La actual crisis: una ‘tormenta perfecta’

Para los inversionistas que tienen dinero en los mercados de capitales, esta crisis los ha enfrentado a una durísima decisión: mantener el dinero invertido en los activos financieros que se seleccionaron oportunamente o salir al precio que sea. ¿Qué hacer?

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mayo 04 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-04

La situación tiene alguna semejanza con la que enfrentaba Billy Tyne, el recordado capitán del ‘Andrea Gail’ en la película La tormenta perfecta. El tenebroso ciclón, la bruma, la lluvia y el pánico nublan la mirada de los inversionistas, enturbian la percepción de las perspectivas y hacen temer espantosos desmoronamientos en el camino que queda por recorrer. Siguiendo con la metáfora náutica, es importante tener una buena embarcación para poder cruzar sin daños significativos este tipo de tempestades. Es en estos momentos en los que se ponen de relieve los aciertos y desaciertos de la filosofía de inversión de una persona y las consecuencias de la estrategia diseñada a partir de ella. Días de turbulencia como los actuales dejan en evidencia el riesgo al que se han expuesto algunos inversionistas con sus decisiones, riesgo que los enfrenta a la posibilidad cierta de perder todo lo conseguido, exactamente igual que en la película de los desafortunados pescadores. En las burbujas financieras y en los procesos de explosión de las burbujas se produce un fenómeno muy peculiar de distorsión entre el valor y el precio de los activos. Los mercados de capitales de todo el mundo asisten a una caída libre de las cotizaciones de, incluso, las corporaciones más sólidas del planeta. Han desaparecido empresas con muchos años de gran reputación y solidez y hay muchas que aún están tambaleándose. Lo que siempre fue bueno ahora está en duda y la aversión al riesgo ha llegado a límites inimaginables. Es entonces cuando lo único que parece seguro es el dinero en efectivo: Cash is King. ¿Es verdad esto? ¿A cualquier precio? Unos cuantos años haciendo docencia y consultoría en fusiones y adquisiciones de empresas me han enseñado que muchas veces las distorsiones entre la percepción del valor teórico de una empresa y el precio que el management de la compañía compradora está dispuesto a pagar por ella están plagados de fuertes componentes emocionales, de una inadvertida pérdida del sentido común e inevitablemente de dolorosas consecuencias. El desmoronamiento del valor de las carteras de inversión de algunos inversionistas ha sido tremendamente más agudo que el de muchos otros, por lo cual no se le puede echar la culpa de esta destrucción de valor solo a la explosión del mercado de crédito. La responsabilidad de los inversionistas en esta clase de decisiones es algo que no se puede ignorar. Quizás podemos poner como excusa que hubo muchos años de mercados en alza, bajísimas tasas de interés, escasa memoria de caídas importantes en los mercados y una confianza que superaba quizás el sentido común. Pues bien, ahora el nivel de desconfianza que hay en los mercados ha logrado también superar el sentido común; estamos llegando a los extremos, al borde de un profundo precipicio en el cual pueden ir a parar las fortunas de mucha personas. La confianza es uno de los elementos clave para el desarrollo de una sociedad libre; de hecho, casi todo en nuestra cultura occidental se basa en la confianza. Sin embargo, en estos días estamos asistiendo a una crisis de confianza a unos niveles no vistos en mucho tiempo. Si el valor de las acciones de las compañías se basa en sus perspectivas de beneficios futuros, las decisiones que se están tomando en los mercados es como si se estuviera pensando que la gente dejará de alimentarse como es habitual y necesario, dejará de higienizarse diariamente, evitará comprar medicamentos, entre otras ¿Es esto posible? Debo confesar que realmente estoy asombrado de las decisiones absurdas que muchos inversionistas me comentan que han hecho en los últimas tiempos para asegurarse de recuperar el cash. Es necesario hacer un llamado al sentido común. Esto no es una hecatombe nuclear ni el fin del mundo, es una crisis durísima, más que las anteriores, pero las cosas van a mejorar. Aún hay agitación, las nubes cruzan furiosas el horizonte y nos impiden ver bien lo que nos espera; por lo tanto, hay que tratar de navegar estos mares turbulentos con calma, pero con determinación, y la clave es el tipo de embarcación que se tenga. Para aquellos que tienen una embarcación inadecuada, que se está destruyendo con cada golpe del oleaje, la recomendación es vender y pasarse a una estrategia Kiss (Keep it Safe Stupid) o sea a algo parecido a tierra firme, teniendo certeza de que no podrán evitar del todo las consecuencias de haber tenido una estrategia de inversión inadecuada. A aquellos que tienen una nave sólida, bien pertrechada para cruzar el temporal, mi recomendación sería apretar los dientes y mantener el rumbo; el tiempo les permitirá cosechar las recompensas. Solo conviene tener en cuenta algunos posibles ajustes en las carteras, como por ejemplo: 1. Vender los papeles de compañías con deuda superior al 30 por ciento de su capital total y que estén en sectores cíclicos. 2. Evitar las acciones de empresas que se acumulan fuertemente en las carteras de los hedge funds. Por último, para aquellos que tengan una interesante posición de efectivo, la recomendación es, primero que todo, paciencia, porque aparentemente todavía no se ha llegado al fondo. La crisis es profunda, pero pasará y vendrá la calma, y es en ese momento en el que las naves más sólidas y veloces harán la diferencia. Es precisamente desde esta perspectiva desde la cual se tiene que mirar al futuro, una perspectiva basada en la oportunidad impresionante que se nos presenta de hacer inversiones que multipliquen por mucho el valor de nuestros ahorros. Hoy en día la clave está más que nunca en la adecuada selección de las inversiones y no tanto en el timing, o sea en el momento de invertir. Cabe recordar el conocido refrán que reza ‘a río revuelto, ganancia de pescadores’. '' Para los que tengan una interesante posición de efec- tivo, la recomendación es, paciencia, porque todavía no se ha llegado al fondo.” '' Hay que tratar de navegar estos mares turbulentos con calma, pero con determina- ción, y la clave es el tipo de embarcación que se tenga.” '' Esto no es una hecatombe nuclear ni el fin del mundo, es una crisis durísima, más que las anteriores, pero las cosas van a mejorar.” '' La crisis es profunda, pero pasará y vendrá la calma, y es en ese momento en el que las naves más sólidas y veloces harán la diferencia.” GABRIEL NOUSSAN, PROFESOR DEL IAE BUSINESS SCHOOL, INVITADO INALDE.WILABR

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