La amante del capitalismo

Veintiocho años después de su muerte, Ayn Rand no ha dejado de suscitar polémica. La causa intelectual de esta escritora, crítica del colectivismo y la intromisión del Gobierno en las decisiones personales, siguen hipnotizando lectores en Estados Unidos. En los últimos dos años la venta de sus novelas, en las que destroza meticulosamente el paternalismo de Estado y defiende el individualismo como motor de la sociedad, ha superado el millón de copias.

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marzo 04 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-04

Tras su llegada a territorio estadounidense en 1925, luego de huir del régimen instaurado por la revolución rusa de 1917, Rand se convirtió poco a poco en una pensadora que asumió como propósito central, la configuración de una controversial corriente filosófica denominada ‘objetivismo’. Con ella se dedicó a promover que el ser humano debe tener como motivación prioritaria alcanzar la felicidad, teniendo al capitalismo como sistema moral. Según ella, es este sistema y no otro, en el que se “…demanda lo mejor de cada persona y se premia la racionalidad, ejerciendo pleno uso de la libertad”. Basado en esas premisas centrales, el objetivismo rechaza la ética del altruismo, según la cual los individuos deben estar dispuestos a sacrificar el interés particular en función de los beneficios colectivos. Considera que las personas libres deben asumir una ética basada en la integridad, la racionalidad y el deseo de mejorar continuamente en procura del éxito. Quizás por eso, los héroes de Rand siempre fueron los empresarios y creadores, a quienes reconoció como verdaderos agentes de cambio, mientras que sus villanos fueron los gobernantes que se dedican a imponer su criterio sobre la sociedad, utilizándola como laboratorio experimental, mediante la autoridad y el monopolio de las armas. Esto último se ve reflejado en una frase de su obra Para el nuevo intelectual, en la que señala que “ninguna sociedad racional, es posible entre hombres que sustituyan la persuasión racional por la intimidación de las armas”. El influjo del objetivismo también ha tenido repercusiones políticas. Para Rand el Gobierno debe emplear toda su capacidad en proteger los derechos individuales, garantizando la vida, honra y bienes de los ciudadanos. De igual manera, marginándose de caer en los estereotipos de izquierda o derecha, y tal vez sintonizándose con los ideales libertarios, los objetivistas han sido opositores del servicio militar obligatorio, promotores de la separación de la Iglesia y el Estado, defensores del derecho al aborto y el matrimonio entre parejas del mismo sexo y críticos de la regulación ambiental y científica cuando ésta limita la innovación tecnológica. Con ocasión a la crisis financiera internacional de los últimos años, las críticas sobre los objetivistas volvieron a resplandecer. Alan Greenspan, quien fue un activo militante de esta corriente ha sido cuestionado por haberse negado a intervenir durante la expansión de la burbuja inmobiliaria en defensa de la autorregulación del mercado. Del mismo modo, los banqueros de Wall Street, íconos del individualismo y simpatizantes de los postulados no intervencionistas de Rand, han originado una terrible hecatombe económica con ruinosas consecuencias sociales. Heroína o villana Ayn Rand ha dejado plasmada una obra que en novelas como El manantial y la Rebelión de Atlas, desarrolló una ideología polémica que hoy inspira a los críticos de Barack Obama, confirmando que el debate entre el Estado y el mercado seguirá más vivo que nunca en la meca del capitalismo. ivanduquemarquez@gmail.com *Consejero principal por Colombia y Perú ante el BID " Para Rand el Gobierno debe emplear toda su capacidad en proteger los derechos individuales, garantizando la vida, honra y bienes de los ciudadanos".ADRVEG