América Latina asume el desafío

América Latina asume el desafío

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noviembre 12 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-12

Este año marcó un hito en la historia de América Latina. Pese a las catástrofes naturales acaecidas en varios países, la región está pasando por el período más largo de crecimiento económico desde la década de los setenta. En los últimos cinco años se crearon más de 25 millones de nuevos empleos y 16 millones de personas salieron de la pobreza, en parte con el apoyo de programas de asistencia social focalizada. La actual expansión se ha caracterizado por los cuantiosos superávit en cuenta corriente y por un fortalecimiento de los fundamentos económicos, hechos que revisten una enorme importancia y que contrastan claramente con los de episodios previos de expansión. La experiencia de Colombia durante los últimos años ha seguido este patrón. El crecimiento económico en el 2006 anduvo cerca del 7 por ciento, el más alto desde fines de la década de 1970. En los últimos tres años, el crecimiento ha sido superior al promedio de América Latina, impulsado por buenas políticas macroeconómicas y por reformas estructurales. Este fuerte crecimiento ha resultado en una disminución sustancial del desempleo. Ha sido así mismo notable la capacidad de resistencia de la región ante la turbulencia de los mercados financieros que ha afectado al mundo desde agosto. Se notó cierta volatilidad cuando la aversión al riesgo llegaba a su punto máximo y los fondos buscaban refugio en los títulos del Tesoro de Estados Unidos, pero la región en general resistió este choque externo sin sobresaltos. La exposición a la crisis de las hipotecas de alto riesgo de Estados Unidos -y a los correspondientes títulos valores respaldados por activos- ha sido mínima en la región, y en muchos países, incluyendo Colombia, los cambios transitorios en los flujos de capital fueron absorbidos por regímenes cambiarios flexibles. La capacidad de resistencia de la región también es resultado de mejoras en los balances del sector público, gracias a las cuales los países son ahora mucho menos susceptibles a las fluctuaciones de las tasas de interés y de los tipos de cambio que hace 10 años. Claro que esto no significa que ahora América Latina sea inmune al contagio. Según las investigaciones recientes presentadas en la última edición de Perspectivas económicas: Las Américas, la región sigue siendo muy sensible a una de-saceleración brusca a escala mundial, a una mayor contracción de los mercados de crédito o a un empeoramiento de los términos de intercambio. Algunos de estos riesgos se han agudizado debido a la de-saceleración en Estados Unidos y a la volatilidad observada en los mercados financieros mundiales. Para resistir dichos riesgos y mantener encarrilada la actual expansión, sería útil consolidar y ampliar las recientes mejoras macroeconómicas. La política fiscal es un primer ámbito donde cabe actuar. El año pasado el aumento de los ingresos llevó a que los saldos fiscales de la región registraran superávit primarios sin precedentes. Sin embargo, el gasto público ahora está creciendo a un ritmo bastante acelerado en gran parte de la región y los balances fiscales se deteriorarán si esa tendencia continúa. En vista de que los niveles de deuda de la región aún son abultados, las autoridades tienen que ir en busca de un equilibrio importante: garantizar sobre todo que el gasto siga focalizado en las necesidades sociales y de infraestructura, y al mismo tiempo avanzar más en la tarea de reducir el endeudamiento público a niveles más seguros. Asi mismo, preservar una situación fiscal sólida es importante para adaptarse mejor a los flujos de capital y para apoyar a la política monetaria en el esfuerzo de contener las presiones inflacionarias. Otro ámbito clave es la política financiera. En el último año el crédito de los bancos al sector privado en toda América Latina aumentó con rapidez y alcanzó una tasa media de crecimiento de casi 40 por ciento. Teniendo en cuenta los niveles relativamente bajos de intermediación en la región y la mejora de los parámetros económicos fundamentales, este aumento no debe interpretarse necesariamente como una señal de alerta. No obstante, los acontecimientos recientes en los mercados financieros mundiales constituyen un recordatorio importante de la peligrosa tendencia de algunas instituciones a relajar las normas de crédito en favor de una rápida expansión. Por lo tanto, el clima actual resalta aún más la importancia de que las instituciones financieras estén sujetas a un marco regulatorio efectivo y a una supervisión diligente, aprovechando los notables avances que ya se han logrado en estos ámbitos. La política monetaria y cambiaria es el tercer ámbito crítico. La consolidación de los marcos de política monetaria ha sido uno de los grandes logros de los últimos años en gran parte de América Latina. Dichos marcos han demostrado ser ágiles y flexibles a la hora de adaptarse a las fluctuantes condiciones externas e internas. Pero también es evidente que la inflación está subiendo gradualmente en muchos países. Esto se debe en cierta medida a factores del lado de la oferta, como el alza mundial de los precios de los alimentos básicos y los combustibles, pero también es sintomático de un entorno de crecimiento vigoroso de la demanda agregada. Aunque hay que vigilar de cerca estas tendencias inflacionistas, confiamos en que la política monetaria, con un respaldo adecuado de la política fiscal, estará alerta ante la situación y centrada en el objetivo de mantener la inflación en niveles bajos. En este contexto, varios países de América Latina han experimentado la apreciación de sus monedas. Esto se explica en parte por el debilitamiento del dólar de Estados Unidos, pero también cabría decir que el fenómeno denota la positiva evolución económica, reflejada tanto en las buenas políticas como en sus resultados. Este ha sido ciertamente el caso de Colombia. El fortalecimiento de una moneda sin duda puede acarrear ciertos costos de transición, que deben ser reconocidos y mitigados. Pero también subraya la importancia de avanzar en muchos otros frentes -como la tributación y el clima regulatorio y empresarial- con el fin de elevar la productividad y la inversión para garantizar que las economías de la región sigan siendo competitivas a escala mundial. Me parece que el interés debería centrarse en este tema, en lugar de focalizarse en las oscilaciones de los tipos de cambio nominales. En resumen, la evolución de la región ha sido positiva, y la reciente prueba de mercado a la que se han sometido los marcos de política económica ha demostrado que América Latina goza de mucha más resistencia que en el pasado. El crecimiento mundial sigue siendo relativamente vigoroso, los precios de los productos básicos se encuentran en niveles altos y los flujos financieros -pese a su reciente volatilidad- están contribuyendo fuertemente a esa evolución favorable. Es muy probable que las condiciones mundiales no siempre sean tan propicias, y ahora es el momento para dedicar esfuerzos a detectar y abordar las fuentes restantes de vulnerabilidad. Al mismo tiempo, los países no deben descuidar la tarea básica de fomentar el crecimiento con medidas que estimulen la inversión y la productividad. Estos esfuerzos ayudarán a intensificar la batalla contra la pobreza y la desigualdad social en la región. El Fondo Monetario Internacional sigue muy involucrado en esta tarea, y a tal fin proporciona asesoramiento en materia de políticas y asistencia técnica relacionado con todos estos temas. En el último año el crédito de los bancos al sector privado en toda América Latina aumentó con rapidez y alcanzó una tasa media de crecimiento de casi 40 por ciento”.

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