Alerta sismológica en Latinoamérica

El arrasador sismo de Haití puso en alerta a los países latinoamericanos y del Caribe que se cuentan entre los más expuestos a terremotos en el mundo y también los más vulnerables por sus miles de tugurios construidos alrededor de cerros y ríos.

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enero 23 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-23

El mapa sísmico no deja dudas: una línea roja recorre el continente de sur a norte, bordeando sus costas pacíficas para llegar hasta el Caribe. En su devastador camino se encuentran Santiago, La Paz, Lima, Quito, Bogotá, Caracas y todos los países centroamericanos. Así, desde hace una semana, se han despertado dolorosos recuerdos: el del temblor que mató a cerca de 70.000 personas en el norte de Perú el 31 de mayo de 1970, o el del sismo de la madrugada del 4 de febrero de 1976 en Guatemala, causante de 25.000 muertos y 3,5 millones de damnificados. El 19 de septiembre de 1985, tembló Ciudad de México y murieron unas 10.000 personas según datos oficiales. El continente también tiene su récord mundial del más intenso terremoto jamás registrado: 9,5 grados en la escala de Richter, que se produjo el 22 de mayo de 1960 en Valdivia (Chile) y causó 3.000 muertos. Nada extraño desde un punto de vista geológico: en la región varias placas tectónicas oceánicas se introducen debajo de la corteza continental, que a su vez es atravesada por diversas fallas. Por ejemplo, en el Pacífico, “la placa (oceánica) de Nasca, se introduce hasta 700 kilómetros por debajo de la placa continental”, explica Estella Minaya, directora del Centro Regional de sismología para America del Sur. “En algún momento aumenta su velocidad, y eso genera ruptura y desplazamiento”, agrega. La zona más expuesta actualmente, añade la especialista, “va del sur de Perú al norte de Chile”, por la falta de ocurrencia reciente de un terremoto de gran magnitud: “se va acumulando energía hasta que eso va a estallar”. ¿Qué hacer? Tras el sismo de Haití, causante de al menos 70.000 muertos, surge de nuevo la pregunta sobre el nivel de preparación. En la mayoría de los países, especialistas y funcionarios indican que se organizan con frecuencia simulacros de terremotos, se dispone de estaciones de monitoreo y de normas de edificación antisísmica, pero no son suficientes para proteger a los 586 millones de habitantes de la región, más del 75 por ciento de ellos urbanos. “En Chile, Colombia o Perú, hay reglamentación para que las viviendas soporten ese tipo de terremotos, pero por ejemplo en Bolivia no hay control y la mayor parte de la población está en zonas de vulnerabilidad”, afirma Minaya. También en Bogotá, ciudad con riesgo sísmico intermedio donde viven millones de desplazados en edificaciones artesanales construidas en los andenes, más del 80 por ciento de las viviendas no cumple con normas sísmicas. “En definitiva nadie está moderadamente preparado ante un fenómeno como estos”, señala la subdirectora del Instituto colombiano de geología y minería, María Calvache. Hay quienes se benefician con la tragedia en Haití Puerto Príncipe/AFP. El agua, la gasolina, las tarjetas telefónicas o los taxis registran una inflación récord desde hace una semana en Puerto Príncipe, cuando el sismo fue para algunos la oportunidad de hacer buenos negocios gracias a la escasez reinante y a la presencia de extranjeros. Desde el 12 de enero, cuando la capital haitiana quedó devastada por un violento terremoto, en la ciudad falta lo más elemental. Quien pudo almacenar algunos bienes de primera necesidad, se hizo rico en pocos días. “Tenía varios bidones de gasolina en casa para una fábrica de mi propiedad y los he ido vendiendo poco a poco. A 400 gourdes haitianos el galón. Y no negocio”, afirma Ludovic, mientras el combustible propuesto desaparece en pocos minutos. Antes del sismo, el galón de gasolina costaba 200 gourdes, es decir unos 5 dólares. Con la apertura paulatina de las gasolineras, los vendedores ambulantes desaparecen, pero incluso en los puntos de venta oficiales, el precio ha subido un 20 por ciento. En los puestos ambulantes de venta de agua y refrescos, los precios aumentaron más de 100 por ciento. La bolsita de cuarto litro de agua potable que costaba 1 gourde, ahora vale 3 y el refresco que costaba 10, ahora se paga a 20. Las tarjetas telefónicas, pese al precio marcado, acaban costando el doble, al igual de los cigarrillos y el alcohol. La misma situación se repite en varios hoteles, invadidos por decenas de periodistas de varias partes del mundo, donde ya no se habla en gourdes, sino en dólares. “El martes, las habitaciones costaban 70 dólares, el miércoles 200”, sostuvo la gerente de un hotel de Puerto Príncipe, que prefirió no dar su nombre. HERJOS

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