Alharaca del aborto

Este fin de semana hubo balances, análisis e informes sobre los dos años de vigencia del fallo de la Corte Constitucional que ‘despenalizó’ el aborto en los casos de violación, inseminación artificial no consentida o grave riesgo para la salud de la mujer.

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mayo 14 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-14

Todo ello estuvo ‘matizado’ por otra decisión de una sala de tutela de la misma Corte, ordenando sanciones para una clínica de Cúcuta que se abstuvo -alegando objeción de conciencia- de practicar el aborto a una joven de trece años, que había sido víctima de abuso sexual. En términos generales, lo que arrojó esta avalancha de análisis fue que los resultados han estado muy debajo de las expectativas. Y en parte tenía que ser así, pues en últimas fue uno de los tantos ‘falsos debates’ mediáticos que se producen en el país, en los que son comunes la falta de información, la emocionalidad y la absoluta falta de sentido crítico. Para la mayoría, lo que la Corte había autorizado era la posibilidad de que frente al número de abortos clandestinos, que producen muertes sobre todo en clínicas de ‘mala muerte’ y en oscuros pasadizos, se practicara la interrupción del embarazo, sin que ello acarreara ninguna sanción penal. Se pensó entonces, que serían miles los casos en los que las mujeres acudirían a hospitales para abortar ‘legalmente’. Hubo como siempre agresiones verbales, artículos encendidos, pronunciamientos de organizaciones defensoras de la vida y de las feministas, y desde luego, uno que otro baculazo y hasta excomunión para los magistrados. Mucha gente pensó que a partir de la decisión, Colombia entraba en la lista de los países que ‘despenalizaban’ el aborto. La alharaca no permitió colocar el asunto en su verdadera dimensión. En el año 2000, el Congreso expidió el Código Penal, a propuesta mía como Fiscal General, que manteniendo la delictuosidad del aborto, estableció que en los tres casos mencionados, se aplicaría una pena infinitamente menor, y que el juez podría, inclusive prescindir de aplicarla. En el fondo, equivalía a establecer que cuando el aborto se producía como consecuencia de violación o de inseminación artificial no consentida, en la práctica no había sanción. La demanda pretendía -y lo logró - que en estos casos la conducta no tuviera el carácter de delito. La frontera era muy tenue. La gran mayoría de abortos clandestinos se produce por razones totalmente distintas como las de carácter económico, presión, ignorancia, inmadurez, o pura y simple voluntad para citar unos cuantos casos. Pero la gente no lo entendió así y por eso se habla de los ‘pobres’ resultados de la jurisprudencia constitucional. Fue lo mismo que pasó en 1974, cuando el entonces candidato Alfonso López Michelsen, planteó el divorcio para el matrimonio civil -que ya lo habíamos tenido en la Constitución radical de 1863-, y la mayoría de las mujeres casadas por el rito católico pensaron que se les abría el camino para la ruptura de pesados lazos matrimoniales. Se habló entonces de ‘engaño’. Es la consecuencia de esa tendencia tan nuestra de estar cambiando la Constitución o la ley, sin que se tenga clara noción sobre la naturaleza o necesidad del cambio. Por eso, en 1991, echamos por la borda 100 años de constitucionalismo. Por la misma razón, después de que con el beneplácito de la nación, la Constituyente prohibió para siempre la reelección presidencial, unos cuantos años después se volvió a permitir, e incluso de manera inmediata -como 100 años atrás- sin que en uno u otro caso se hubiera tratado el tema con seriedad. Y así seguimos con las mal llamadas ‘reformas políticas’. '' La gran mayoría de abortos clandestinos se produce por razones totalmente distintas como las de carácter económico, presión, ignorancia o inmadurez.WILABR

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