Acuerdos internacionales aupan locomotora minero-energética

Los TLC, la Alianza del Pacífico, el ingreso a la Ocde y la Iniciativa para la Transparencia de las Industrias Extractivas (Eiti) hacen que el país luche por lograr altos estándares en infraestructura y buenas prácticas.

El sector minero es clave para el desarrollo del país.

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El sector minero es clave para el desarrollo del país.

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noviembre 21 de 2013 - 09:01 p.m.
2013-11-21

Para nadie es un secreto que el punto débil de Colombia para ser más competitivo es la infraestructura, y la de los hidrocarburos y la generación de energía no es la excepción, más si se tiene en cuenta que el país ya compite con grandes generadores de energía de la región, como Chile, Perú y México, sin mencionar que también se mide con grandes generadores de recursos, como Estados Unidos.

La realidad de la infraestructura minera del país es que ha tenido más tropiezos de los que calculaba el mismo Presidente de la República, Juan Manuel Santos, al principio de su mandato, cuando aseguró que la locomotora minero-energética se mantendría ‘a todo vapor’, situación que no se ha dado a cabalidad por diferentes razones, como la minería ilegal, los atentados contra la infraestructura y la falta de más vías carreteables, puertos más modernos y una ampliación de la red de oleoductos y gasoductos.

Así las cosas, si Colombia quiere entrar al club de los países ricos, como es la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), debe trabajar también en el campo de las buenas prácticas, como lo expresó públicamente Andrea Pradilla, directora de Punto Nacional de Contacto Líneas Directrices de la Ocde.

Pradilla destaca tres aspectos en los cuales Colombia debe mejorar si quiere ser verdaderamente competitivo y son que las empresas se rijan por las políticas públicas para desarrollar su actividad; la segunda es que haya una confianza mutua entre empresas y sociedad, punto álgido si se tiene en cuenta que la explotación minera y energética ha sido satanizada por algunos sectores de la sociedad, especialmente las comunidades cercanas a los puntos de operación de las empresas, quienes sienten que se les vulneran sus derechos y que la actividad extractiva impacta el medio ambiente de una manera no deseada.

La tercera es, según Pradilla, mejorar las condiciones para la inversión extranjera y propender para que las empresas que explotan recursos naturales adopten un desarrollo sostenible.

Incluso, la experta asegura que la infraestructura en las regiones es clave, pero mucho más importante es forjar una transferencia del conocimiento con las comunidades y con los empleados de las compañías para “generar un desarrollo más integral”.

De otro lado, al acogerse a la Iniciativa para la Transparencia de las Industrias Extractivas (Eiti, por su sigla en inglés), las empresas que operan en el país, sean estas locales o extranjeras, deben hacer pública su tributación y las regalías que generan, mientras que el Gobierno debe socializar lo que recibe por estos conceptos, en un intento por darle mayor transparencia a la actividad.

 

LA ALIANZA DEL PACÍFICO

El acuerdo comercial entre Colombia, México, Perú y Chile, conocido como Alianza del Pacífico, posa varios retos para Colombia y le pone presión para que esté a la altura de sus socios comerciales.

Estos cuatro países suman 210 millones de habitantes, 36% del total de América Latina y el Caribe; entre todos generan el 35% del PIB de toda América Latina, incluida Brasil; y, lo más importante, entre los cuatro mueven el 50% de las importaciones y exportaciones en la región, según datos de la Organización Mundial del Comercio (OMC).

De acuerdo con Alejandro Martínez, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo, uno de los retos de Colombia es jugar ‘de tú a tú’ con sus socios comerciales y a su vez “conquistar los mercados asiáticos de manera conjunta”.

Y en esta lucha por lograr estándares internacionales en materia de crudo, el país está logrando algunas de las metas que se había propuesto, como la producción sostenida de más de un millón de barriles diarios de petróleo, gracias a la inversión extranjera que se les ha dedicado a la adquisición de nuevas tecnologías y maquinarias para la exploración y la explotación efectiva de petróleo, que por ahora cuenta con reservas comprobadas para siete años más.

Según la Agencia Nacional de Hidrocarburos, ANH, el 35% de la inversión extranjera directa en el país durante el 2012 se realizó en el sector de los hidrocarburos, que en el primer semestre del 2013 estuvo en el orden 3.123 millones de dólares, tan solo en la industria extractiva colombiana.

Sin embargo, la tecnología y la explotación de yacimientos no convencionales (es decir, el petróleo o gas que se encuentran dentro de rocas y arena, o en sitios de difícil acceso) podría extender en unos años más la vida de las reservas colombianas, lo que requiere nuevas prácticas en su explotación, como lo explica el ingeniero y catedrático de la Universidad Externado de Colombia, Luis Fernando Mogollón: “Para que la explotación de estos recursos sea rentable, debe seguirse el modelo de identificación de áreas, evaluación, prueba de concepto, viabilidad comercial, desarrollo y optimización”.

ENERGÍA ALTERNATIVA

El panorama de Colombia es alentador en cuanto a energías limpias y sostenibles y ejemplo de ello es que la mayor parte de la energía eléctrica que se produce proviene de las hidroeléctricas, es decir, que se utiliza la fuerza de las caídas de agua para mover turbinas y generar electricidad, en lugar de hacerlo a partir de la quema de combustibles fósiles, como el carbón.

El país es productor de biocombustibles, como el etanol o alcohol carburante y el biodiésel, que se utilizan para mezclar con la gasolina y el Acpm, respectivamente, en proporciones cercanas al 8% por galón.
Adicionalmente, varios de los ingenios azucareros del Valle del Cauca producen etanol a partir del compostaje, la biomasa o los residuos de la caña de azúcar, y algunos generan energía eléctrica limpia para consumo interno, lo cual las hace menos dependientes de la red eléctrica de la región.

Igual sucede en la Costa Atlántica, con la empresa Daabon, que produce aceite de palma, pero a su vez genera 3 megavatios de energía a partir del gas generado por los sobrantes de su producción de aceite que, en palabras de Manuel Julián Dávila, presidente de Daabon, “generan un impacto cero sobre el medio ambiente, pues todo el proceso se realiza de manera ‘sellada’, lo cual no contamina”.

Al mismo tiempo, se está generando la conciencia de generar energía limpia y sostenible, y por ello es que la energía solar está cada vez ganando más adeptos, especialmente, entre los constructores de vivienda y edificaciones comerciales, quienes cada vez más incorporan paneles fotovoltaicos que les permite capturar la energía del sol y aprovecharla para los calentadores de agua, el aire acondicionado o en servicios de iluminación.

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