El ‘ajuar’ de los nuevos cardenales

El traje rojo púrpura de cardenal, que preveía sotanas de seda y velos bordados a mano, es ahora menos pomposo, aunque su sugestivo tono rojo sangre para las celebraciones oficiales sigue teniendo un gran valor.

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noviembre 23 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-23

El rojo púrpura, el polvo con el que en el pasado se teñían los trajes de emperadores y reyes, distingue también a la más alta jerarquía de la Iglesia. Este color evoca ante todo la sangre derramada por sus mártires y el compromiso de sus ‘príncipes’ de defender al Papa con su propia sangre. Los 23 nuevos cardenales que serán proclamados mañana por Benedicto XVI tuvieron menos de un mes para mandar a confeccionar sus trajes, cuyo costo oscila entre los 600 y 700 euros sin contar el oneroso valor de los accesorios como los cordones de seda, el pectoral, el solideo de muaré rojo y las sotanas negras para todos los días. Muchas tiendas de Roma se dedican desde hace varias generaciones a elaborar el ‘ajuar’ cardenalicio, que en muchos casos se trata de una donación de amigos y parientes. Además de la birreta roja, que simboliza la función de consejero del Papa, la indumentaria cardenalicia incluye un traje litúrgico blanco. Los nuevos ‘príncipes de la Iglesia’ deben vestir también una capa corta y una sotana roja cubierta por una especie de combinación blanca, corta, ligera y bordada, con cinturón ancho de seda roja. Inclusive para los purpurados extranjeros, los hábitos suelen ser confeccionados por un sastre especializado de Roma, a quien le comunican las medidas. El precio puede alcanzar en total los 3.000 euros, ya que tiene que encargar al menos dos para tener un recambio. El anillo de cardenal también es emblemático, ya que es de oro y en general tiene grabadas las figuras de Pedro y Pablo. Se trata de un regalo personal del Papa y puede ser heredado por la familia del prelado. Será entregado el domingo a los nuevos escogidos. Antiguamente, el cardenal, cuyo título de nobleza es reconocido por las monarquías europeas, tenía que llevar siempre una larga capa negra, la capa magna, la cual fue abolida en los años sesenta. El amplio sombrero de cardenal con pompones dorados también fue eliminado de la indumentaria, así como el sombrero de gala de piel de castor, la capa de armiño, animal en peligro de extinción, y la capa larga púrpura o roja, que se empleaba según la liturgia. Desde inicios de los años setenta, las normas para los hábitos oficiales y ordinarias fueron fijadas y simplificadas, aunque en algunas oportunidades el papa Benedicto XVI, conocido por ser friolento, se ha cubierto la cabeza con el original camauro de raso rojo bordado de piel blanca, el cual jamás fue empleado por su predecesor Juan Pablo II. Afp

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