Actuación teatral para empresarios

Los actores y los directivos tenemos muchas más cosas en común de las que parecen. Fortalecer las habilidades actorales, tarea de un buen empresario.

Finanzas
POR:
marzo 01 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-01

Hace algún tiempo fui invitado a dar sesiones en una escuela de negocios europea. Diseñé con esmero mi programa de clases de 20 horas sobre emprendimientos, tema que siempre he considerado de suma importancia para cualquier directivo en el mundo, pues se ha demostrado que las empresas que triunfan en el siglo XXI son aquellas que han logrado inculcar el espíritu emprendedor en su cuerpo de ejecutivos y de empleados. Pero cuál fue mi sorpresa al encontrarme en el mismo evento con una vieja amiga, a la cual llamaremos Isabel Rubinat, quien también había sido invitada como profesora a la misma Semana Internacional para Directivos. Después de los saludos de rigor le pregunté por el curso que estaba enseñando y con toda la naturalidad me dijo: ¡Actuación teatral! ¿Cómo?, repuse, ¿enseñas técnicas de teatro a los directivos? Pues sí, ¿de qué te extrañas? Tú lo sabes, la dirección de empresas y el teatro tienen muchos temas en común; después de todo en ambos casos se trata de comunicar un mensaje, de vender algo. La diferencia entre el actor y el ejecutivo es que el actor sabe que está actuando. Una respuesta interesante pero enigmática, que fue el tema central de la cena que tuvimos una noche después. Isabel es una amiga europea que conocí hace muchos años cuando ella era una promisoria ejecutiva de marketing de empresas multinacionales. Ha vivido en Milán, París, Luxemburgo, Barcelona y en otras ciudades. Tiene dos hijas y en el momento en que nos encontramos tenía dos trabajos simultáneos: actriz de teatro y profesora de una acreditada Business School del Viejo Continente. Allí, para mi sorpresa, enseñaba un curso dirigido a altos ejecutivos, que era muy popular y con frecuencia era el primero que cerraba inscripciones por exceso de participantes: actuación para directivos empresariales. Después de nuestro intercambio inicial de ideas, llegamos a ciertas conclusiones que creo pueden ser de utilidad para quien lea estas líneas y por eso me permito resumirlas: Al estar de acuerdo con el aforismo de Shakespeare: “el mundo es un escenario y todos los hombres y mujeres somos meros actores”, concluimos que el problema del ejecutivo es que su papel de actor lo hace bastante mal, pues simplemente no sabe actuar, nadie le ha enseñado técnicas interpretativas que lo facultarían para comunicar mejor. Claro, esta no es una falla sólo de los ejecutivos sino también de las amas de casa, de los médicos, de los consultores, de los políticos y en, general, de todas las profesiones. Pero en medio de nuestra conversación, pensaba que evidentemente yo también era un actor en mis clases por la metodología del caso, pues con el tiempo me he venido convenciendo de que el contenido de lo que transmito es apenas un 20 o 30 por ciento del mensaje total; casi la mitad es lenguaje corporal y facial y cerca de un 20 por ciento la dinámica de la voz. En resumen, en numerosas situaciones de la vida personal y profesional se vuelve más importante el cómo que el qué… Y así lo enseñamos en nuestros cursos de formación directiva en Inalde. Luego, con ánimo inquisitivo, pregunté: Pero, ¿tú también actúas en todas las facetas de tu vida? “Claro, porque a veces soy jefa, a veces compañera, a veces madre, a veces profesora, otras actriz. ¡Y actúo de forma distinta en cada caso!, pero todas las caras son mías por igual”. Siguiendo con nuestra charla le dije: “Muchas veces enseño a los profesores principiantes y en mis sesiones de consulta, sobre todo cuando trabajo con la fuerza de ventas, el manejo de la palabra. Recomiendo no llenar los huecos con palabras, dar pausas, no temerle a los silencios. Un silencio antes de decir algo importante crea expectativa; después, fomenta la reflexión. Les señalo que manejar las pausas es más difícil que las palabras y estas últimas conviene aprender a administrarlas bien”. Isabel, sin pensarlo, me dijo: “Pues estás enseñando actuación teatral”. Bueno, de ahí en adelante ya la conversación no fue una discusión sino un diálogo provechoso en la que cada uno trataba de aportar algo a un tema fundamental: los directivos tienen que conocer las técnicas de actuación. Por ejemplo, todos sabemos que cuando vamos a hacer un discurso ante una audiencia selecta, además de preparar las palabras apropiadas debemos ensayar la entonación de la voz e incluso intentarlo delante de un espejo. Extendiendo esta buena práctica, sería positivo que se siguiera el mismo hábito en casos tan disímiles como cuando un director general trata de vender un proyecto a su junta directiva o cuando un gerente comercial tiene que cerrar la venta de un producto ante un cliente principal. En este tipo de actividades es recomendable, primero, estudiar con mucho detenimiento lo que se va a decir y después ensayar la forma en que se va a decir, porque volviendo al siempre oportuno Shakespeare: “Las improvisaciones salen mucho mejor cuando se preparan”. Continuando nuestra tertulia, advertimos que existían muchas actividades actorales que deberían imitar los directivos. Una de ellas, ver con anticipación el recinto en donde se va a realizar la reunión para determinar cuál podría ser el mejor sitio para sentarse. Asimismo, antes de asistir a un evento importante con personajes de distintos intereses, como proveedores, clientes y funcionarios del gobierno, sería ventajoso probar una especie de juego de roles con los suyos; de esta improvisación y de la forma en que se interprete pueden surgir ideas creativas. Por otro lado, tener en cuenta algo que saben los grandes actores: si el tema o la actividad por desarrollar no le apasiona, es mejor dejarlo para otro día o encargárselo a alguien más. Y, por último: a menudo, cuando nos proponemos persuadir a alguien, queremos detallarlo todo ¡y ese es el mejor modo de aburrir y de no convencer! Es preferible dejar las cosas en el aire, dejar margen para la imaginación del otro o que crea que está colaborando en la solución. Parodiando a Voltaire: “Esfuérzate más en ser interesante que exacto, pues el cliente lo perdona todo menos la aburrición”. "En numerosas situaciones de la vida personal y profesional se vuelve más importante el cómo que el qué… Y así lo enseñamos en nuestros cursos de formación directiva”. "El problema del ejecutivo es que su papel de actor lo hace bastante mal, pues simplemente no sabe actuar, nadie le ha enseñado técnicas interpretativas que lo facultarían para comunicar mejor”. FABIO NOVOA, DIRECTOR ÁREADE OPERACIONES Y LOGÍSTICA ADRVEG