Agro colombiano tiene oportunidad de crecer

Hay que crecer con criterio exportador dentro del marco de las exigencias de un mundo globalizado.

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septiembre 29 de 2011 - 05:09 p.m.
2011-09-29

 

La producción agropecuaria, de acuerdo con las necesidades alimentarias de la población y los requerimientos de la industria en el mundo, representa una gran oportunidad para los agricultores y ganaderos colombianos, lo cual obliga a estar preparados en términos de productividad y competitividad.

Si bien es cierto que la población va a crecer, a diferencia de lo que tradicionalmente nos ha enseñado la Teoría Malthusiana en cuanto a si el crecimiento poblacional fuese superior al de la oferta de alimentos la gente se moriría de hambre, hoy día –por efectos del control de la natalidad y los mayores índices de productividad en el campo– no sucede eso.

Más bien, podemos decir que para el año 2030 la producción de alimentos llegaría a superar el incremento de personas y habría oferta suficiente para atenderlas a todas.

Sin embargo, la distribución del ingreso es otro factor que pesa sobre la inequitativa distribución de los alimentos, pues mientras el mayor poder adquisitivo de los países desarrollados podría garantizar un abastecimiento suficiente y oportuno a todos los niveles sociales, en los subdesarrollados se presentarán situaciones de desnutrición severa y el déficit del comercio de productos agrícolas aumentará fuertemente.

De otro lado, no podemos ser ajenos al cambio climático, el cual puede llegar a afectar los índices de productividad; además de los profundos efectos de los métodos de producción agropecuaria tradicional en el medio ambiente, que deben contrarrestarse mediante prácticas sostenibles.

Se dice que Colombia no tendrá glaciares en el año 2030, lo cual representará el aumento en tres o cuatro grados de la temperatura general del ambiente. Habrá periodos más intensos de lluvias y, en contraposición, habrá veranos muy secos, debiendo prepararnos con la infraestructura adecuada para soportar los fenómenos naturales que se evidencian.

Los anteriores factores, además de otros ligados al transporte y al comportamiento especulativo de los mercados de futuros, hace que los precios de los alimentos básicos también puedan duplicarse a menos que los gobiernos lo impidan.

De ahí que el asunto está en la distribución equitativa de los mismos, lo cual –a criterio de la FAO– requiere de “un mejor acceso a los mercados de la Ocde y la reducción de aranceles, en particular sobre los productos agrícolas elaborados”.

Aumentar la actividad agrícola es un hecho imprescindible y debe ser considerado como el punto central de la estrategia de cualquier gobierno, dado que para cubrir las necesidades de alimentos se requiere invertir en infraestructura de riego, proteger y administrar las fuentes de agua y modernizar la tecnología, semillas mejoradas y bienes de capital que hagan más eficiente la producción.

Entre tanto, hay que canalizar el ahorro privado hacia el campo colombiano, tarea que está por hacerse toda vez que los dineros que vierten al sector rural, en su mayoría, provienen de los recursos del Estado ofrecidos a través de Finagro y el Banco Agrario, mientras que un mercado de derivados y productos y servicios financieros que hagan atractiva la inversión privada puede conducir a obtener recursos de distintas fuentes.

La organización empresarial y la formalización de la oferta a nivel del productor campesino debe ser otro punto prioritario en la búsqueda de oportunidades, como lo es simultáneamente modernizar la comercialización a través del mercado bursátil, de cobertura de riesgos y demás aspectos que conduzcan a brindar mayor seguridad y estabilidad en los mercados.

Por supuesto, modernizar la comercialización es un punto crítico que cuando se corrija permitirá ganar competitividad, tanto con los ajustes a las grandes deficiencias en infraestructura de transporte multimodal, como en la organización de los productores, el manejo poscosecha, almacenamiento, limpieza selección y empaque; así como en la aplicación de las normas sanitarias y de calidad internacionales a las cuales debemos acogernos y acostumbrarnos si queremos disputar mercados en el exterior.

Además, se trata de ofrecer internacionalmente aquello para lo cual se posean ventajas competitivas naturales propias de nuestra condición ecuatorial, que nos permitan ganar clientes con mayor facilidad, tal es el caso de las frutas y demás productos autóctonos que no es factible obtener en otras latitudes.

Hay que crecer con criterio exportador dentro del marco de las exigencias de un mundo globalizado, tanto porque los tratados de libre comercio nos exigirán esfuerzos para conservar nuestros propios mercados, pero adicionalmente nos brindarán oportunidades para conquistar otros nuevos fuera del país.

Carlos Alberto Estefan Upegui

Presidente de la Asociación de Comisionistas de la BMC

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