El algodón, un negocio con mucha fibra

Hace 30 años, a finales de la década de los 70, se registró una bonanza de precios internacionales de los commodities agrícolas, solo superada por la actual coyuntura internacional.

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julio 03 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-03

Fue aquella la época del ‘oro blanco’, la de ciudades capitales algodoneras prósperas como Valledupar, Codazzi, Armero y Cereté, con una amplia clase media creada a partir del negocio de la fibra de algodón y abundancia de recolectores agrícolas, que transitaban de las lomas cafeteras a las sabanas y valles algodoneros. “El cultivo del algodón representó uno de los éxitos más espectaculares de la agricultura colombiana entre 1950 y 1978” según palabras del investigador Jorge García García, quien destaca también el significativo aporte del cultivo al desarrollo de la industria textilera nacional, ya que solamente se podía exportar algodón después de garantizar el abastecimiento nacional, a precios inferiores a los del mercado internacional. Fueron muchos los hechos históricos que contrajeron el negocio algodonero en Colombia a una quinta parte de lo que fue entonces y que lo transformó, de un sector que generaba transferencias importantes del campo a la ciudad, a un sector receptor de subsidios en la actualidad. Se afirma que los subsidios al agro no tienen justificación y benefician a los ricos del campo, que no propician modernización y que no alivian la desigualdad. Los debates sobre la justificación y conveniencia de otorgar subsidios a la agricultura en general o a un subsector en particular, deben reconocer los aportes históricos y estratégicos que esta actividad ha ofrecido al desarrollo del país, y tener muy presente que cuando se toca fondo en los ciclos de precios internacionales es más conveniente extender una mano, que dejar que el mercado elimine a quienes no contaron con suficiente apoyo estatal o con el capital suficiente para esperar la recuperación del ciclo. Revisemos el caso específico del algodón en Colombia como un aporte a este debate. El algodón es un buen ejemplo, para apreciar los impactos negativos que tienen las políticas agrícolas de los países desarrollados sobre los precios y los flujos de comercio internacionales. Diversas fuentes han calculado el impacto del desmonte de los subsidios que otorgan estos países a la fibra de algodón, como un potencial incremento de 20 centavos de dólar por libra de la cotización internacional, debido a que la oferta de estos países sostenida por las ayudas internas, se reduciría drásticamente. El descontento y la protesta contra estas realidades, profundamente inequitativas, se expresó con toda su fuerza en la ronda de negociaciones Doha de la OMC, reunida en el 2003 en Cancún, cuando cuatro países africanos, Chad, Burkina Fasso, Benin y Costa de Marfil, paralizaron este foro exigiendo reparación por los precios artificialmente bajos que obtienen por sus exportaciones de algodón. Brasil, por su parte, en junio del 2004, ganó ante la OMC su demanda contra los subsidios de Estados Unidos al algodón, por los perjuicios que logró demostrar en cuanto a potenciales ingresos y exportaciones en ausencia de dichos subsidios. Colombia, como los países africanos y Brasil, está luchando por permanecer en el mapa algodonero mundial y evitar que la producción de la fibra, como de muchos otros productos agrícolas, sea solamente un privilegio de los países mas ricos del planeta. La nueva Ley Agrícola estadounidense, aprobada el pasado mes de mayo, ha sido fuertemente criticada por el director general de la OMC, por la aprobación de US$290.000 millones para subsidios agrícolas, que representa 1,7 veces el valor del PIB colombiano. De otra parte, la revaluación de los últimos tres años ha erosionado la recuperación de los precios internacionales del algodón, mientras estos precios se han incrementado 35,8 por ciento, el precio doméstico solo lo ha hecho en 17,8 por ciento. A los precios actuales de 75 y 80 centavos de dólar la libra de algodón, se requeriría una tasa de cambio entre $2.300 y $2.500 por dólar, para que no fuera necesaria la actual ayuda que el Gobierno Nacional le otorga al sector a través del Precio Mínimo de Garantía. ¿A quiénes está beneficiando los subsidios del algodón en Colombia? A 4.204 agricultores concentrados en los departamentos de Córdoba, Sucre, Bolívar, Cesar y Tolima, de los cuales la mitad, 2.084, cultivan lotes menores a tres hectáreas (has), principalmente bajo arriendo. Un 32 por ciento adicional, 1.360 algodoneros, acceden a lotes entre 3 y 10 has; y solamente 134 productores tienen lotes mayores a 50 has. Indudablemente, el negocio del algodón es hoy de pequeños agricultores en su mayoría, organizados alrededor de las llamadas ‘agremiaciones’, que actúan como integradoras de los cultivadores y financiadoras del sembrado. Pero adicionalmente, sus beneficios se irradian a una amplia capa de población rural, generando ingresos y oportunidades de empleo intensivo. Por cada agricultor que sembró algodón en el 2008, se beneficiaron 3,9 familias rurales, que contaron con un empleado directo en el negocio algodonero, para un total de 16.600. Los subsidios en este escenario de distorsiones en los precios internacionales y revaluación persistente en el mercado doméstico, han mantenido vivo el negocio algodonero y, han permitido la modernización del cultivo. Los algodoneros han sido líderes en la adopción de semillas transgénicas y en mantener un crecimiento sostenido de rendimientos de campo en la última década. En el 2007/2008, el 45 por ciento del área algodonera se sembró con semillas transgénicas obteniendo beneficios en reducción de costos y en disminución del impacto ambiental dado el menor uso de pesticidas. Al mismo tiempo, se ha modernizado la siembra mediante la adopción generalizada de sembradoras/abonadoras neumáticas de precisión, que ahorran hasta un 40 por ciento el volumen de semilla requerida por hectárea y recolectoras mecánicas en aquellas regiones con escasez crítica de mano de obra. Entre 2000 y 2008, los rendimientos han crecido 65 por ciento a una tasa promedio anual del 5 por ciento, comparable con la de los líderes mundiales. No hay otro producto agrícola en el país que pueda mostrar estos resultados, lo cual confirma que estamos aprovechando los apoyos del Gobierno para innovar y avanzar en los compromisos de competitividad, que adquirimos en el documento Conpes de diciembre del 2005. En efecto, los subsidios al algodón están atados a una política de modernización, que se debe expresar en un aumento sostenido de productividad que propenda por disminuir los costos unitarios de producción. Hemos logrado producir una excelente calidad de fibra, controlando los riesgos de contaminación con materias extrañas que es muy apreciada por los industriales nacionales e hizo posible que nuestro algodón fuera aceptado por los exigentes hilanderos peruanos, para realizar sus mezclas dirigidas a exportar prendas de marcas de alto reconocimiento internacional como Ralph Lauren, Polo, Tommy Hillfiger y Náutica. Desde el 2007, se iniciaron las exportaciones a Perú de algodones de muy alta calidad con primas adicionales a las del mercado interno. Colombia se proyecta al futuro como un productor de algodones finos, que sirvan de materia prima para cadenas nacionales e internacionales, orientadas hacia mercados de prendas de alta calidad y de marcas de diseño reconocidas mundialmente. '' Por cada agricultor que sembró algodón en el 2008, se beneficiaron 3,9 familias rurales, que contaron con un empleado directo en el negocio algodonero.'' Colombia se proyecta al futuro como un productor de algodones finos, que sirvan de materia prima para cadenas nacionales e internacionales, orientadas hacia mercados de prendas de alta calidad. Luz Amparo Fonseca Prada. Presidenta ejecutiva de Conalgodón WILABR

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