Actuar y no callar

Actuar y no callar

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noviembre 23 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-23

Los tumultuosos eventos de la semana pasada, cuando miles de personas en diferentes ciudades del país salieron en apoyo del intervenido grupo DMG, causaron sorpresa en la opinión nacional y extranjera. Para muchos fue difícil entender las muestras de respaldo a favor de una organización que, según la información disponible, montó un tinglado criminal para estafar en forma masiva a colombianos de todos los estratos y regiones. Pero aparte de los pormenores de un caso que está en manos de la justicia y de la evolución de un proceso que debería terminar en castigos ejemplarizantes para los responsables, también fue llamativo el coletazo que recibió el sector financiero que poco o nada tuvo que ver en esta crisis.

Y es que tanto en las consignas de los manifestantes, como en las declaraciones dadas por los damnificados a la prensa, fue evidente una profunda rabia contra las entidades de crédito. Sin entrar a examinar afirmaciones absurdas, como la acusación de que el accionar contra las pirámides tuvo como fundamento proteger los intereses de banqueros específicos, hay elementos que deberían ser escuchados en las instituciones del ramo y ante los cuales no es bueno callar. Si bien es cierto que quienes hacen préstamos prefieren normalmente el bajo perfil, el silencio o el desprecio hacia algunos planteamientos, por descabellados que sean, es equivocado. En consecuencia, hay que saber contestar, no a los infundios diseminados por David Murcia Guzmán y sus secuaces, sino a creencias que han hecho carrera entre el público.

Quizás la más grave de todas es la percepción de que el sector financiero es hostil con los pobres. Según ese planteamiento, es tan costoso abrir una cuenta y operarla que a la gente de menores ingresos no le queda más camino que la informalidad, tanto para colocar sus ahorros como para solicitar préstamos. Dicha argumentación fue aceptada por la Casa de Nariño que esbozó la posibilidad de meter baza en el tema de los servicios bancarios, con base en la declaratoria de emergencia social. Aunque es claro que es necesario un esfuerzo mayor para erradicar prácticas abominables como el llamado 'paga diario', la respuesta no consiste en echarle el agua sucia a las entidades de crédito.

De hecho estas sostienen que cada vez tienen más usuarios y que desde el 2006 han vinculado a 3,5 millones de nuevos clientes, para llegar a 16,5 millones (55,5 por ciento de los cedulados). Sin embargo, es indudable que el clamor debería ser escuchado con más simpatía. Por ejemplo, estaría bien que el sector tomara una actitud proactiva, no defensiva, para mostrar sus fortalezas y flexibilizar requisitos.

Así ocurre en el caso del seguro de depósito, que garantiza la devolución del 75 por ciento en cuentas hasta 20 millones de pesos. Esta debería ser la ocasión para trabajar con el Gobierno y acordar un esquema que permita la devolución de la totalidad de los ahorros de una persona, así sea con un tope menor, en caso de un sinietro. La razón es que el público víctima de las pirámides va a recibir una fracción de lo que entregó y el sector financiero puede mostrar que la seguridad del dinero recibido es una de sus grandes ventajas.

Dicho elemento es tan solo uno del que debería ser un ambicioso plan de acción. Eso le puede parecer secundario a un ramo que sigue sólido. De acuerdo con la Superintendencia Financiera, los activos de los establecimientos de crédito llegaron a 205 billones de pesos en septiembre pasado, mientras las utilizades alcanzaron los 3,8 billones, con un alza del 26 por ciento sobre el año precedente. A su vez, la rentabilidad patrimonial fue de 21,4 por ciento, una cifra envidiable en otras actividades.

Pero en un escenario de más largo plazo, es incuestionable que lo que le conviene a los bancos es lograr más aceptación y una penetración cada vez mayor en un país que sin duda es complejo y en donde la población está dispersa. De tal manera, el clima de animosidad actual debería ser visto más como una oportunidad que como un reto, para un servicio que debe saber llegarle a todos los colombianos.

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