atravesando una ruta difícil. Tanto por su importancia sobre el empleo, como por su impacto en la producción industrial y en la propia competitividad del país, es necesario acelerar un puñado de obras cuyo avance o es lento o forman todavía parte de las promesas y no de las realidades. De tal manera, no está de más insistir en una serie de medidas que ayudarían a romper los cuellos de botella actuales. Quienes saben del tema, por ejemplo, aseguran que la estandarización de los pliegos licitatorios debe ser un gran objetivo. Esto permitiría no sólo mayor certidumbre entre los actores, sino también mayor agilidad en la contratación. Es evidente que el diseño de criterios homogéneos en pliegos cuyas circunstancias lo ameriten, puede derivar en contratación ágil para hacer obras con mayor velocidad. También es necesario mejorar la capacidad gerencial de los funcionarios. La destreza para hacer una buena gestión se adquiere si la estabilidad burocrática sirve para la maduración de los procesos. Sin desconocer que la escasez de fondos es una razón que se esgrime con regularidad para justificar el atraso nacional en carreteras, es revelador que por lo general es imposible gastar todos los recursos asignados. En consecuencia, se requiere una estrecha coordinación entre los ministerios de Transporte, Ambiente, Hacienda y Planeación, sin desconocer que el marco de las competencias de cada una de las autoridades tiene su razón de ser. De hecho, algunos analistas piensan que debería existir una especie de supergerencia, cuyo rol incluiría asegurar la adecuada estructuración de los proyectos claves y en cuyo seno se solucionen las diferencias institucionales. Además, y por obvio que suene, se deben contratar con antelación los estudios y diseños de las iniciativas estratégicas. La vinculación de nuevos actores como los inversionistas institucionales, deberá ser vista como una oportunidad para que tarde o temprano, recursos de fuentes diversas, puedan financiar la infraestructura requerida. Todos los partícipes reclaman lo mismo: información suficiente para el análisis de sus propios riesgos, con el fin de minimizar posibles sobrecostos o la presencia de prácticas corruptas. Un tema que crea polémica es la propuesta de que el Estado asuma los riesgos en aquellas obras que no cuenten con suficientes datos. Aunque es probable que una garantía total de ese tenor sea demasiado audaz, lo cierto es que el sistema actual, con diseños a medias, termina encareciendo los proyectos para las arcas públicas, en la medida en que deriva en renegociaciones ineludibles o pleitos con altas posibilidades de convertirse en sentencias condenatorias. Por último, existen mayores probabilidades de utilizar la iniciativa privada para acelerar las obras y dinamizar la economía, si las reglas de juego son las adecuadas. Así como ha ocurrido en el caso del sector eléctrico, en donde funciona un esquema que permite la entrada a tiempo de los proyectos de expansión energética sin que el Estado tenga que hacer desembolsos importantes, algunas obras viales merecen un enfoque diferente al actual. De lo contrario, lo más posible es que el lento avance del país en la materia siga siendo la norma y no la excepción. '' La falta de dinámica en los programas destinados a acelerar el gasto público en infraestructura, volvió a ser uno de los lunares notorios al mirar el desempeño de la economía durante el semestre pasado.WILABR

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