Los alimentos y la inflación

Según las encuestas del Banco Mundial sobre Condiciones de Vida, hasta el año pasado la comida se llevaba entre el 50 y el 77 por ciento de los gastos de una familia que vive por debajo de la línea de pobreza (menos de un dólar al día por persona). El porcentaje depende de las circunstancias específicas de cada país. La gente pobre de los países importadores de alimentos está llevando la peor parte. Las recientes alzas de precios implican una ulterior reducción de su consumo de comida.

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mayo 07 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-07

Naturalmente, las agencias de ayuda y cooperación diseñan afanosamente planes de emergencia en decenas de países para prevenir situaciones de hambruna. De hecho, según la ONU, su Programa Mundial de Alimentos logra la supervivencia de 75 millones de personas. En la nueva situación, sus necesidades de recursos crecen sustancialmente. Entre los comentaristas hay quienes siguen creyendo que esta es una coyuntura difícil, pero transitoria; para ellos, la reacción de la oferta ante la carestía debe ser muy rápida, y el mundo regresará a su posición de abundantes inventarios y bajos precios relativos. Para otros observadores, la irrupción de los biocombustibles es el gran culpable de la escasez de alimentos. El caso que más se menciona es el del maíz en Estados Unidos; este año, la producción de etanol absorberá no menos de la cuarta parte de la cosecha de maíz, cuyo volumen ha crecido fuertemente en los últimos años. Estamos hablando, pues, de números muy grandes, con fuerte impacto en el proceso económico. Sigue abierto el debate sobre el impacto ambiental y la eficiencia energética de la producción de biocombustibles, pero no se puede afirmar que el cambio que se ha dado en el uso del maíz gringo sea la causa fundamental de la subida de precios de los alimentos. En los doce meses hasta marzo de 2008, el precio del maíz subió un notable 50 por ciento, pero el arroz, el trigo y otros productos básicos sufrieron alzas muy superiores. Ciertamente, el clima no ha sido benigno con la agricultura en varios países productores importantes. Pero el colapso de los inventarios de cereales tiene origen principalmente en el aumento del consumo directo y de su uso como insumos para la producción de alimentos para animales. Según cifras de la FAO, la mitad de la oferta mundial de granos se convierte en alimentos procesados de uso animal. Ahora bien, en los últimos veinticinco años el consumo per cápita anual de carne de res en China pasó de 20 a 50 kilogramos. Todas las proyecciones señalan que este indicador continuará creciendo y presionando la demanda de cereales: la producción de una libra de carne de res absorbe nueve libras de granos. Por su parte, una libra de carne de pollo necesita el insumo de dos libras de cereales. El caso chino es descollante, pero no es el único. Se vive, pues, un ambiente de altos precios de alimentos, combustibles, energía en general y fertilizantes. La preocupación de los banqueros centrales es precisar si dicho ambiente puede conducir a una dinámica generalizada de los índices de precios al consumidor. Este interrogante no tiene aún respuesta en esta nueva era. Los bancos centrales insistirán en que las presiones inflacionarias de corto plazo pueden ignorarse, mientras se mantenga la credibilidad en las autoridades monetarias y no se disparen las expectativas inflacionarias. Se puede esperar que en muchos países haya fuerte presión social por el alza compensatoria de los salarios nominales. Cuando ello ocurra, las expectativas podrían dar un giro muy importante, y los bancos centrales tendrían que aceptar un piso más alto de sus metas de precios, o luchar a brazo partido por su credibilidad, aún a costa de una recesión económica. Ese sería el peor de todos los mundos.'' Se vive un ambiente de altos precios de alimentos, combustibles, energía en general y fertilizantes.WILABR

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