Aguantar la tormenta

En el transcurso de los días pasados aumentaron las señales que apuntan a una relativa estabilización de los indicadores económicos en diversas economías del mundo. En Japón, por ejemplo, la producción industrial volvió a crecer al cabo de meses de pavorosa caída. A su vez, en Estados Unidos las compras de vivienda subieron, mientras que el consumo interno ha experimentado un leve repunte.

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mayo 06 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-06

También las cosas se ven mejor en los mercados financieros, pues la tasa Libor, que sirve de parámetro para el otorgamiento de créditos internacionales, llegó a estar por debajo del 1 por ciento anual, lo cual fue visto como un descenso significativo en la percepción de riesgo. Dicho factor, por cierto, explica la baja de la tasa de cambio en Colombia, pues el cálculo de los analistas es que en un escenario de mayor flexibilidad, el país tendrá cómo conseguir los fondos externos que necesita. Incluso el menor nivel de alarma sobre el virus AH1N1 ha aminorado las preocupaciones sobre los efectos que una pandemia habría podido tener en ramos como la aviación y el turismo. A raíz de las luces de esperanza, las bolsas de valores han reaccionado positivamente. Desde los mínimos registrados a comienzos de marzo, las principales plazas accionarias del mundo, incluyendo la colombiana, han vivido una racha alcista, con ganancias que superan el 30 por ciento en algunos casos. Incluso el petróleo parece haberse estabilizado por encima de los 50 dólares el barril, ante la creencia de que el consumo global de insumos energéticos podría ganar velocidad en los próximos meses. No obstante, todavía está lejano el día en que se pueda cantar victoria. Así lo dejó en claro Ben Bernanke, el presidente del Banco de la Reserva Federal, quien en una presentación en el Congreso estadounidense habló de lo bueno, pero sobre todo de lo malo. De acuerdo con el funcionario, el tema más preocupante es el laboral, ya que la pérdida neta de empleos supera los cinco millones de personas en Norteamérica. Además, todo indica que las cosas se van a poner peor, en la medida en que los despidos se traducen en menor consumo que a su vez se siente sobre las ventas y se expresa en nuevos recortes a la nómina. Debido a esa circunstancia, la comunidad de negocios ha paralizado infinidad de proyectos de expansión, lo cual contribuye también al círculo vicioso. Hechas tales consideraciones, la expectativa es que la recuperación llegará tan solo en el segundo semestre y estará más vinculada inicialmente a un agotamiento de los inventarios de productos, que obligará a reactivar parcialmente las fábricas, que a un despegue fuerte de la demanda. La confirmación de que el clima seguirá tormentoso es un llamado de atención para las economías emergentes, incluyendo a la colombiana. Por una parte, es claro que las exportaciones se mantendrán de capa caída, tanto por razones de precios bajos como de volúmenes en descenso. Por otra, es previsible que los ingresos por turismo y remesas sigan deprimidos como resultado de la austeridad generalizada y de los menores empleos, que han dejado grandes damnificados en la población que emigró a las naciones más ricas en busca de mejor suerte. Si bien hay más tranquilidad en los mercados de deuda pública, como lo demuestra el precio al alza de los bonos nacionales, también persiste la inquietud sobre la sostenibilidad de la deuda privada. En medio de dicho escenario, el desafío es aguantar la tormenta. En el caso de Colombia, el recorte en la tasa de interés del Banco de la República constituye un alivio para los usuarios del crédito, así las rebajas efectivas sean mucho menores para los préstamos de consumo. No obstante, ante la falta de un buen paquete de estímulo fiscal, es fundamental que los programas de obras públicas anunciados con bombos y platillos pasen del dicho al hecho. Y es que la ejecución de los planes de infraestructura tiene un doble propósito, pues aparte de servir como mitigadores de la crisis, rompen un cuello de botella que le ha impedido al país crecer más rápido en el pasado. Por eso es tan importante que, justo cuando empieza a calentarse el debate electoral y la política remplaza a la economía en las conversaciones cotidianas, no se olvide que la tarea está incompleta y merece ser terminada. ''Es importante que, justo cuando la política remplaza a la economía en las conversaciones cotidianas, no se olvide que la tarea de la reactivación está incompleta y merece ser terminada.WILABR

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