Agoreros de fatalidades

Nada ganamos siendo pesimistas cuando el reto es dedicarnos a construir un mundo mejor y apostarle a la esperanza.

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julio 06 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-06

Así llama García Márquez a los profetas de desastres, que viven atemorizando a los demás con próximas catástrofes y el fin del mundo.

 Es obvio que la humanidad necesita pasar a otro estado de conciencia y no acabar con el planeta, es claro que el calentamiento global genera serios problemas, pero es insensato asustar con la ira de Dios y con el cataclismo.

Por eso, es triste ver cómo cada año sacan algo supuestamente nuevo de Nostradamus, Michel de Notre-Dame, 1503-1566, como su Libro perdido. Este vidente francés expresó en versos crípticos o enigmáticos unas profecías adaptables a lo que uno quiera. Ahora nos anuncian el fin del mundo para el 2012 debido a una alineación galáctica,, y hace años lo fijaron para el 2000.

 Lo malo es que muchos se lo creen y se llenan de pánico sin investigar un poco más. Lo cierto es que el lenguaje sibilino de Nostradamus se acomoda a lo que sus intérpretes deseen. Por eso, casi nunca anticipan algo y sólo adaptan unos textos elásticos a lo que ya ha sucedido. Dicen que también los Mayas predijeron el fin del mundo en 2012, pero es una versión acomodada. A muchos les encanta asustar a la gente y a algunos les fascina caer en ese señuelo.

Ninguna Profecía de Nostradamus se ha verificado con anterioridad al hecho. Siempre es después de los eventos. Eso permite acomodar sus palabras para que coincidan con lo que se pretendía predecir, que es más un 'postdecir'. Se cree que Nostradamus sólo comentaba eventos de su época, de forma elusiva para no caer en manos de la Inquisición.

En su oscuro libro Las Centurias habla de epidemias, terremotos, guerras o inundaciones, o sea, lo que se da en cualquier época. Lo que hacen sus fieles es acomodar profecías 'retroactivas' buscando un evento que se ajuste a ellas. El secreto está en ser lo mas ambiguo posible a la hora de escribir, y dejar que otros decidan lo que quieren decir los versos.

Nostradamus manejaba esta técnica con maestría y por eso siempre está de moda para los que tragan entero. En este sentido lo mejor que puedes hacer es no asustarte con Nostradamus, amar, cuidar la tierra, confiar en un mejor mañana y no creer en el Dios castigador y vengativo de ciertos credos.

A pesar de todos los 'males' actuales la vida no era mejor en tiempos prehistóricos, en Roma o hace cincuenta años. Si nos enfocamos sólo en la mortalidad basta con citar unos casos que en tiempos remotos eran el pan de cada día:

- La mamá de Beethoven tuvo siete hijos, pero  sólo tres de ellos sobrevivieron.

- Bach tuvo 17 hijos en dos matrimonios y afrontó el dolor de enterrar a 13 de ellos.
 
- El pintor Rembrandt tuvo seis hijos y enterró a cinco y también a sus dos esposas. La verdad es que la vida hoy es mejor sin negar tantas cosas que aún nos perturban y aquejan. Nada ganamos siendo pesimistas cuando el reto es dedicarnos a construir un mundo mejor y apostarle a la esperanza.

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