Agricultura aporta al cambio climático

Los cambios en el uso del suelo han sido particularmente intensos en las últimas décadas y pueden causar un impacto más grave que el cambio climático.

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febrero 27 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-02-27

Pesticidas, fertilizantes, deforestación..., son muchas las causas que hacen de la agricultura una de las mayores amenazas para el medio ambiente. Según Javier Bustamante, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, “el cambio global abarca tanto el cambio climático como otros producidos por el hombre, y entre ellos, los cambios en el uso del suelo son un factor muy importante, que incluso en algunas zonas pueden llegar a ser más peligroso que el cambio climático en sus efectos sobre la biodiversidad”. Para Juan Felipe Carrasco, portavoz de Agricultura y Alimentación de la organización ecologista Greenpeace, “la agricultura es una de las mayores colaboradoras al cambio climático con una tercera parte de las emisiones de CO2. Porque, no sólo es la agricultura por sí misma, sino también otros sectores alrededor de ella como el transporte, los combustibles fósiles, la deforestación y la producción, que suman en torno al 33 por ciento de las emisiones tóxicas totales”. El uso intensivo de químicos en la agricultura industrial es uno de los elementos más perjudiciales, puesto que degrada el suelo y destruye los recursos fundamentales para la fijación del carbono, como son los bosques y las comunidades vegetales, plantas y suelos que absorben carbono atmosférico. El abuso de los fertilizantes es la causa de las mayores emisiones directas de la agricultura, a través del óxido nitroso (N2O), con un potencial de producción de calentamiento global unas 296 veces mayor que el CO2. Además, más del 50 por ciento de todos los fertilizantes aplicados a los suelos se dispersa en el aire o acaba en los cursos de agua. Pablo Cotarelo, portavoz de la organización Ecologistas en Acción, comenta: “En demasiadas ocasiones se arrasan grandes extensiones forestales o selváticas, fundamentalmente en países empobrecidos del sur como puedan ser los latinoamericanos o zonas de Asia, para cambiar el uso a otras actividades más productivas económicamente como las agrícolas, ya sean dirigidas para el consumo humano o, en la mayoría de las ocasiones, para la alimentación de ganado”. Esto es lo que está ocurriendo en gran parte de Indonesia con las plantaciones de palma de aceite, en la Amazonia de Brasil, o al norte de Argentina donde se están deforestando cientos de hectáreas cada hora para cultivar soya o maíz y, además, donde se dedican grandes extensiones a la ganadería. Sin embargo, sostienen las organizaciones ecologistas, estos productos, al final, van a ser utilizados en países europeos y de Norteamérica. Existe el argumento extendido que el aumento de la agricultura en grandes extensiones y la ganadería de tipo industrial tienen por objetivo alimentar a una sobrepoblación que aumenta de forma vertiginosa en el planeta. Con esta intención surgió desde hace tiempo la expansión del cultivo de alimentos transgénicos. Para Juan Felipe Carrasco, “hay que desmontar el mito de que la agricultura industrial es más productiva que la tradicional”. Una dieta que incluya más proteína vegetal La forma de solventar el hambre es, según Greenpeace, “parar inmediatamente la deforestación y los procesos que llevan al cambio climático e implementar políticas verdaderamente de soberanía alimentaria, es decir de acceso de los pueblos a su tierra” . Para mucho grupos ecologistas, la única dieta “que nos puede llevar hacia adelante como civilización y como personas”, es aquella en la que se consuma muchos menos derivados animales y más proteína vegetal. En general, se traga de comer más fresco, y tener en cuenta aquellos alimentos que contengan una mayor carga de minerales y vitaminas, y evitar los productos muy industrializados, que contienen unos valores alimentarios muy bajos. Los grupos ecologistas aconsejan también consumir alimentos locales que no supongan enormes cantidades de combustible para ser transportados de un lugar a otro. También dar prioridad a los alimentos de temporada, para evitar los inverna- deros y otros productores de cambio climático. 1 kilo de carne para consumo humano requiere entre 12 y 15 kilos de alimentos para los animales. 50 por ciento de todos los fertilizantes aplicados a los suelos se dispersa en el aire o acaba en los cursos de agua La deforestación genera impactos sobre los ecosistemas Los países con la agricultura más industrial, en muchas ocasiones, no son los que menos hambre tienen sino todo lo contrario. Es el caso de Argentina, que ha destruido gran parte de sus ecosistemas para producir una agricultura eminentemente industrial y que, sin embargo, mantiene a la mitad de su población con un salario por debajo de los tres dólares diarios y a tres millones de personas al borde la hambruna, según afirma Juan Felipe Carrasco, el portavoz de Greenpeace. No obstante, Argentina es el segundo exportador mundial de alimentos en forma de maíz y de soya transgénicos para que los países ricos puedan seguir produciendo piensos y enormes cantidades de carne, de leche y de huevos. Las condiciones del entorno no sólo influyen en cuestiones como el cambio climático, también inciden gravemente en la fauna y la flora que se encuentra en estos entornos. Al ser arrasados bosques y selvas, además de cambiados sus usos, la flora desaparece y se crea un inconveniente añadido sobre la fauna. En el caso de las especies que tienen posibilidades de migración o de desplazamiento son menores las consecuencias que para las que la única solución optativa es la desaparición. En ese sentido, las implicaciones en el impacto global son también importantes. Otro factor de contaminación es el cultivo ganadero que, al decir de los ecologistas, provocan un enorme efecto invernadero, fundamentalmente porque requiere grandes cantidades de alimentos para los animales. Para producir un kilo de carne para consumo humano son necesarios entre 12 y 15 kilos de alimentos. A la ganadería intensiva se le suministra alimentos concentrados como el maíz y la soya, lo que hace que estos animales emitan ingentes cantidades de metano, que es también un gran emisor de efecto invernadero extremadamente potente.ADRVEG

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