Los ‘alumnos’ criollos de Freud

Si ir al sicólogo es visto con cierta rareza -situación que afortunadamente ya se va superando- ir al sicoanalista se considera algo estrambótico, exótico, extravagante.

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mayo 06 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-06

Tanto se ha comentado, criticado, revisado, revaluado, ampliado y demás a Freud y su teoría sicoanalítica que ya se ha caído, en el común de la gente, en el otro extremo: la ignorancia total sobre el tema. Simplemente se le mira con recelo. Pero algo debe tener para que las teorías de este judío vienés sigan utilizándose, porque es un hecho: todavía se forman sicoanalistas y hay quienes asisten a sus consultorios. ¿Por qué ir al sicoanalista? Un símil podría explicarlo. Si a alguien le duele la cabeza, se toma una aspirina, porque aprendió que esa pastilla alivia el dolor. Pero resulta que el dolor se hace más frecuente y fuerte, por lo que decide ir al médico, que le da un tratamiento más eficaz, según los síntomas. El nuevo tratamiento la alivió por un tiempo, pero el dolor volvió a aparecer, más intenso y generando un malestar general mayor. Esta persona decide visitar a un especialista, para que encuentre las causas del dolor. El galeno hace preguntas, exámenes y revisa la historia familiar para hayar los antecedentes del malestar y sanarlo. La primera situación es cuando uno sólo trata de solucionar inmediatamente el problema. La segunda, es como ir al sicólogo, y la tercera es como ir a sicoanalista. La diferencia es que en el sicoanálisis, la mayor parte del trabajo la hace el paciente, con la guía del doctor. LA PREPARACIÓN Así como se quiere tener al mejor especialista en cabeza o en dolor para superar ese problema (imposible no mirar cuántos y de dónde son los diplomas que cuelgan en la pared, los años de experiencia y lo mucho que lo recomiendan), una persona que decide ir a sicoanalista hace lo mismo. Pero poco se sabe dónde y quiénes preparan a los sucesores de Freud. Médicos y sicólogos titulados son quienes aspiran a seguirlo. Y para poderlo hacer es necesario, como lo hizo el maestro, sicoanalizarse. Sí, los sicoanalistas han estado en el diván, y no en el de su consultorio para dormir la siesta, sino en el de un colega. Dos años antes de entrar a la formación académica deben iniciar este proceso, que continúa durante los cuatro años siguientes, que dura la especialización. Ésta la pueden hacer en la Sociedad Colombiana de Sicoanálisis, en la Asociación Sicoanalítica Colombiana o en el Grupo Sicoanalítico Freudiano, todas en Bogotá. Estas organizaciones están avaladas por la International Psychoanalytical Association. Diariamente asisten a seminarios de dos horas para revisar las teorías sicoanalíticas de Freud, de Winicott, de Klein, de Lacan, etc., y aprender la técnica. Además, con otro sicoanalista hacen supervisiones de casos que estén llevando en su consultorio para ver cómo están manejando a los pacientes. Así se han formado los cerca de 150 sicoanalistas que se cree hay en el país. Cada año, unas cinco personas en promedio aspiran a aplicar las teorías de Freud y sus sucesores en sus propios consultorios. Existen otras corrientes, como la lacaniana, con mayor presencia en Medellín y otro tipo de preparación. También se pueden estudiar en el exterior. ¿Y todo este proceso para qué? Para que, primero, se conozcan a sí mismos, y segundo, para que puedan acoger a sus pacientes. Entonces, ¿a qué se va al sicoanalista?. “A volverme mejor ser humano, más tolerante, más reflexivo, más emotivo, más empático con el otro porque entiendo sus sentimientos y los míos. Porque quiero que alguien me ayude a modificar mi estructura mental y la forma en que uso mecanismos para evadir el dolor de la mente”, dice la doctora Cecilia Muñoz. “Las personas temen conocerse a sí mismas, pero es necesario para poder manejar sus propios problemas y así disfrutar de la vida”, agrega Álvaro Méndez, presidente de la Asociación Colombiana de Sicoanálisis. Ilustración Miguyein LOS PIONEROS NACIONALES FUNDADORES. El doctor Arturo Lizarazo fue el primer psicoanalista que llegó a Colombia en el año 1948, y al dar comienzo a su ejercicio profesional inició esta actividad científica en el país. En 1956, junto con los doctores José Francisco Socorrás, Alfonso Martínez Rueda, Gustavo Ángel Villegas, Tufik Meluk y Herman Saavedra Bayer, fundó el Grupo de Estudios Psicoanalíticos de Colombia, el cual fue reconocido por la Asociación Psicoanalítica Internacional. Cinco años más tarde, el Grupo se convirtió en la Sociedad Colombiana de Psicoanálisis. Luego se dividen y surge la Asociación Colombiana de Sicoanálisis. Las dos aún existen. Me acuesto en el diván y hablo Luis Gabriel Consultor, 45 años “Decidí ir al sicoanalista al ver los efectos positivos que había surtido en miembros de mi familia y para mejorar aspectos de mi vida que no he podido cambiar como el manejo del dinero y el no alcanzar las metas que me propongo. Uno habla de algo que le ha pasado o que le inquieta. Él a veces interviene y propone una idea, que se acepta o no, pero se habla y puede ayudar a ver desde otro lado las cosas o caer en la cuenta de aspectos que uno no había visto. Uno tiene la posibilidad de desahogarse, de llevar los problemas o conflictos que está viviendo, pero también verlos en retrospectiva y así ir entendiendo lo que lo formó a uno y lo que recibió del ambiente para comportarse así. He podido manejar mejor la ansiedad, ha bajado el nivel de autoexigencia .” Nicolás Estudiante, 12 años Cuando Nicolás tenía 6 años, su mamá lo llevó al sicoanalista para ayudarle a superar su timidez. “Todo me daba pena, era muy inseguro. La doctora me preguntaba qué quería hacer y yo me inventaba un juego. No me acuerdo de qué hablábamos mientras tanto. Sentí el cambio. Antes mis amigos me la montaban y yo no me defendía. Ahora no me dejo, soy más seguro.” María José Trabaja en mercadeo, 38 años “Cuando a uno le duele el estómago va al doctor, si le duele el alma va al sicoanalista para que le ayude a entenderse. Uno tiene las respuestas pero necesita de alguien que se las reciba y que se las devuelva sin juzgar. Uno logra entender porque ese comportamiento y así es mas fácil manejarlo, cambiarlo o convivir con él”. Es verdad o mentira lo que dicen de... Freud reduce todo a la sexualidad. Sí y no. Es la sexualidad entendida como necesidades que vienen biológicamente determinadas (hambre, sueño, sexualidad, orinar-defecar, etc.) y que impulsan al ser humano a buscar un objeto o situación que las satisfaga. El hambre, por ejemplo, se relaciona con el pecho de la madre que fue lo primero que nos alimentó y que dio algo rico. Las primeras experiencias con el mundo están regidas por el cuerpo y sus necesidades y de allí se desarrollan las relaciones afectivas (positivas o negativas, frustrantes o no) que afectan la mente. Todo se remonta a lo que me pasó de niño. Definitivamente sí. La estructuración de un ser humano se inicia en la primera infancia y los adultos son el resultado de su niñez. Toda la culpa es de la mamá. En parte, porque las experiencias que se tienen con la mamá, marcan. Pero también con la familia y con el mundo interno del niño. Es ir a hablar solo. Gran parte del trabajo lo hace el paciente. El terapeuta interviene cuando ha entendido algo y considera que es útil comentárselo al paciente para que se dé cuenta de un comportamiento. Hay que acostarse en un diván (o sofá). Es lo deseable pero no es imprescindible. La posición sí favorece un mayor contacto consigo mismo porque no permite el movimiento, ni el contacto visual ni gestual con el terapeuta. Es un proceso largo. Depende del trabajo que realice cada paciente. Corregir perturbaciones que llevan años repitiéndose requiere de tiempo. Se asiste entre dos y cuatro veces a la semana. Es una experiencia nueva, que por momentos puede ser dolorosa, pero que da mucha satisfacción por el proceso de reflexión que se ha hecho y que da estructura para toda la vida. Con la colaboración de los doctores Cecilia Muñoz y Ricardo Yamín, presidente de la Sociedad Colombiana de Sicoanálisis.

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